Material exclusivo para utilizar en el baño

domingo, 28 de febrero de 2010

Los Cronopios nunca mueren...


Concluye febrero y los estantes de la biblioteca me recuerdan silabariamente que he olvidado un aniversario literario dentro de las escrituras argentinas.
El 12 de Febrero de 1984 fallecía en París mi estimado y querido Julio Cortázar.
Me acerqué por primera a sus letras algunos años tardíos a su muerte, cuando la profesora de Literatura nos entusiasmaba a dejar volar la imaginación leyéndonos La noche boca arriba, Casa Tomada, Continuidad de los parques, No se culpe a nadie y otros tantos a los que fui arribando tiempo después con un señalador a modo de piedra que dejaba elevar en el aire para luego soltarlo levemente sobre las páginas de la rayuela que sólo él con su brillante don de audacia se animó a dejar jugar, escribiendo las páginas de un libro que tiene tantos infinitos principios como finales y a los cuáles salto a menudo para dejar soltar la fantasía del infierno al cielo.



Nunca lo conocí en persona pero me hubiera gustado hacerlo. A menudo me sucede ese deseo de encontrarme cara a cara con alguien que desde su manifestación artística o literaria me permite alimentar ese precioso don del sueño y los placeres. Mi humilde desear, ese que se contentaría con estrechar una mano o fundirme en un abrazo, mirar a los ojos, encontrando la esencia y cristalizarla en mis retinas no me abandonó con Julio, es más, se fue acrecentando con el correr del tiempo a sabiendas que ya sería imposible hacerlo pues quién fuera el padre de Bestiario y Todos los fuegos al fuego había decidido arrojar la piedra hacia la nebulosa celeste. Sin embargo, fui comprendiendo que la mejor forma de llegar a su esencia era abandonarme a la lectura de sus relatos y fue así que durante algunos años me dediqué a coleccionar sus libros, sus cartas, sus entrevistas, imágenes, caricaturas; me acerqué a sus placeres como lo han sido la música en el saxo de Charly Parker y la naturaleza felina de los gatos. De tanto buscar, un año di con el regalo de su voz en la lectura de sus propios relatos. Sentarme a escucharlo ha sido desde entonces un placer al que asisto de vez en vez y en ocasiones en las que el espíritu se empeña en anclarse entre los zócalos del entendimiento.



“Las personas extraordinarias no se mueren nunca” como nunca han de morir los Cronopios, esos que nos seguirán brindando instrucciones para los oficios más extravagantes y terrestres como el dar cuerda a un reloj, llorar, comportarse de manera correcta en los velorios o subir una escalera, la misma que a menudo, creo, recorre en forma descendente para darse una vueltita entre los mortales que aún poblamos este plano, iluminándonos la razón y animándonos a ficcionar la realidad para volar alto, muy alto, siempre más y más y más alto.

Qué mejor homenaje que leerlo!... o escucharlo!... o todo junto!... Aquí dejo algo para quién guste reencontrarlo o encontrarlo...



Rayuela - Capítulo 7


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Julio Cortázar.


Rayuela - Capítulo 68



Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias
Julio Cortázar

 


Continuidad de los parques - Julio Cortázar en Final del Juego

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.




Instrucciones para dar cuerda al reloj - en Historias de Cronopios y de Famas

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Julio Cortázar

Imaginemos por un instante, ¿qué intrucciones nos hubieran dado los cronopios para enviar un sms, para hablar por teléfono celular, para subir las fotos al faceboock, para escuchar un mp3, para guardar un archivo en un pendrive o para salir de vacaciones sin olvidar la noteboock?... 
Sin más, que tengan una hermosa tarde de domingo y otra vez, si desean, hagan click sobre el título del post para leer un artículo de Ricardo Bada contando una anécdota Cortazariana. Allí también hay un audio imperdible, la emisión de un fragmento de programa de radio en dónde el periodista le rinde homenaje a Julio tras horas de su muerte... EMOCIONA!... al menos a mi me corrieron algunas lágrimas.

sábado, 27 de febrero de 2010

Un poco de Humor (ada)

Del “no hay futuro” al “hágalo usted mismo”…

Quien mejor que Violencia Rivas para explicarnos a través de su estilo punk, cuánto de dogmático, arbitrario, manipulador e hipócrita aún hoy está presente en la Argentina del bicentenario.

