Material exclusivo para utilizar en el baño

lunes, 30 de junio de 2014

Bajo el Sol de junio



"Nunca el amor fue tan fácil, profundo, como respirar" 
Georgina Hassan


Me recosté sobre la reposera en medio del jardín, frente al Sol que la tardecita de domingo adormecía tibiamente sobre mi cara. La humedad que se acumulaba  alrededor de mis pupilas comenzó a sentir la agitación provocada por la luz y el incremento de la temperatura. Poco a poco las moléculas de agua vencían el equilibrio entre las fuerzas que las ataban a mi piel y las que les proponían libertad en el aire circundante, evaporándose.
Entonces la sal condimentó mi rostro, sazonando el alma.
Y es qué, luego de una emoción tan intensa; luego de la fiesta que fue para mí haber presentado públicamente Septimizados, uno debe aquietar el estanque, saborear el corazón untado de alegría, inmensa, profunda y agradecida.

Las últimas semanas fueron caóticas, entre el trabajo y la vida, organizar la presentación de un libro, no resulta para nada algo sencillo. Terminar de compaginar los audios con las imágenes elegidas, repasar las lecturas, rearmar una y otra vez el programa, destrabar malos entendidos, ponerme en contacto una y otra vez con los actores responsables, y derivar, sobre todo eso, desligarme de otro montón de tareas, no por irresponsable, más bien por todo lo contrario. Yo no hubiera sabido qué hacer con el sushi por ejemplo, ni con qué dedos tomar los palillos –quizá sí dónde ubicarlos, pero eso es tema de otra discusión-. Tampoco hubiera podido calcular la medida exacta de verduras y condimentos para preparar las tartas y empanadas.  Y tantas otras cosas para las qué, la vida se encarga de arrimarte seres tan necesarios como los que forman la gran familia, la que te toca y la que uno elige -y que te elige, ese contrato invisible como los átomos que está tatuado en el alma-: Claudio, los amigos y los pequeños e imprescindibles peludos patitas de terciopelo, Justina y Aquiles. Los seres que están cerca y los que están lejos, esos con los qué formamos vínculos quizá más estrechos y que demuestran cabalmente que el amor no es cuestión de vecindad, más bien de un puente por el que éste circula libremente.  
Y sí, es sabido que más allá de lo pensado y lo plasmado, de lo ensayado y lo previsto, surge lo imprevisto. Un micrófono que encendido acoplaba y apagado era un estorbo entre mi voz y el público precioso que alegremente se acercó al evento, real y en pensamiento. Ajustes de último momento que le pegaron una buena gambeta al dueño de la sala, obligándolo a armar y desarmar el plan de acción un par de veces. Mis clásicos despistes  y  una videocámara que, desafortunadamente no quiso encenderse.
Lo grato permanecerá y será lo que la memoria evoque, o algo así me dijo Sandra, la ilustradora y copiloto. Y así será, así es hoy, en esta tarde aquietada y serena de invierno, lejos de las luces y el sonido estridente de la música durante la festichola posterior. Rememoro y vuelvo a disfrutar el hermoso momento que pasamos, que construimos y que,  bajo las órdenes de un arquitecto corazón, jamás de los jamases admitirá quejas, pues lo perfecto no existe, y los papelones son mi carta de presentación a la cual hace algún tiempo, dejé de temerles.
Y qué bien se siente. Y cómo se disfruta.
Gracias a todos  por tanto cariño (ahora entiendo el por qué de mis kilos de más) Un brindis y mi mejor dedicatoria para todos: LOS QUIERO. 


