Material exclusivo para utilizar en el baño

domingo, 31 de enero de 2010

Coloreando el domingo


Alguien me hizo parte de la canción y el poema, envolvió el aire de sonidos y letras dejando perplejo mi asombro ante un jazmín al que suelo volver cada mañana transformado el domingo en un día de infinitas posibilidades.


Te miro dormir. Me ofrezco ese minuto como hábito. Sé que tus manos están blandas, débiles, que indefensa tu musculatura reposa y que tus sueños se apretujarán esta noche para asaltar nuestra cama.
Conozco los matices de tus ojos cuando has hallado algo mejor que la vigilia. Lagunas pálidas, mesetas pardas, puentes azules y ventanas amarillas se dibujan y giran por tu cuello, viajan a tus hombros como buscando abrigo, remontan vuelo, me circundan, establecen un pacto con mis labios para teñirse de tu piel.
Y en mi pecho hay tanta música en estas madrugadas, que puedo descansar en tus mapas con sólo contemplarte, con sólo descifrar el idioma de tus párpados, que es el idioma perfecto.


© Sebastián Olaso


A alguien le devuelvo otra canción y un poema deseando envolver su aliento en libre vuelo por este aire que nos acerca y nos aleja, en búsqueda de un cielo común a través del extenso infinito que nos congrega en el interior del Universo.

SENTIRES

Sentir el abrazo de la música
eternizando en el aire las miradas.
  Sentir el aroma de las velas
  encendiendo pabilos en pasión.
Sentir el perfume de la rosa
seduciendo a mi espalda con su pétalo .
  Sentir el rocío de tu aliento
  entre esos, nuestros labios y sus besos.
Sentir el cobijo de tu pecho
dónde tranquilo me acerco y me detengo.
  Sentir tus brazos en mi espalda
  y las manos recreándome en cosquillas
Sentir con mis dedos y mis piernas
Sujetarme al muro de tu espalda.
  Sentir el amor que va naciendo
  en el pulsante latido de estos cuerpos.
Sentir emocionarme en un acorde.
  Sentirte emocionado en un te amo.
    Sentires sedientos de sentir
      el amor que nos secuestra a cada paso.


sábado, 30 de enero de 2010

"Baciami Ancora"

Un piccolo regalito para el fin de semana con el auspicio de TeleTilsa informa primero, un informativo oficial que tiene domicilio legal en la calle Mitre y que sólo transmite la información a través del chat secundada por Viena quien la asiste como  corresponsal en exteriores. ¿Qué haría yo sin esa fuente inagotable de noticias y eventos?. Sin duda, llegaría, cómo lo hago, tarde a todos lados. Entonces, gracias Til y gracias Viena!!!, por convidarme estas golosinas que tanto me gustan y que, debido a la ausencia de hidratos, no afectan mi dentadura.
Hago extensivo el regalo porque la belleza siempre es grato compartirla. Por un lado, adjunto el último video de Lorenzo Jovanotti y la letra de la canción. Por otro, el tráiler de la película Baciami Ancora, el nuevo film de Gabriele Muccino que fue estrenado ayer 29 de Enero, al menos en Italia. La historia, según lo que he entendido, es la continuación de L’ultimo Bacio (el último beso) y transcurre diez años después de los acontecimientos de éste, en dónde se da lugar a los reencuentros entre los protagonistas que ya han direccionado sus vidas de modo diverso.


BACIAMI ANCORA
 (Lorenzo Jovanotti)

One, due, tre, four.

Un bellissimo spreco di tempo

un’impresa impossibile

l’invenzione di un sogno

una vita in un giorno

una tenda al di là della duna

Un pianeta in un sasso, l’infinito in un passo

il riflesso di un sole sull’onda di un fiume

son tornate le lucciole a Roma

nei parchi del centro l’estate profuma.

Una mamma, un amante, una figlia

un impegno, una volta una nuvola scura

un magnete sul frigo, un quaderno di appunti

una casa, un aereo che vola.