VIOLENCIA RIVAS (Peter Capusotto) - 1ra parte.



Gracias a Dios, el bicentenario nos ha regalado estos simpáticos y pensantes personajes capaces de brindarnos risueñas maneras de escaparle a esta foto en la que a pesar de no encontrarnos, implicitamente estamos.
"Gran Kuleada"


(PD: no se nota el casting!... jajajajajaja) 

viernes, 26 de febrero de 2010

Rescatados de la web (ada)



Generosidades del género.

Asistimos al año 2010 convencidos de que hemos logrado crecer como sociedad. Algunos, hasta hacen gala de ello promocionando y difundiendo el festejo del bicentenario. 200 años es mucho tiempo para crecer. ¿Cuántas vidas entran en 200 años? ¿Cuántos dinámicos cambios? Sin embargo, aún hoy no hemos logrado ni siquiera respetar lo más básico de los derechos humanos, aquel primordial derecho a la igualdad de género.



Siendo hombre, asistir como docente a una escuela confesional portando un diminuto aro en la oreja izquierda es aún hoy, una amenaza más grande que la de no enseñar.
¡Qué poderosa es la forma a menudo!, tanto que se olvida del contenido. Es increíble como aún hoy existan seres capaces de afirmar que el ejemplo con el que se debe educar pasa por portar o no un aro, llevar el pelo teñido y largo o asistir con la barba de hace dos días, delimitando de esa forma y bajo ese criterio la frontera entre lo femenino y lo masculino.
Bajo esa mirada, una profesora puede asistir a una escuela con el pelo teñido, maquillada como si fuera a una fiesta y haciendo gala de sus formas y curvas. Eso es marca y sello de femineidad y sirve como espejo ante la identificación adolescente de las niñas afirman. Un profesor ingresa con el pelo levemente coloreado y un pequeño ornamento estético que ni siquiera atenta contra la “ideología” imperante en el lugar y ya es catalogado de contraejemplo, de forjador de enfermizas identificaciones y de no corresponderse con el imaginario de lo masculino y señoril.
Es increíble que aún se polemice sobre este tipo de cuestiones en las escuelas confesionales cuando la discusión debiera ser otra.



La identificación adolescente pasa por otro lado y no se detiene en un aro o el pelo largo. El ejemplo se manifiesta desde otro lugar y no desde un aro más o menos o el pelo teñido. Educar con el ejemplo es, a mi modo de entender la educación, ser coherente entre el actuar, decir y hacer. Una coherencia que no visita a menudo las aulas pero de la cual muchos se jactan.
La mejor forma del prejuicio es la que transmitimos con nuestro prejuicioso ejemplo. Parece que aún, no hemos aprendido lo más básico. El prejuicio nos impide respetar y tolerar. ¿No debiéramos empezar por analizar las formas de erradicarlo en lugar de insistir en su refuerzo?
Asistimos al año 2010 con la ilusoria idea de que la frontera entre lo masculino y lo femenino ha sido derribada. Sin embargo aún pertenece al terreno de la utopía, una que al menos nos permite conservar la esperanza. Hoy por hoy, sólo es posible seguir soñando con este derecho. En ese grato sueño me sumergí hoy para poder intentar la ecuanimidad, una cualidad tan difícil de adquirir como la brillante y provocadora audacia.
Para eso vuelvo a escuchar y leer a Galeano, buscando el consuelo que hoy por hoy me permite el derecho al delirio, el derecho de soñar, anhelando la calma a la que no me fue posible arribar hoy por la mañana cuando ante el investimento de una fauna de lenguas bífidas y sonoros cascabeles, se me sentenció a dar el ejemplo ante un alumnado varonil al cuál no le es permitido asistir con aros ni con pelo teñido al colegio.
¿Necesitaremos 200 años más para entender que la estética personal no es una cuestión de géneros? ¿O es que tampoco alcanzará?. ¿Cuánto tiempo hace falta para que se comprenda que la mejor forma de instalar el prejuicio es juzgar deliberadamente? ¿Se podrá entender algún día que la homosexualidad no es contagiosa? Mientras espero la respuesta o verla materializada, me sumerjo en el sueño de creer que hoy por hoy es un hecho y me detengo en las profundidades de la red virtual para evadirme y disfrutar de la belleza, única fuerza portadora de serenidad y paz interior.
Por eso, y siempre gracias a quiénes me acompañan en este camino silabario, los invito a escuchar un poco de música, para emocionarse, para divertirse, para deleitarse...

