Material exclusivo para utilizar en el baño

martes, 9 de febrero de 2010

Crónicas Cotidianas

Parafraseando a Michael Foucault es posible afirmar que se puede intentar el arte a través de las propias vivencias, es decir, transformando en magia lo cotidiano, como aquellas carabajales manos de madre que decendían al patio al asomar el Sol y jugaban a la creación con el barro entre los dedos.



¿Quién no experimentó alguna vez el "ruidismo experimental"?

Un atuendo silabario

Cuando salimos en busca del auto en aquella noche que además de fría estaba más oscura que de costumbre, casi en silencio, casi imperceptibles y sin aún darnos cuenta que en dichos lugares las cosas nunca son lo que parecen o, lo que es peor, todo lo que allí acontece siempre es un constante transgredir ciudadano, no nos pareció escuchar nada raro ni ver algo extraño en el interno del pequeño edificio donde hacía poco tiempo habitábamos.
Conversando a media voz, debido a que por esas horas y en una noche invernal la gente suele recluirse bajo el manto cobijo de sus frazadas, bajamos pausadamente las escaleras.
Llegamos a la vereda acompañados de Prisa y de Frio. Creo que por prudencia y por preservación natural ellos decidieron tomar otros rumbos al momento de vernos subir al auto que había sobrevivido el paso de la tempestuosa e inesperada nieve y no había resistido días pasados el pequeño impacto contra un conteiner ubicado en la vereda de enfrente. Recuerdo que el día del golpe, con Prudencia aprendimos para qué puede ser utilizado un espejo retrovisor. Dicho accesorio venía avisándonos, con tiempo, de sus fructíferas utilidades ante nuestra mejor cara de autismo e indiferencia. Con dicha marca en el baúl, que daba un aspecto símil cartón corrugado, fuimos en marcha normal hacia la terminal dónde mamá se embarcaría en su habitual micro quincenal en busca de un espacio mucho más libre, más infantil y tierno.
Al regreso, antes de abrir el portón para ingresar en la cochera, una Lámpara encendida y unas acaloradas Persianas abiertas en el piso inmediatamente superior al que alquilamos llamaron poderosamente nuestra atención. Quizá el lector piense qué puede tener de extraño todo aquello. Lo cierto es que tendría la libertad de pensar lo que quiera. Y está bien, un lector siempre puede imaginar y pensar lo que se le pase por la mente. A nosotros, de todos modos nos invadió Curiosidad porque en pleno Julio y a las dos de la madrugada, encontrar en la ciudad un departamento con persianas totalmente elevadas y ventanales abiertos, no era algo habitual.
Junto a Curiosidad ingresamos al hall completamente oscuro en dónde a tientas busqué el interruptor adecuado para iluminar nuestros pasos ante los peldaños de aquella escalera que nos obligaba a realizar ejercicios a diario. Antes de dar con Luz pero habiéndome reencontrado con Asombro, escuché que la penumbra sonaba. Ruidos de diverso origen provenían desde lo alto a través de la oscuridad. Tac, toc, risas –silencio- corcheas, fusas (más tarde michifusas) -silencio- tong, bang, plin –caja- y otras tantas auditivas onomatopeyas conocidas y extrañas que se puedan imaginar. Antes de subir las escaleras, Luz se había escondido, Asombro se tornaba cada vez más histriónico y Sonido, quién se había unido a nuestra escalada, intensificaba la frecuencia y agudizaba la longitud de sus ondas. Tomados de la baranda y subiendo con Calma, a quien habíamos convocado para evitar que se nos uniera Porrazo, mi cabeza comenzaba a relacionar la lámpara, las persianas y los ventanales abiertos con el denso y ruidoso Sonido, al que entre tanto, Curiosidad no dejaba de echarle el oído.
Buque Factoría se había presentado el viernes en El Peladero. Esa madrugada era dominguera y aquel espacio no era ni de arte ni de resistencia. De todas formas, creímos, sin lugar a dudas, que de habernos dejado llevar por la reciente aparición de Violencia, muchas plumas hubieran volado a la calle aquella noche.
Un poco aturdidos ingresamos a casa y en ese momento recordamos la última clase de yoga en dónde habíamos conversado acerca de la importancia de la concentración y los efectos tranquilizadores de la respiración. Intentamos vanamente llamar a Om para hacerle el pedido adecuado, pero jamás contestó el teléfono. Obviamente que sin Om, Relajación no vino nunca. A quien sí encontramos dentro del departamento fue a Luz, que nos ayudó a quitarnos el abrigo y a realizar todos esos gestos que uno tiene por costumbre realizar al llegar al cálido hogar luego de atravesar la ciudad, con Noche y con Tiritas de frío.
En el interior, la cama esperaba habitarnos o nosotros esperábamos habitar la cama. Los párpados se cerraban al mismo tiempo que un insomne Sueño nos visitaba jugando a robarle el aburrimiento al reloj, quitándole y escondiendo sus agujas por algún rincón de la conciencia. Asombro entre sombras no dejaba de observar sobre mis hombros tan irreverente y burlón espectáculo. Entre los dos hipotetizábamos acerca del extraño comportamiento de Sueño asegurando que, o bien estaba drogado o había conseguido un trabajo con turnos rotativos y esta era la trágica noche del cambio. Igual no estábamos solos. Cansancio nos esperaba despierto entre las sábanas y Sonido jugaba al amor con Ruido intentando la reproducción que iba dando sus frutos en altos Decibeles. Entre tanto caos auditivo, mis recientes compañeros no podían escuchar mi pensamiento que pedía a gritos me ayuden a encontrar la forma para que en el piso de arriba bajen el volumen de los tacos, de los golpes, de las voces y de la música. A esa hora y ante semejante espectáculo no hubiera dudado en telefonear hasta al mismísmo Michael Flatley para implorarle que incorpore a su elenco de bailarinas a mis sonoras vecinas. Sin embargo, casi de inmediato abolí tal idea. ¿Se imaginan un Lord of de dance bedettisimo? De sólo pensarlo me daba risa y entre sonrisas me preguntaba acerca de la existencia de algún lugar a donde enviar a estas hermosas criaturas de Dios a practicar el desacoplado step o tap dance que sonaba desde lo alto. Se me ocurría que quizá se podrían haber instalado como teloneras en la ante prima de algún piquete, de algún escrache o algún cacerolazo de esos que supimos conseguir, al menos allí, ante tanta manifestación pasarían desapercibidas. Mientras tanto el insomne Sueño señalaba con ansias al reloj, que habiendo encontrado el segundero, hacia girar sus agujas obligándolas a que atravesaran nuestras retinas mostrándonos un horroroso 4, expresado en horas y otros no menos horrorosos 45 vecinos minutos.
Con la dicha en sus ojos y la alegría de quién da con aquello que hace tiempo buscaba, volvió Curiosidad atravesando el ruidismo experimental que surcaba nuestros oídos. Supimos, de su buena y saciada fuente, que las bellas criaturas eran mujeres en noche de solteras, o al menos eso comprobó por el frenesí en la emoción de los gritos con tono agudo, por el taconear inquieto, por las corridas en las escaleras ruborizadas de maquillaje y perfumadas hasta en los peldaños y por el bocinazo final de aquel auto que, poblado de testosterona las euforizó en aullidos desafinados que despertaron a todos los inquilinos que por ese entonces y a esas horas aún permanecían en el edificio, convocándolos de esa forma a la fiesta del popular condominio insomnio.
Pero como es bien sabido, nada es para siempre. En un breve lapso que no duró más que un respiro, el ambiente fue poblado por Silencio y en ese momento, con Sueño en pleno vuelo y Cansancio en pausa pensé que Paz podría dar tregua a la Violencia que había hecho pareja con Ánimo. Sentados en torno a la mesa, con una taza de café en cada mano, acordamos enmendar o llamar a la razón y a las sanas costumbres a tanta desconsiderada plaga hormonal. Si bien estábamos de vacaciones, una bella clase simbólica acompañada de Ciudadanía no le vendría mal a nadie, más teniendo en cuenta que se trataba de hacerlo fumando la pipa y firmando el tratado ante escribana paz. Fue entonces que recordé una imagen que si bien podía ser sinónimo de censura, a esa hora de la avanzada madrugada, con los ojos en compota y habiendo soportado el estruendoso concierto junto al poblado atuendo que había encontrado asilo en mi caminante casa, adquiría el aspecto de señal de vialidad condominial.
Imprimí la imagen en tamaño considerable. Salimos luego. Subimos pausadamente las escaleras y, mientras Paz pincelaba de calma los rostros enojados de los vecinos, Cansancio los iba hipnotizando en un bostezo y Sueño los acompañaba con Calma a reencontrarse con sus descansos nocturnos, yo pegaba el significativo cartelito en la puerta correspondiente al segundo piso A.
                                       