Baciami ancora…

Baciami ancora…

Tutto il resto è un rumore lontano

una stella che esplode ai confini del cielo.

Baciami ancora…

Baciami ancora…

Voglio stare con te

inseguire con te

tutte le onde del nostro destino.

Una bimba che danza, un cielo, una stanza

una strada, un lavoro, una scuola

un pensiero che sfugge

una luce che sfiora

una fiamma che incendia l’aurora.
Un errore perfetto, un diamante, un difetto

uno strappo che non si ricuce.

Un respiro profondo per non impazzire

una semplice storia d’amore.

Un pirata, un soldato, un dio da tradire

e l’occasione che non hai mai incontrato.

La tua vera natura, la giustizia del mondo

che punisce chi ha le ali e non vola.

Baciami ancora…

Baciami ancora…
Tutto il resto è un rumore lontano

una stella che esplode ai confini del cielo.

Baciami ancora…

Baciami ancora…

Voglio stare con te

invecchiare con te

stare soli io e te sulla luna.

Coincidenze, destino,

un gigante, un bambino

che gioca con l’arco e le frecce

che colpisce e poi scappa

un tesoro, una mappa,

l’amore che detta ogni legge

per provare a vedere

che c’è laggiù in fondo

dove sembra impossibile stare da soli

a guardarsi negli occhi

a riempire gli specchi

con i nostri riflessi migliori

Baciami ancora…

Baciami ancora…

Voglio stare con te

inseguire con te

tutte le onde del nostro destino.

Baciami ancora…





No hay mucha información en español aún, pero si saben de algo, no duden en comentarlo.

Buen Fin de Semana para todos!.

viernes, 29 de enero de 2010

"Un bloguero llamado Saramago" por Umberto Eco (hacer clic sobre este título para leer el artículo)

Una silabaria propuesta

El primer libro que adquirí de José Saramago fue El evangelio según Jesucristo y sin embargo el primero que leí, habiéndolo comprado un poco más tarde, fue Ensayo sobre la ceguera. No entiendo por qué suceden esos solapamientos en mis elecciones pero sin duda, y estoy absolutamente convencido, haberlo leído en primera instancia me permitió arribar al otro y luego a tantos más de una forma más profunda y comprometida.
Sin recordar el año en que lo leí, quedaron plasmadas en mi mente algunas imágenes y una sentencia en la que el premio nobel nos advertía de la necesidad de tener ojos cuando otros los han perdido. Y no solo necesidad de portarlos, también la urgente necesidad de direccionar con ellos el devenir del caminar de un pueblo; del mundo todo.
Hoy, este escritor portugués octogenario, que ya tiene blog propio y que ha sido volcado a un libro, nos vuelve a convocar en una misma dirección, animándonos a correr nuestra diaria y cómoda venda ocular con una propuesta sencilla y coherente que, de sumarnos, podría llegar a levantar los muros devastados por la furia que a veces la naturaleza nos devuelve como premio por nuestro negligente modo de relacionarnos con ella.
Aún no he tenido el gusto de leer el silabario en las palabras de la editorial propuesta, pero sin duda, la invitación es una tentación en tanto que, engrandece el pensamiento y el corazón al dejarnos participar de la construcción de una balsa sumando desde cada uno el granito de arena que será cimiento de las piedras con las que cruzará el océano para reconstruir, al menos en lazos, en solidaridad y en afecto, el alma en ruinas de la población de Haití.