En principo, un Serrat que vuelve al ruedo con otro homenaje a Miguel Hernández!. Excelente trabajo el del Nano, cómo siempre!.


Miguel Hernández - Hijo de la luz y de la sombra

( Hijo de la sombra )



Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.


Forjado por el día, mi corazón que quema
lleva su gran pisada del sol adonde quieres,
con un sólido impulso, con una luz suprema,
cumbre de las montañas y los atardeceres.


Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje
su avaricioso anhelo de imán y poderío.
Un astral sentimiento febril me sobrecoge,
incendia mi osamenta con un escalofrío.


El aire de la noche desordena tus pechos,
y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.
Como una tempestad de enloquecidos lechos,
eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.


La noche se ha encendido como una sorda hoguera
de llamas minerales y oscuras embestidas.
Y alrededor la sombra late como si fuera
las almas de los pozos y el vino difundidas.


Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,
la visible ceguera puesta sobre quien ama;
ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,
ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.


La sombra pide, exige seres que se entrelacen,
besos que la constelen de relámpagos largos,
bocas embravecidas, batidas, que atenacen,
arrullos que hagan música de sus mudos letargos.


Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,
tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.
Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,
con todo el firmamento, la tierra estremecida.


El hijo está en la sombra que acumula luceros,
amor, tuétano, luna, claras oscuridades.
Brota de sus perezas y de sus agujeros,
y de sus solitarias y apagadas ciudades.
El hijo está en la sombra: de la sombra ha surtido,
y a su origen infunden los astros una siembra,
un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,
que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra.


Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,
tendiendo está la sombra su constelada umbría,
volcando las parejas y haciéndolas nupciales.
Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.


II


( Hijo de la luz )


Tú eres el alba, esposa: la principal penumbra,
recibes entornadas las horas de tu frente.
Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra
tu cuerpo. Tus entrañas forjan el sol naciente.


Centro de claridades, la gran hora te espera
en el umbral de un fuego que al fuego mismo abrasa:
te espero yo, inclinado como el trigo a la era,
colocando en el centro de la luz nuestra casa.


La noche desprendida de los pozos oscuros,
se sumerge en los pozos donde ha echado raíces.
Y tú te abres al parto luminoso, entre muros
que se rasgan contigo como pétreas matrices.


La gran hora del parto, la más rotunda hora:
estallan los relojes sintiendo tu alarido,
se abren todas las puertas del mundo, de la aurora,
y el sol nace en tu vientre, donde encontró su nido.


El hijo fue primero sombra y ropa cosida
por tu corazón hondo desde tus hondas manos.
Con sombras y con ropas anticipó su vida,
con sombras y con ropas de gérmenes humanos.


Las sombras y las ropas sin población, desiertas,
se han poblado de un niño sonoro, un movimiento,
que en nuestra casa pone de par en par las puertas,
Y ocupa en ella a gritos el luminoso asiento.


¡Ay, la vida: qué hermoso penar tan moribundo!
Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras.
Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo.
Y todos dejan siempre sombras: ropas y sombras.


Hijo del alba eres, hijo del mediodía.
Y ha de quedar de ti luces en todo impuestas,
mientras tu madre y yo vamos a la agonía,
dormidos y despiertos con el amor a cuestas.


Hablo, y el corazón me sale en el aliento.
Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría.
Con espliego y resinas perfumo tu aposento.
Tú eres el alba, esposa. Yo soy el mediodía.


III


( Hijo de la luz y la sombra )


Tejidos en el alba, grabados, dos panales
no pueden detener la miel en los pezones.
Tus pechos en el alba: maternos manantiales,
luchan y se atropellan con blancas efusiones.


Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas,
hasta inundar la casa que tu sabor rezuma.
Y es como si brotaras de un pueblo de colmenas,
tú toda una colmena de leche con espuma.


Es como si tu sangre fuera dulzura toda,
laboriosas abejas filtradas por tus poros.
Oigo un clamor de leche, de inundación, de boda
junto a ti, recorrida por caudales sonoros.
Caudalosa mujer: en tu vientre me entierro.
Tu caudaloso vientre será mi sepultura.
Si quemaran mis huesos con la llama del hierro,
verían que grabada llevo allí tu figura.