Fotografías: V.E.C. (Verónica Edith Córdoba, Verito para los amigos)

lunes, 2 de junio de 2014

Cuento con voz



Aprendemos a hablar desde pequeños. Quién más, quién menos, todos hablamos, todos contamos alguna que otra historia o anécdota personal, todos cuchicheamos o nos introducimos  a veces bajo las sábanas del chusmerío, disfrutando de la orgía entre las lenguas ¡Y qué placer sentimos! 
Quien no puede con la lengua, lo hace con las manos, o con el cuerpo. Todo el cuerpo es un mapa, y sus cartas de navegación dicen mucho más que todas las palabras que podrían acompañar el crucero de la vida, con sus avistajes y naufragios. 
Pero si bien todos lo hacemos, no todos poseemos el arte de narrar. 
La narración oral se aprende, hay escuelas que enseñan sus técnicas. Incluso está en debate actualmente el hecho de si se trata o no de un arte escénica. Yo me animo a responder que más allá de eso, la narración oral es un don, y quien lo cultiva, todo un artista, con o sin escenario.
Rodeados de estantes repletos de libros, en el interior de un edificio que alberga a la tradicional y popular biblioteca Rivadavia de la ciudad de Bahía Blanca, el viernes 30 de Mayo tuve el inmenso placer de asistir a un evento de narración oral, en donde, entre diversos narradores, Laura Faineraij puso su arte a disposición de uno de los relatos de Septimizados. 
La emoción que se siente es indescriptible, por ende, sólo me animo a dejarles por acá el enlace para que puedan escuchar la historia. 
Espero les guste tanto como a mí. Y desde ya, un inmenso gracias a Laura. :)

Hacer clic aquí para escuchar.


(Cuento Con Voz, es un encuentro de Narración Oral que se lleva a cabo el último viernes de cada mes en Biblioteca Rivadavia de Bahía Blanca)