Una Balsa de Piedra Camino de Haití




January 28th, 2010 Mis palabras son de agradecimiento. La Fundación José Saramago tuvo una idea, loable por definición, pero que podría haber entrado en la historia como una buena intención, una más de las muchas con que, dicen, está pavimentado el camino del infierno. La idea era editar un libro. Como se ve, nada original, por lo menos en principio, que libros no nos faltan. La diferencia estriba en que el producto de la venta de éste se va a destinar a las victimas sobreviviente del terremoto de Haití. Cuantificar tal ayuda, por ejemplo, en la renuncia del autor a sus derechos y en una reducción del lucro normal de la editorial, tendría el grave inconveniente de convertir en mero gesto simbólico lo que debería ser, en la medida de lo posible, algo provechoso y sustancial. Ha sido posible. Gracias a la inmediata y generosa colaboración de las editoriales Caminho y Alfaguara y de las entidades que participan en la elaboración y difusión de un libro, desde la fábrica de papel a la tipografía, desde el distribuidor al comercio librero, los 15 euros que el comprador gastará serán entregados íntegramente a la Cruz Roja para que los haga llegar a su destino. Si alcanzáramos un millón de ejemplares (el sueño es libre) serían 15 millones de euros de ayuda. Para la calamidad que ha caído sobre Haití 15 millones de euros no es nada más que una gota de agua, pero como La balsa de piedra (éste es el libro elegido) será publicada, además de en Portugal, en España y en el mundo hispánico de América Latina, ¿quién sabe lo que podrá suceder? A todos los que nos acompañan en la concretización de la idea primera, haciéndola más rica y efectiva, nuestra gratitud, nuestro reconocimiento para siempre.

José Saramago


Otra vez, los invito a pasar por la sección de mis sitios en donde encontrarán el link al blog de este excelente escritor europeo y además, como enlace del día, les dejo el del film CEGUERA que se basó en la novela homónima, film, por cierto, que también recomiendo.