Para siempre fundidos en el hijo quedamos:
fundidos como anhelan nuestras ansias voraces:
en un ramo de tiempo, de sangre, los dos ramos,
en un haz de caricias, de pelo, los dos haces.


Los muertos, con un fuego congelado que abrasa,
laten junto a los vivos de una manera terca.
Viene a ocupar el hijo los campos y la casa
que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca.


Haremos de este hijo generador sustento,
y hará de nuestra carne materia decisiva
donde asienten su alma, las manos y el aliento,
las hélices circulen, la agricultura viva.


Él hará que esta vida no caiga derribada,
pedazo desprendido de nuestros dos pedazos,
que de nuestras dos bocas hará una sola espada
y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos.


No te quiero en ti sola: te quiero en tu ascendencia
y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.
Porque la especie humana me han dado por herencia,
la familia del hijo será la especie humana.


Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,
se besan los primeros pobladores del mundo

 
Alex Britti, un italianito que recién estoy descubriendo! y que me cayó muy simpático.




Una su un milione – Alex Britti  (Gentileza de Tilsa, video, letra y traducción)



accettami cosi'
ti prego non guardare
nella mia testa c'e'
un mondo da ignorare
voglio che tu sia
mia complice discreta
accettami e sarai
la mia bambola di seta


accettami e vedrai
andremo fino in fondo
non pensare a cosa e' giusto
e a cosa sta cambiando
andiamo al polo nord
o al sud se preferisci
accettami ti prego
dimmi che ci riesci


non ho detto mai
di essere perfetto
se poi ti aiuto io a scoprire
ogni mio difetto
se ne trovi di piu'
ancora mi sta bene
basta che restiamo
ancora cosi' insieme


amo amo
e' qualcosa che si muove
su' e giu' per lo stomaco
piu' freddo della neve


amo amo
e' un buco alla ciambella
la sua dolcezza effimera
la rende cosi' bella


accettami e vedrai
insieme cresceremo
qualche metro in piu'
il cielo toccheremo
piu' alti dei giganti
piu' forti di godzilla
faremo una crociera
su una nave tutta gialla
andremo su un isola
che sembra disegnata
con colori enormi
e un mare da sfilata
per quanto mi riguarda
ho fatto gia' il biglietto
ti prego non lasciarlo
accanto a un sogno in un cassetto


amo amo
e' qualcosa di speciale
su' e giu' per lo stomaco
e' come un temporale
amo amo
e' il sugo sulla pasta
finche' non e' finito

non sapro' mai dire basta
amo amo
e' un dono di natura
perche' la nostra storia
non e' solo un'avventura
amo amo
e' una semplice canzone
che serve a me per dirti
che sei una su un milione



Una entre un millón


Aceptame así,
te ruego no me mires
en mi cabeza hay
un mundo que ignorar,
quiero que vos seas
mi cómplice discreta,
aceptame y serás
mi muñeca de seda


Aceptame y verás,
iremos hasta el final
no pienses qué es justo
y qué está cambiando,
vamos al polo norte
o a sur si lo prefieres
aceptame te lo pido,
decime que te animás
nunca dije que
era perfecto,
si te ayudo a descubrir
cada defecto mío
y vos descubrís otros
igual estará bien,
me basta que sigamos
estando juntos


amo, amo
y hay algo que se mueve
sube y baja en mi panza
y es más frío que la nieve,


amo, amo
y es un huequito en la rosquilla
su dulzura efímera
la hace así de bella
aceptame y verás
juntos creceremos
algún metro más
el cielo tocaremos
más alto que los gigante
más fuertes que Godzilla
haremos un crucero
en una nave amarilla
iremos a una isla
que parezca dibujada
con colores enormes
de un mar de desfile,
por mi parte
ya compré el billete
te pido que no lo dejes
junto a un sueño en cajón


amo, amo
y hay algo especial
que sube y baja en la panza
y es como un temporal
amo, amo
y es la salsa de la pasta
que hasta que no se termine
no sabré decir basta
amo, amo
y es un don natural
porque nuestra historia
no es sólo una aventura
amo, amo
y es una simple canción
que me sirve para decirte
que sos una en un millón


 
Giorgos Sabanis, un griego!!!.... de griego no entiendo nada, pero me gustó! jaja. (gracias Marce!)
 