sábado, 24 de mayo de 2014

Ascendio


Recuerdo la primera vez que entré en un laberinto. Fue en Córdoba, en la zona más alta del Valle de Punilla. Allí, recostado sobre los declives occidentales de las Sierras Chicas se encuentra la localidad serrana de Los Cocos, denominada así por la presencia de cocoteros –a los que nunca presté atención, pero intuyo que deben estar ahí- y los árboles de molle –Wikipedia dixit-. Andando por un camino sinuoso, se llega hasta una calle plagada de puestos y casas de artesanos; marco ideal para dar la bienvenida a un parque llamado El Descanso, donde, entre jardines andaluces y esculturas greco-romanas uno se encuentra de repente a la entrada de un laberinto hecho íntegramente de ligustros.
Quienes de eso entienden, aseguran que se trata de una réplica mitológica; aquel que alguna vez hizo construir el Rey Minos, en Creta, para encerrar al Minotauro. Claro que yo lo conocí de muy chico, y nunca había escuchado hablar de ese tipo de criaturas. Hasta la fecha, sólo conocía al hombre de la bolsa, la vieja sin dientes y la bruja del 71. Por ende, para mí era simplemente un jardín con pasadizos, donde había que entrar y  perderse por un rato, para tratar de salir en el menor tiempo posible... Bueno, sobre todo salir, lo del tiempo en un laberinto es relativo y no vamos a entrar a discutirle a don Albert sobre eso.
Cuando me encontré de pié frente a la entrada, los ligustros se transformaron en murallas vivas que me sacaban como cuatro cabezas -tal vez a Mario le ocurrió algo similar cuando era pibe y por eso le puso “4 cabezas” a la productora de televisión-  y si bien no estaba solo, ya que mis hermanos iban conmigo, tenerlos cerca no era un alivio; ninguno conocía la forma de salir de allí.
Nos avocamos a la serendipia de descubrirlo cuando llegados a una cierta bifurcación tripartita, cada uno optó por una y a la cuenta de tres emprendimos la marcha con la intención de llegar primeros al centro, que se eleva en forma de glorieta, a la que sólo podía distinguirle la punta. A partir de ese momento, todo se tornó mucho más vertiginoso, y por momentos desesperante, sobre todo cuando luego de estar dando vueltas sin llegar a ningún lado, chocándome ramas y personas, el cartel que indicaba llegada no era más que un punto luminoso perdido en medio del embrollo arbóreo. En cierto momento de descompresión visceral, sentí transformarme en molécula de agua, que luego de haber estado quince minutos encerrada en un caldero chorreante, me hacia burbuja –así como Baldomero se hace bolita frente a los envistes de Trifonia- para evaporarme, disiparme en el aire y fluir libremente; huir del agobio y la claustrofobia a la que me sometían esas ramas y hojas que por momentos parecían carceleros que me negaban el paso, imposibilitándome escapar, intentando con todas sus vallas atraparme para formar parte del atractivo decorado del paisaje. En eso estaba cuando la tapa me condensó y volví a gotear en clavado hacia el interior del recipiente –sólo voy a revelar que antes de volver a caer vi una nariz con prominentes granos rojos de pus, más algunos pelos gruesos y negros que sobresalían de dos inmensas narinas- El calor era insoportable. Por momentos subía, de a ratos bajaba, hasta que logré adherirme a algo que tenía forma de hueso –me resistí a saber si era o no humano, no insistan- y al hacerlo,  ese otro portal se abrió ante mí. Me encontraba nuevamente en mi forma inicial, en plena crisis de nervios y llanto, cuando sentí las voces de un montón de gente que junto a mi papá, mi mamá y mis hermanos me gritaban “por ahí, fijate, ahí, donde asoma esa rama torcida” -¿cuál de todas?- “doblá a la izquierda, siempre a la izquierda, ¡¡¡nooooo!!!  ¡Esa es la derecha boludo!, para el otro lado” y así, entre el mareo y la náusea, logré con ayuda –o sin ella- escapar de las garras del ahora conocido Minotauro, del señor Tenebroso, del Fauno, de Jorge de Burgos, o del mismísimo Richard Madden, entre otros, para observar desde lo alto cómo esas otras personas se desesperaban subiendo y bajando por diversos pasadizos.  Un momento sin lugar a dudas disfrutable, hasta perverso diría yo, en el que gocé un buen rato, hasta que me invadió la pena y decidí sumarme al coro de voces que, cual hilo de Ariadna, ayudaba a los cientos de Teseos en pos de su liberación inemdiata.  
Prometí volver, y así lo hice. Esta vez metido en un cuerpo que había crecido cuatro cabezas, lo que me permitió sortearlo de un modo más simple y rápido. De chico se observa el mundo con ojos de gigante y de grande, la miopía y el astigmatismo provocan disminución visual y desencanto. Ya no sobrevino la angustia y la asfixia que engendraba adrenalina; tampoco se presentó la posibilidad de abrir ese o esos otros portales que me permitieron habitar otros mundos, todos al mismo tiempo.
Pero gracias al virtuosismo de algunos pocos seres humanos que con arte y picardía nos invitan a revivir, o incluso imaginar momentos, situaciones, mundos y universos, encontré la llave para abrir el sector IVA de mi cerebro –Acontecimientos en Vacaciones Infantiles, de impuesto a las ganancias ya estoy podrido- Fue en el momento exacto en el que Harry y Cedric, ayudándose mutuamente, avanzaron hasta alcanzar la copa luego de haber sorteado los obstáculos del laberinto; la tercer y última prueba del torneo de los tres magos. Al llegar, ambos la tocaron al mismo tiempo e inmediatamente fueron conducidos a través del traslador  hasta un viejo cementerio donde se enfrentaron violentamente con un renovado Lord Voldemort.
Al terminar de leer El cáliz de fuego, la cuarta entrega de la saga de Harry Potter, la escena mencionada con anterioridad me derivó en simultáneo hasta “El jardín de los senderos que se bifurcan” de un tal Borges, demasiado distante de la obra creada por J. K. Rowling en espacio, y aunque la historia y los literatos me juzguen, no en tiempo.
Sí, posiblemente algunos me lapidarán por haber asociado la literatura en esa forma, por haber hilvanado ficciones de semejante –y aparente- discrepancia, pero sin duda, quiénes hayan leído ambas historias, no podrán negar ciertas similitudes, no digo estructurales, más bien de sentido, como aquel que une al átomo con el Universo.
Si aceptamos la idea de que los átomos son los constituyentes de todo el universo observable, y del que no alcanzamos a observar, podríamos comenzar a vislumbrar que siempre hay uno o varios puntos de contacto entre lo que creemos, lo que subjetivamente pensamos y lo que la naturaleza desea expresar cuando, a partir del caleidoscopio cultural y social, acciona la perilla y enciende el foquito de nuestras ideas.
Creo que lo que acerca a la escena mencionada con el relato borgiano, no es simplemente la aparición del laberinto, ya de por sí atrapante y bastante generalizada en la literatura, más bien, es la de transformar ese espacio en una convergencia de tiempos que trascienden el reloj y van aconteciendo en simultaneo, provocando la diversificación de vivencias y emociones de manera perfectamente sincrónica, como aquellas que experimenté de pibe, en aquel pequeño poblado cordobés enmarcado entre sierras, misticismo y encanto.
Pero de eso ya han hablado otros, muchos, y lo han explicado de manera encantadora, de modo que yo me planto acá, y les propongo un juego: El linklaberinto. Consiste en abrir uno de los enlaces ubicados más abajo, al azar, entrar por ese mundo y los que de ellos se deriven, regresar y volver a encontrarnos en los comentarios de este post para buscar juntos la salida ¿se animan?.