http://www.cegueralapelicula.com/

jueves, 28 de enero de 2010

Sierra inclinada


El auto en reversa no ocasiona grandes inconvenientes a quién sabe invertir la dirección de la mirada y coordina en forma armónica maniobras y espejos. En mi caso, eso de la maniobra es un poco rudimentario y los espejos a veces se tornan imperceptibles como anticipando la negación de no querer mirar a través de los ojos en dirección anterior.
Todo se debe a mi terca manía de nunca volver en busca de elecciones pasadas, de enfrentar el día a día dejando atrás las huellas caminadas sin perder una gota de nostalgia por aquello que ha sido intensamente vivido y por lo que nunca sucedió, como sumido en esa remanente tristeza residual que a veces se entromete entre mis sábanas y mis lágrimas. Una manía un tanto inútil para quien sabe de leer en actos, en gestos, en dolencias y percances que de nada sirve arremeter en cierta dirección cuando el determinismo de los días señala de las formas más diversas y constantes el camino correcto.
Con toda la advertencia de los años en accidentadas reversas pero sin huellas mnémicas presentes, opté por encaminarme hacia aquella hostería por un camino de ripio un tanto sinuoso y con más curvas que un espiral. En elipsis crucé acompañado de piedras, saltos y tierras voladoras todo el arsenal de hospedajes y cabañas que se congregan para dar la bienvenida a quién como yo, sale en busca de lo que alguna vez supo ser agreste, para apropiarse de un remanso mental que acune la calma de un sueño estival enredado en la brisa.
Con empeño pero sin memoria, en cierto punto del recorrido volví sobre las huellas de las firestone recién estrenadas al intuir que aquel sitio era el buscado. En ese breve instante que separa la dicha del asombro y el pánico, sentí hundirse gran parte de la carrocería en un abismal acantilado notando como la gravedad provocaba el efecto torre de Pisa en sólo segundos. Me quedé quieto aferrado al volante como si ese sólo amarre fuera garantía de mi existencia ante la mirada asombrosamente burlona de quiénes como yo circulaban de una forma más prudente por esos sitios boscosos y lacustres.
Con gran destreza logré desenredarme de mi susto y abriendo lentamente la puerta me proyecté hacia el exterior para contemplar el paisaje de mi reciente creación. La verdad, no resultaba desagradable ni doloroso ver aquel espectáculo. No cualquiera hubiera sido capaz de diseñar y ensamblar el equilibrio perfecto dentro de un planeta de por más desequilibrado.
Con la rueda sini(e)stra delantera en alza y la trasera diestra en baja apuntando al vacio, el auto estaba listo para cotizar en Wall Street.
Mi mente, que de recordar tiene pereza pero que para evocar es docta, se trasladó de inmediato a la Galleria degli Uffizi en dónde se sentó a contemplar aquella obra de arte como quién recibe por primera vez la frescura de la Primavera o asiste como encantado al Nacimiento de Venus. Desde lejos, voces, murmullos, ruidos metálicos, todo un sinnúmero de sinfonías provocaban desorden en mi reciente lienzo en collage y obligaban a mi plasma neuronal a abandonar tan afanada concentración pictórica que, iluminada y pácifica, se encaminaba a postular aquella escultura ante las autoridades municipales en vísperas de la creación de un paseo recreativo a orillas del lago Gutiérrez. Entre tanto, aquel coro del bullicio cada vez insistía con mayor rigor perturbando a mi concentración y tornando efímero todo intento de construir el arte. Como quién persigue el sueño sin conseguirlo hasta pasadas las cinco o seis de la mañana, me quedé en el intento de alcanzar el silencio, rozándolo y admirándolo hasta que la mirada me devolvió la estruendosa mezcla metálica y oral del montaje paisajístico al fijarse y perderse en los dos muchachos ya entrados en años que ataban el auto con una linga a una imponente y presuntuosa 4 x 4. Intuí de inmediato que sin decir palabras, todos aquellos espectadores habían comprendido casi instantáneamente mi nula comprensión en temas mecánicos y se convencieron de que no servía de nada insistir en pedirme herramientas o sogas tan solo mirando mis manos.
Por momentos maldije a todos por negarle al mundo aquella belleza escultórica que sin duda Michelangelo no sólo hubiese aprobado, sino que, empeñado como solía ser y talentoso como pocos, no habría dudado en mover cielo y tierra con tal de emprender la gran empresa de derretir en avalancha las nieves eternas, esculpiendo en pleno Tronador aquel retrato único y asombrosamente perfecto que había creado mi accionar sobre la palanca de cambios. Pero, como resignándome a dejar mi veta de artista reservada a otros pocos y asumiendo que roles son roles y el destino está presente en cada uno como quién contempla el breve vuelo de una mariposa, sin decir palabra los dejé hacer observando el leve fluir de la destrucción hacia el corredor del camino en dónde otra vez aquello era un auto y yo, el piloto dispuesto a comandarlo.
Al ponerlo en marcha una voz se escuchó a lo lejos sentenciando que por las dudas circule por el medio del sendero y que le ordene a mi mecánico anular la reversa.
Era inútil explicarle a aquella voz que la marcha atrás es a mi vida como el motor es a la máquina y que si de algo valía la experiencia era para poder comprender la esencia en el simbolismo de aquellos pequeños incidentes que nada tuvieron de azarosos. Deambulando en busca de lo perseguido, aquel cuadro de verdes matices se unió a la pantalla desde dónde los desmemoriados recuerdos jugaban a despertarme proyectando un film en dónde las escenas mostraban en retrospectiva el conteiner que abolló el baúl al salir de casa, el poste de luz que perforó el paragolpes al estacionarme en plena Avenida Bustillos o aquel atónito señor que no dudó en mover su vehículo al observarme correr un tarro de basura con mis manos, estirando mis brazos desde el interior del mío, para poder estacionarme entre dos árboles soberbios de abundantes copas y resignados a mostrar la discontinuidad de la materia en unas cuantas hojas que a modo de cartas uno decide, de manera naturalmente innata, jugarlas en una dirección o en otra.

miércoles, 27 de enero de 2010

BarbarIsmos

Como un presagio, o un simple presentimiento, el lunes pasado, de forma humorística y un poco burlona, hice referencia a una de las tantas formas de discriminación que frecuentamos a diario en nuestro paso por esta Tierra.



Y hablo de presentimientos, porque hoy al promediar la tarde convidado de calor por el Enero y su atuendo de verano, evoqué a una periodista española que descubrimos con Tilsa el año pasado en su paso efímero por nuestro Kaótico pero siempre querido país.


