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domingo, 31 de enero de 2010

Coloreando el domingo


Alguien me hizo parte de la canción y el poema, envolvió el aire de sonidos y letras dejando perplejo mi asombro ante un jazmín al que suelo volver cada mañana transformado el domingo en un día de infinitas posibilidades.


Te miro dormir. Me ofrezco ese minuto como hábito. Sé que tus manos están blandas, débiles, que indefensa tu musculatura reposa y que tus sueños se apretujarán esta noche para asaltar nuestra cama.
Conozco los matices de tus ojos cuando has hallado algo mejor que la vigilia. Lagunas pálidas, mesetas pardas, puentes azules y ventanas amarillas se dibujan y giran por tu cuello, viajan a tus hombros como buscando abrigo, remontan vuelo, me circundan, establecen un pacto con mis labios para teñirse de tu piel.
Y en mi pecho hay tanta música en estas madrugadas, que puedo descansar en tus mapas con sólo contemplarte, con sólo descifrar el idioma de tus párpados, que es el idioma perfecto.


© Sebastián Olaso


A alguien le devuelvo otra canción y un poema deseando envolver su aliento en libre vuelo por este aire que nos acerca y nos aleja, en búsqueda de un cielo común a través del extenso infinito que nos congrega en el interior del Universo.

SENTIRES

Sentir el abrazo de la música
eternizando en el aire las miradas.
  Sentir el aroma de las velas
  encendiendo pabilos en pasión.
Sentir el perfume de la rosa
seduciendo a mi espalda con su pétalo .
  Sentir el rocío de tu aliento
  entre esos, nuestros labios y sus besos.
Sentir el cobijo de tu pecho
dónde tranquilo me acerco y me detengo.
  Sentir tus brazos en mi espalda
  y las manos recreándome en cosquillas
Sentir con mis dedos y mis piernas
Sujetarme al muro de tu espalda.
  Sentir el amor que va naciendo
  en el pulsante latido de estos cuerpos.
Sentir emocionarme en un acorde.
  Sentirte emocionado en un te amo.
    Sentires sedientos de sentir
      el amor que nos secuestra a cada paso.


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