1. http://entretextosborges.blogspot.com.ar/2010/03/limites_07.html

2. http://www.youtube.com/watch?v=tR8QgrUyHqI

3. http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v1n1/crit_06.htm

4. http://www.literatura.us/borges/jardin.html

5. http://bloghogwarts.com/2008/08/01/serie-de-harry-potter-la-tercera-prueba/

6. http://vimeo.com/88105696

7. http://editorialorsai.com/revista/post/n3_harry_potter

8. http://viajarleyendo451.blogspot.com.ar/2013/03/el-laberinto-como-tema-en-la-literatura.html

9. https://www.youtube.com/watch?v=eIjC0L9TvEs

10. https://www.youtube.com/watch?v=AIBZQEAO1-U&list=PLE3AC44190ECCDD64

11. http://www.labolab.net/laberintos-en-el-arte/

12. http://www.labolab.net/mitologia/el-laberinto-de-creta/

13. http://www.taringa.net/posts/imagenes/14200882/Laberinto-de-Los-Cocos-y-el-enigmatico-Paseo-El-Descanso.html





Nota: Si nadie regresa, interpretaré que encontraron la eternidad… RIP.

sábado, 3 de mayo de 2014

De esas noches con encanto


Ayer por la noche, mientras apagaba las luces de la biblioteca, la suave melodía de un piano me hizo estremecer de emoción. Era extraño porque todos los parlantes de la casa estaban silenciados. Guiado por la curiosidad, me dirigí hasta la computadora que aún seguía encendida, para buscar entre esas páginas que se abren y comienzan a sonar, el origen de la música. De todas maneras, lo que escuchaba se asemejaba más al sonido porducido tras la apertura de una vieja caja musical, que a los estridentes ruidos invasivos de la publicidad virtual.
Era algo  cálido,  tenue; invitaba a cerrar los ojos y dejarse llevar…
Permanecí algunos minutos en ese estado de quietud y paz, escuchando el piano, sin preocuparme por intentar dar con el nombre  ni el autor de la pieza; sin siquiera pensar. Esa calma agudizó mi sentido auditivo y dirigió posteriormente mis pasos hacia la fuente de donde emergían los acordes.
Me encontré nuevamente en la biblioteca, ojeando un libro que había transformado el siete de su tapa en notas musicales, y todas las palabras de la página 29   en pentagramas, que una virtuosa y entrañable profesora de música leía afanosamente posando sus delicadas manos sobre las teclas del piano en que se habían transformado los libros del librero.
Más allá de lo que digan las malas lenguas de aquel mal educado y septimziado libro, Sarita Cappelletti aún transita las aulas bahienses, sembrando arte y tocando las cuerdas en los corazones de pibes cascoteados y humildes, que bucean desesperados en los límites de su identidad tantenado la salida de emergencia.
No hay nada como la música para lograrlo. Ella lo sabe, ellos también, y yo tengo la dicha de tenerla como concertista permanente entre las palabras que los evocan.
Gracias por la visita, por tus historias, por tu alegría que contagia vida, por honrarnos con tu grata presencia. Y gracias por lo que se viene…