Esta sabia mujer llamada Pilar Rahola, que dedica su tiempo a publicar notas y artículos en algunos diarios nacionales e internacionales sabe también retratar situaciones y hechos de la vida cotidiana cuándo de violar los derechos humanos de trata. Dan cuenta de ello muchas de sus publicaciones y escritos que suelta en la red y en sus libros…


Y si hablamos de ismos, aquí les convido uno que de tan tapado se torna vedado y olvidado.

Los nombres de ellas

Aquí, perdido entre una selva de artículos, en un rinconcito del diario, casi escondido para poder llorar silenciosamente



Sabemos el nombre de él: Ibrahim Sheij Abdirahman. Casi siempre sabemos sus nombres. A veces esos nombres identifican al imán que domina la zona, otras es el juez que ha dictado sentencia, otras el marido que la ha denunciado. Los nombres de ellos reflejan su poder, el poder de decidir la vida y lamuerte, más allá de todo Dios y de toda piedad. No necesitan esconderse, los ampara la razón de la espada justiciera y la verdad de su implacable credo, y por ello brillan por encima del horror.



Los nombres de ellas, en cambio, no aparecen casi nunca.


Sólo son simples mujeres arrastradas hacia una muerte horrible. La nota de prensa generalmente dice "mujer de 20 años, o 19 o 23..., lapidada en...". Una vez supimos que se llamaba Amina, y que sus hijos tuvieron el honor de tirar las primeras piedras. Es un honor reservado para los más allegados. Pasó en Afganistán.


Otra se llamó Aisha Ibrahim Duhulow, tenía 13 años, había sido violada por tres hombres, y por ello fue lapidada en Somalia, hace menos de un año. Las violadas son culpables de su propia violación. También supimos que se llamaba Amina la trabajadora de la ONU que fue asesinada, hace pocas semanas, por ser cristiana y no llevar el velo islámico.


Pero la mayoría de ellas no tienen ni eso, un nombre que leer en los ojos ciegos de la prensa internacional, allí donde el sufrimiento de una chica enterrada hasta el cuello, tapada con una sábana blanca, y condenada a morir piedra a piedra, hasta que toda la sábana esté roja con su sangre, no tiene interés informativo. Una más, a la que seguirán otras.


Pero me resisto. Busco el nombre en internet, en algún lugar estará, al menos un nombre del que apiadarse, una pequeña historia por recordar, aquí, perdido entre una selva de artículos, en un rinconcito del diario, casi escondido para poder llorar silenciosamente por una chica brutalmente asesinada.


Leo. Ha pasado en la región de Bakool, en el sudoeste de Somalia, allí donde las milicias de Al Shabab –rama somalí de Al Qaeda– han impuesto su delirio. Sabemos su edad, 29 años, que ha sido acusada de adulterio, llevada a una cancha pública y apedreada hasta la muerte ante 200 personas que contemplaban el espectáculo. Al presunto amante lo han condenado a latigazos.


También sabemos que la mujer acababa de dar a luz un niño muerto. Pero su nombre no aparece en ninguna crónica. Cazo al vuelo una foto en una web. Dicen que es ella, el hoyo en el suelo, la sábana blanca, la gente que se acerca..., no tiene nombre... ¡Qué metáfora de nuestra indiferencia, su nombre desconocido! Si no importa sumuerte, ¿por qué debería importarnos su vida? Para ella, la voz quebrada de Alfonsina Storni: "¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, / las sombras creadas por nuestra maldad! / ¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, / las cosas celestes que así se nos van!".

PILAR RAHOLA - La Vanguardia, Barcelona - 22/11/2009

Y aquí les dejo un video con una canción y una imágen que recordé luego de leer el texto, entre escalofríos, impotencia y tristeza...



Y por si quieren saber o leer más sobre Pilar Rahola, en mis sitios encontrarán el enlace a su página.

lunes, 25 de enero de 2010

Matemática Machista

Es sabido que existen dentro la matemática, algunas cuántas especialidades o disciplinas relacionadas tales como la matemática aplicada, la matemática financiera, el cálculo numérico, el álgebra y la geometría, alguna introducción a la matemática –siempre presente en los programas de algunas carreras universitarias- y por qué no, una matemática machista, quien sabe por quién propuesta pero si por quiénes muy bien argumentada.