 
 
Y para finalizar, un mexicano que en este tema me causó mucha gracia, y eso que a mi lo mariachi no me inspira!. Chava Flores y el gato viudo!... jeje.
 

 
Abrazos silabarios!!! buen viernes!!! hasta la próxima!!!.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Atravesando Comienzos


Con una pereza que sólo sabe de bostezar, de dormirse tarde y rezongar ante el temprano amanecer. Con la remolona pereza, esa que se resiste y me regala la dicha de no dejar atrás las vacaciones, viajo hasta este espacio para dejar constancia de mi más serena inercia.
Se vislumbra otro punto de partida. Otro más de los tantos a los que nos vamos enfrentando a diario con desganada prisa. Y es que calmar una inercia quietud para enfrentarnos a otra de variedad más cinética requiere de fuerza. Una fuerza para frenar lo que amasamos en reposo y otra para dar nuevamente impulso. Por estos pagos, hoy no encuentro ni una ni la otra, como si la fuerza de voluntad me negara su solidaria entrega. Me resisto a huir de la calma y también, por partida doble, me niego a transitar las calles de colegio en escuela sumido en una brumosa y espesa carga de obligaciones.
A veces creo que las obligaciones debieran de evitarse. Sería muy sano para el organismo y la luminosidad del ser dejar fluir el alma hacia lugares y eventos en dónde sentir la plenitud de la vida como suave cosquilla entre los días y, sin embargo, la obligación nos secuestra de entre la dicha y nos desaparece forzosamente de nuestra calma otorgando a la voluntad la presencia en la que a menudo se nos esconde, haciendo que nuestra vida se torne ágil, desmesurada, monótona de horarios y de un falso sentimiento de sabernos útiles ante una humanidad que nos observa. Incluso a veces, cada vez más, la prisa nos niega el placer de sumergirnos en la singularidad de nuestro ser y animarnos a pensar y a expandir con ello el alma, la mente y nuestro infinito ser.
Todo comienza, como el inicio del libro que recién voy dejando ojear por mi mirada, un libro tan gordo y tan grande como Grandes tiene de autora. Todo es comienzo, como el proyecto de mi silabario encuentro con la palabra y sus decires. El comienzo de otro año que no sólo nos encuentra más añejos, también más aventajados en la experiencia y quizá, si supimos regarnos con prudencia y mimos, nos sorprende más sabios. ¿Y el cansancio?, un año nuevo en la vida de quién ha transitado algunos cuantos años nuevos, ¿no nos visita cansados?. Si uno se cansa de la prisa, también puede cansarse de la pausa y quizás aquí, como en tantas otras razones de vida, todo dependa del punto desde el cuál hagamos pie para observar el panorama. En mi caso prefiero el cansancio de la pausa. La prisa me marea, me inmoviliza, me satura, me distrae, me corrompe la creatividad y la imaginación, me niega el placer de las lecturas porque los ojos trajinados del día, cansados de haber mirado tanto, por la noche desean cubrirse de sábanas. La pausa me serena, me da calma, permitiéndome entregarme a un om sin límites y a un maravilloso mundo imaginado. La calma cultiva mi día y la prisa corre junto a mi sombra a quién debo intentar asirme de todos modos a pesar de siempre darme la espalda.
A las puertas de un nuevo comienzo pienso que aún no he preparado la agenda, no he revisado las fechas de los exámenes, no he tocado un solo libro de estudio y ni siquiera los encuentro porque mi mente se niega a verlos. No organicé el maletín ni preparé el saludo anual de bienvenida a mis estudiantes. Me impulsa un deseo de abstraerme y hurguetear entre amarillentos papeles para robarles algunas palabras que supieron decir algo y que bien podrían repetirse.
Sin ánimos pero con la certeza de que la inercia del movimiento y las obligaciones arribará de todas formas, en forma inexorable y sin derecho a réplica, les auguro a todos (al menos para aquellos que comparten conmigo la vocación docente) un buen comienzo, acompañando esta fatiga que no me deja ni siquiera ganas para escribir, con un escrito de alguién que tiene la palabra justa para el momento indicado...