lunes, 14 de abril de 2014

Septimizados, puntos de venta

El libro ya está a la venta:



*En Bahía Blanca,


1) ALQUIMIA, Zeballos 224 (Horario de 10 a 13 y de 16:30 a 20:30 hs)

https://www.facebook.com/AlquimiaBahiaBlanca



2) de mano del Autor (contactar por aquí)

*Para el resto del mundo (incluso Bahía Blanca),


*En Buenos Aires,

(Y Feria del Libro, cuando inicie: STAND 823, Pabellón VERDE, de Editorial DUNKEN)

Saludos.

viernes, 11 de abril de 2014

La pócima



La señorita Minerva acudió al templo de las brujas en busca del brebaje prometido. Era su intención acallar el griterío constante y ensordecedor de las cornejas que revoloteaban en su salón de clases.
Dejando atrás la Torre holografiada por las cartas, abandonó aquel sitio con la premonición encriptada tras los destellos violáceos provenientes de la pócima, que, encerrada en el interior de un frasco, concentraba todo el futuro y la esperanza.
Una luz, una llamarada que asciende y transforma, se apoderará de los fonemas, transmutándolos en un silencio infinito y sabio, enmarcando las palabras que brotaran luego desde lo abismal de tu pensamiento, y que serán el precio que deberás pagar por el encargo, le habían dicho sumergidas en un trance, todas las hechiceras reunidas en aquelarre.
Cuando regresó al aula, el ruido oscuro y ensordecedor que brotaba de los picos, y las plumas que flameaban en el aire, la desesperaron. Quiso escapar, correr, perderse y no volver nunca más, pero entre medio de la angustia recordó la tarea que la había llevado al encuentro con las videntes. Tomado coraje, sacó de su morral el frasco, lo abrió y lo roció en forma de lluvia por encima de las aves, que poco a poco se fueron deshaciendo como acuarelas bajo el agua, tiñendo todo de negro.
De modo aristotélico, la escoria cayó por tierra como si aquel líquido hubiera engendrado los altos hornos para la fundición del hierro, mientras que toda la materia sutil y volátil comenzó a elevarse como humo mecido en la cuna del viento. Surgió entonces el sentimiento, con el amor a la cabeza, y toda la humanidad atrapada bajo el plumaje de una pequeña lechuza color malva que podía girar su cabeza 360 grados, observar claramente el espacio en la oscuridad reinante, y poblar de sapiencia todo el entendimiento sin necesidad de sonido alguno.
Minerva logró condensar todo bajo reflexiones divinas, escribiendo con una cánula morada  historias inherentes a su labor, de una forma irónica y transmutada, para eyacular nueva simiente en los vientres de aquellas mujeres magas.   

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EDITORIAL
DUNKEN
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 Estimados amigos, mi libro "Septimizados" se exhibirá y comercializará en el STAND 823, Pabellón VERDE, de Editorial DUNKEN. 
    
 

Septimizados
Virgili Sebastián Ignacio

 

Si no podés concurrir, podés adquirir un ejemplar,haciendo click aquí




 
  
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 La Feria Internacional del Libro se celebrará en el Predio Rural, sito en Av Sarmiento 2704, C1425BAA Buenos Aires, Capital Federal. 
   
  
   
   
   
   
Saluda atentamente
Virgili , Sebastián Ignacio
 
  
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