Si bien no me considero un machista y lejos estoy de admirar cualquier género ista que habite este planeta, admito mi leve inclinación por todo lo demostrable de una manera lógica.


Hace instantes, encontré en mi correo electrónico, gracias a Marta, quién tampoco es feminista y al género opuesto se acerca sin caer en esos ismos, un teorema contundente y matemáticamente demostrable en dónde se pone de manifiesto una igualdad razonable, lógica y por demás un aguafuerte de quiénes al monte de Venus asisten de manera casi religiosa.


Como siempre, la ciencia a veces juega a demostrar el conocimiento empírico que por intuitivo no deja de ser, al buen estilo Popperiano, hipotéticamente deductivo.



Seguramente ha de existir por algún lado una matemática feminista y quién de ella tenga algun paradero, no dude en reportarlo así también tendremos la certeza de que la igualdad del hombre con, las tareas domésticas, por ejemplo, conforma un sistema incompatible analizado desde cualquier método, al menos en un número estadísticaente alto de probabilidades. 

CUARTO CRECIENTE


Porque no me bastaría una vida para poder hacerte feliz, como vos en este momento lo haces conmigo. Porque no me bastan 12 horas de sueño para mirarte y quizás no me bastan las palabras para amarte.



El fiel Cangrejo


Dos suicidios y un homicidio dejaban Viudas a las ya consagradas viudas de los jueves. Claudia Piñeiro cerraba así una historia ágil y bien narrada, con un final que no sólo se escapaba de la seguridad, sino que sabía de arriesgar saltando muros dejándolo, en aquella noche tibia de verano, dar vuelta la contratapa de sus lecturas sin abandonarse de su presencia en el pensamiento y en el corazón que lo sentía y lo respiraba como si aún estuvieran brazo a brazo jugando a las cosquillas.


Con su remera cubriéndole el torso y el pecho; con el aroma de su perfume y su cuerpo recorriéndole el olfato y nublándole la vista, abandonó la cama con sus cálidas sábanas sabor a vainillas, se divorció de aquel terminado libro y calzándose las pantuflas se dirigió a la cocina en dónde, la noche anterior, quién desvelaba sus sueños y alargaba sus madrugadas, fumaba un cigarrillo semidesnudo, portando la misma prenda de vestir que hoy era parte de su atuendo. Cerró los ojos y dejó jugar en la imaginación el deseo de desearlo y de verlo colocar el agua en la pava eléctrica, encender el interruptor, interrogando sobre el sabor del té, preparando las tazas, colocando el azúcar, sirviendo la infusión, asegurándose de que todo su ser estuviese en calma recostado en el sillón o cómodamente reclinado en el respaldo de una silla. Evocando la situación como quién mira un film por décima vez, fue recreando el escenario de sus manos y sus movimientos y se dejó llevar por sus andares en la preparación de aquellos brebajes, tomando unos trozos de chocolate con un poco de culpa por todos los grisines que había devorado en la tarde tras un ataque de ansiedad que dejó su estómago inflado como un aerostático; una ansiedad que se convirtió en broma y en pensamiento y en un sumidero de temores y de sensaciones que lo vistieron y lo asaltaron en torno a esa, vuestra tan hermosa, ansiada y deseada relación que se iban animando a vivir.


Saberlo llorando no lo ponía feliz. No porque no comprendiera el significado profundo de sus lágrimas, simplemente porque tras esas lágrimas existía el misterio de la angustia, el sinsabor del dolor, lo atemorizante y paralizante del miedo y la belleza con la que bien sabe vestirnos el amor.


-Es este amor el que viaja a destiempo – pensó. Es el deseo que nos visita con diversa velocidad. Es la meta que nos asalta con distinta cilindrada. Mientras el avanza con sancos yo me calzo los zapatos de Manuelita y así vamos atravesando el camino que nos encontró y que no nos buscó.