Volví entonces a mi cama, secundado por el cortejo de aquel silabario concilio. Nos dimos las buenas noches y cada cual retomó a su puesto habitual en el relato de mi agotada persona.
Obvio que amanecí tarde y siendo bastante pasadas las doce del mediodía, horario en que la gente y más en domingo, habitualmente puede dormir una pequeña siesta. Mis huéspedes estaban en armonía disfrutando del merecido descanso y yo, habiéndome olvidado del cartel y las inclemencias de la noche, me senté a leer el capítulo del libro que seguía desde hacía días. Armonía, a la que todo barco la deja en buen puerto, se escapó de entre mis manos con Temblor cuando de repente entre lectura y emoción Estruendo me asustó. No solo un taconeo, un zapateo que me dejó sordo resonó en todo el living comedor. Agradecí a Recuerdo su presencia, sin él no hubiera sido posible mi quietud y mi huidiza sorpresa. Creí comprender al mismo tiempo que mis vecinas no habían entendido el mensaje y que nosotros éramos demasiado poco persuasivos.
Jamás debería haber dejado a Paz firmar el divorcio con Violencia. Quizá de esa forma se nos hubiera ocurrido algún método más coercitivo.
De todas formas, a esa hora Sueño estaba de visita por otros hemisferios y la verdad, poco importaban esos sonidos. Igualmente y a sabiendas de que Soledad es la única que puede vivir sin compañía durante cien años, no quería que la noche del lunes nos sorprendiera en vilo. Con Suerte y Sor Cordura, iban llegando de visita Mesura y Lógico, quiénes, entre taconeo y zarandeo nos aconsejaban instalar un porta tacos en la entrada del edificio y una zapatería a la vuelta, para el lavado de calzado.
¡Inútil empresa la nuestra! Al momento de efectivizar las instalaciones, nuestras vecinas se llevaron los tacos hacia otro vecindario dejando en su lugar un departamento cerrado que desde entonces fue habitado por material Vacío. Un Vacío que tiene la virtud de ser escuchado, cuando al anochecer, abrazado a mi amante Sueño, deja sonar crujientes ronquidos provocando nuestro más atemorizado y ensordecedor Silencio.




1 comentario:

  1. JAJAJAJAJAJAJAJ Muuuuy buenoooo! Esas peleas entre vecinos son de lo más típicas y tienen un dejo de diversión cuando se utilizan herramientas como tu dichoso cartel! jajaj, me encantó el post primo! nos vemos pronto porque mañana voy para Bahía! jaja besote!

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