Del autor de Crónicas del Ángel Gris y Lo que me costó el amor de Laura...

LA AVENTURA DEL CONOCIMIENTO Y EL APRENDIZAJE

La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: "....haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos....."
Quizá se supriman algunos... detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las "señoritas livianas", los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que no ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.
Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho "vento" sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.
Los cursos que no se dictan: Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. "Olvide hoy, pague mañana". Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los "sistemas para enseñar lo que es bueno", "a respetar, quién es uno", etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a enseñar" y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.
Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.

"Aprenda a tocar la flauta en 100 años".
"Aprenda a vivir durante toda la vida".
"Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje".

ALEJANDRO DOLINA

Reivindiquemos a Manuelita! Reivindiquemos el ocio sanador y creativo! Reivindiquemos la calma en nuestros apresurados relojes! ese que de tanto girar ni siquiera ha logrado extender la duración de la rotación terrestre a 30 días como me aseguró Emiliano sabiamente en su exámen final de Ciencias Naturales hace días....

Sin embargo, no lo creo necesario. La naturaleza es sabía y mucho más sabio quién la puso en marcha. 24 hs. deberían alcanzarnos. Pues entonces, démosle Tiempo al Tiempo...

domingo, 21 de febrero de 2010

Gusto e Piacere

Una recomendación Silabaria...


Mientras Almudena descansa de mis retinas ante Los aires difíciles, sumerjo mi imaginación en el interior de otras lecturas que me convocan desde hace días. Me acerco al estante y veo el lomo color rojo que sobresale entre los puntos de una mantilla que entreteje la abuela Lita. Una centenaria manta con la que relata la historia de su madre a un adolescente que logró encerrar en el baño de su casa cuando quiso intentar robarle.
Esta es la simple y magnífica trama de Más Liviano Que El Aire, la novela de Federico Jeanmaire que recibió el premio Clarín 2009.
Con la ironía a cada salto de oración y con el humor en cada página, esta historia nos narra el devenir de una sociedad que nunca supo superar el complejo “gaucho”, ese al que el autor le imprime todo el tinte de malestar patrio contagiado a través del mate.
La abuela Lita es el fiel reflejo de una anciana soledad y Santi, el adolescente de 14 años es sin duda, el fiel retrato de la desorientación juvenil, la mala educación, la pérdida de valores y una luz que vuelve a alertarnos sobre la crisis adulta que los deja cada vez más, naufragando a la deriva.
Dos generaciones enfrentadas a través del tabique de la incomunicación. A medida que se alcanza el utópico intento por matizar las subjetivas miradas cubiertas por lo que fue y lo que será, aparece un pincel que va esfumando los límites entre las polaridades, confundiéndose lo humano con lo inhumano, lo justo con la injusticia, lo claro con lo oscuro.
Al leer la primera hoja tuve la certeza de que no me defraudaría, y no lo hizo. Menos de una tarde de sábado alcanzaron para zambullirme, nadar, tocar fondo, hacer la plancha y llegar a la orilla del inesperado final. Una lectura ágil pero profundamente inquietante. Interpela, divierte, asombra y sobre todo, lo más importante, nos pone una vez más a pensar.

Transcribo un fragmento de su primer capítulo para contagiarlos...