En ese encuentro iba sintiendo muchas cosas, por ejemplo, como su sentir se expandía y contraía emulando a los globos que adornan las fiestas de cumpleaños al momento de dar comienzo y cuando ya los convidados satisfechos emprenden la retirada habiéndose inhalado hasta el aire que los inflaba. Lo quería en esa querencia que abarca los primeros gestos y los detalles, los mismos que lo enamoraban y que deseaba soñar no terminen nunca porque era amante de esas pequeñeces. Lo amaba en la lujuria de la noche y en los besos que por la mañana eran la antesala del desayuno. Lo amaba en la sonrisa y en los ojos cuando en él se posaban. Lo amaba en la certeza de verlo o imaginarlo preparar una comida y su mesa para compensar la carga del día, para compartir el esfuerzo de lo vivido y convidar el pan de lo gestado al leudar la jornada. Lo admiraba en la confianza y la garra y en su sentirse seguro de querer una vida en común y al mismo tiempo que lo admiraba, como una ráfaga otoñal en plena primavera, lo cegaba la duda y lo acorralaba su aliento, el mismo que lo ahogaba en cada beso y que, luego, como queriendo asfixiarlo, lo aterrorizaba de miedo.


Atormentado por todos los temores intentaba luego un careo entre su mente y su corazón. Una vida en común-unión con él sería posible para la razón que de tan racional no se detenía a escuchar la contraoferta. Y no sentía porque más abajo no sonaban latidos de compromiso ni crujían hojas de árbol perenne, mientras que si podía oírse un cascabel y se podía oler a hierbas frescas y madreselvas y sentir la suavidad de unos pies descalzos acariciando el jardín, surcando el infinito.


Abandonándose en ese pequeño microcosmos que saben nebular los recuerdos, se permitió suavemente el intento de entenderlo, entenderlo en el amor y en el llanto de esa noche. Llanto que no era de su agrado generar, llanto que hubiera deseado secar, acariciar, enjuagar, estrujar y poner a secar entre sus manos y ese mismo respiro alienante de los besos. En aquella remembranza habían crecido dos amores, dos amores que lo marcaron sin tocarlo, sin ni siquiera besarlo o acariciarlo, dos amores que aún lo dejaban derramar alguna lágrima, lágrima que siempre reivindica el llanto y el querer la incondicionalidad ante el amor que nos nace y nos late a diferente compás como si alguna arritmia lo obligara a modificar la melodía. En uno de esos dos latentes amores logró entenderlo porque desde allí comprendía esa certeza de sentir un querer estar allí, persiguiendo las horas entre cocinas, supermercados y teatros, acurrucado en aquel pecho para toda la vida. Pensaba entonces, detenido en aquellas manos y aquellos precoces encuentros casi platónicos, si lo que la querencia deseaba aferrar en un atado de eternidad se cumple por el simple hecho de no poder concretarse y de saber anticipadamente y antes de cada entrega, de su condena al exilio y si, debido a la realidad tan real y maravillosa que éste, el viviente amor proponía, empeñado en jugar a atemorizar y doler, pondría en juego también a las espinas que no sabían aún descubrir y que a raíz de la vivencia sincrónica que los atravesaba, no se animaban a rozarlas, dejando que los pinchen para empezar a sentir el dolor tibio, dulce e intenso que un amor mal entendido o interpretado era capaz de brotar en dos corazones que de tan equivocados de vivir, intentaban aprender de los errores cometidos animándose a dejarse explorar entre aquellos abrazos, entregándose al observatorio de sus cuerpos desnudos desde aquel telescopio apuntando al constelado cielo con su Luna en cuarto creciente.


Contemplando las estrellas de dicho cielo, le fue llegando la calma que lo condujo nuevamente a la cama y sus tibias sábanas que aún destilaban su perfume y olían al amor que en ella anidaban y entretejían con las agujas del tiempo, de la confianza y de la seguridad de saberse queridos, más allá de lo flotante de la vida que jamás de los jamases sabría que significa el hormigón armado en la construcción de un vínculo.