Siéntese sobre la tapa del inodoro. Si quiere. No vaya a creer que lo estoy obligando. Se me ocurre, nomás, que puede estar más cómodo sentado sobre la tapa del inodoro. Yo también me traje una silla y la puse cerca de la puerta.
Le voy a contar algo.
No refunfuñe. Le va a hacer mal ponerse así y, además, no va a ganar nada. Hasta le puede llegar a subir la presión. Se lo juro. A mi me ha pasado.
Algo. Le voy a contar algo que tengo muchas ganas de contarle.
Por favor. Sea bueno. Cállese de una vez, cálmese, deje de golpear la puerta como un tonto y escuche quietito que no le va a venir nada mal escucharme.
Le conviene, yo sé lo que le digo.
Siempre se aprende de los viejos. Claro que a ustedes, me refiero a los jóvenes, les parece que no, que nada se puede aprender de una vieja tan vieja como yo. Noventa y tres años, tengo. Para noventa y cuatro. Mucho, ¿no?
Da la impresión, no se lo voy a negar, pero la verdad es que se pasa rapidísimo; una casi ni alcanza a darse cuenta de que está viva y ya tiene que morirse. Aunque usted no me crea, está en todo su derecho. Sin embargo, le repito que el tiempo vuela, que pasa volando como dice la gente. Y una ni se entera. A una le parece que todo ocurrió ayer o un rato antes de ayer. Pero no lo quiero entretener con estas cuestiones: si usted me deja, yo le cuento lo que quiero contarle sobre mi madre y listo, ya está, le prometo que no lo molesto más.
Sí, sobre mi madre.
Así me gusta, que sea un poco más dócil, que entienda, que se deje contar. Usted es joven y aunque sea mentira, estoy segura de que todavía cree que tiene toda la vida por delante. Un montón de tiempo por delante. Y eso es mentira, por supuesto. Una mentira tan grande como el tiempo. Pero usted todavía no lo sabe y, cuando lo sepa, créame que ya va a ser demasiado tarde. Como me pasó a mí. De todos modos, le agradezco que ahora tenga ganas de escuchar. Y de aprender, también.
Ah. Entonces no tiene ganas. Ni de una cosa ni de la otra. Y, bueno, puede ser que no tenga ganas. Aunque, claro, yo le voy a contar igual lo que quiero contarle. Mejor es que lo sepa desde ahora. Usted se me queda bien calladito, yo le cuento y, después, ya me dirá si le interesó lo que le conté o no le interesó un comino. De cualquier manera, la verdad es que estoy un poco sorda, qué se le va hacer, problemas de la edad. Así que.
El asunto es que mi madre se llamaba Delia. Pero le decían Delita. Y aunque no llegué a conocerla, permítame que yo también la llame Delita. Para mí es Delita, siempre será Delita, vio cómo son esas cosas.

Algo sobre el autor y su obra literaria (clic sobre el título del post).

Buen cierre de domingo!.

sábado, 20 de febrero de 2010

Minusculario



A veces

Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.

Ángel González

A veces... A veces... A veces... A veces...
A veces no encuentro ni siquiera un ramillete de palabras.
En otras ocasiones, al contario, surgen a borbotones pero no puedo hilar con ellas ni una sola oración con sentido y vida propia.
A menudo las ideas me abandonan y allí siento perder todo el encanto de esta Tierra Silabaria.
Oportunamente, al suceder de estas catástrofes, siempre me rescata la palabra, la oración o la idea de algún otro Silabario o Silabaria.
No es esta la excepción.
Aquí, un mínimo relato sobre dos pensamientos muy humanos y muy terrenos.



Dualidades


Ayer por la mañana:

Juana anda de fiesta con la sola idea y el deseo postergado de viajar a Paris. Ella tiene el dinero necesario y la ausencia de quién acompañe su sueño. Quiere y anhela ese viaje como nada en el mundo y a ello se acerca desde cada centavo que logra remilgar en su bolsillo. No sabe que a menudo las ideas buscan asilo en otro sitio y se mudan robándole algún que otro vuelo por el aire.


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Ayer por la noche:

Juana escucha la sugerencia de su hermana Ester y si bien le produce cosquillas en la panza, no logra despojarla de su maletero ropaje. Consulta precios y telefonea a su amigo Lito al que anoticia sin mucho entusiasmo. Lito le imprime coraje. Asegura que sería un golazo abandonar la fiesta en otras manos al precio que sea y arremeter con pasión y ganas ante el modelo 2007, full, a ese precio y con esa facilidad de pago. Luego, ante una eventual compañía de bolsillos descocidos, siempre sería posible mover el gol del arco y en su lugar montar nuevamente la fiesta, escalar la sierra o encender un foco en pos de abordar la galaxia de sus andanzas.


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Juana hoy se comunicó con Ester. Está decidida. Venderá su auto modelo 95 y comprará el de su hermana que es un poco más cercano en años. Del otro lado del teléfono se escucha una exclamación que la silencia y la sentencia.

-¡Qué forma de pensar tienes Juana! ¿A quién se le ocurre bajar de modelo una vez sumado algunos números de patente? En todo caso, que la compañía venga envuelta con papel verde, de ese que no sólo sirve para pagar tu viaje y tus regalos, también para cambiar nuevamente el auto, la casa y ese aire en el ojo que nunca dejó de impresionarme.