Material exclusivo para utilizar en el baño

sábado, 20 de marzo de 2010

Colaciones cotidianas


Concluye la segunda semana de clase con mucho cansancio, desperfectos y olvidos.
El tiempo para el descanso es escaso y pocas veces lo encuentro. Cuando logro dar con él, deseo prolongarlo infinitamente hasta que vuelvo a la realidad en un sonar creciente y agudo tic tac. Me incorporo y vuelvo otra vez a empezar ya sumido en la inercia del movimiento y la rutina, agendando reuniones y fechas de entrega.
Entre tanta obligación adjunta no encuentro el momento para sentarme a escribir y en el entre tiempo, ese que no alcanza para nada, se van sucediendo una concatenación de acontecimientos que hacen de el una pausa sin aburrimientos. Yo lo llamo la colación de lo cotidiano ya que siempre ocurren entre medio de las actividades diarias y en oportunidades, me obligan a replantear el día o cambiar de rumbo.

Colaciones de la semana:

Lunes: contento y tranquilo llego a sala de profesores a disfrutar un café y un momento de silencio. Al entrar una locuaz compañera me mira y me dice con una sonrisa de triunfo:

-No le dan las manos para quitarse todos los aros –refiriendo y señalando con la mirada al alumno que está sentado de espaldas a mí y vecino a ella- Ves como está institucionalizado el tema de los aros, para imitarlo!.

Sonreí y fui por mi café sin siquiera emitir una respuesta, sólo esbocé una sonrisa cómplice con Marta quién a esas alturas ya estaba en el convite y se sumaba a mis pensamientos.
Al rato, otra compañera con aire altanero me increpa para decirme que el cambio de horario propuesto por mi era inviable, que ella lo había pedido primero y que su antigüedad la avalaba –en años o en cargo? Pensé- Con la tranquilidad con la que suelo vestirme en tales circunstancias, respiré profundo y en forma calma entablé una conversación con ella en la que logré cerrarle la boca y taparla con un cambio de horario aprobado por los directivos y ya efectivizado (eso sí, a partir de la próxima semana porque esta semana los chicos iban a sufrir grandes trastornos si modificábamos sus horarios en forma repentina)

Martes: Finalmente el cambio de horario se materializó en forma súbita porque debido a la incomunicación reinante en dicha institución de la cual me aferré, supuse que no avisarían del no cambio a una compañera y entonces con Marta dimos rienda suelta a nuestro plan. Perfecto!.
Por la tarde compro unas llaves de luz para dimerizar las relucientes dicroicas que adornan mi living desde hace algunos días. Con ilusión y con Clau que me acompaña y me sugiere y me incentiva y le pone ganas, intentamos el cambio. Entrecruzamos cables, los juntamos, los movemos a riesgo de quedar con la permanente hecha sin lograr el éxito esperado. Conclusión: no se puede realizar la acción, las dicroicas no vienen para teclas combinadas. De haberlo sabido no gastaba 40 pesos, pero claro, para eso habría que tener nociones de electricidad práctica y yo sólo tengo un poquito de conocimiento de electricidad teórica que de hecho, no sirve para nada -lo confirman los hechos, este, y otros tantos de mi reciente pasado-

Miércoles: por la mañana lluvia torrencial, de esas que vienen con lucecitas y percusión incorporada. Con la pereza y la ensabanabilidad que prometen esos amaneceres grises y oscuros me acerco a la ventana, levanto la persiana y observo que la calle es el río de la Plata. Me preparo, bajo las escaleras para buscar el auto y me enfrento con la laguna de Chasicó en plena cochera siendo el Ford Sierra en su interior las cataratas del Niágara. No sólo me mojo, sino que en dicho intento también me embarro y el auto no arranca. Intento con un taxi y tampoco logro una respuesta a mi movilidad estancada. Finalmente desisto, llamo a la escuela y aviso que llegaré tarde –entre tanto pienso en forma segura: si es que llego-
Clau, que aún me acompañaba, me mira, y con su ternura característica me dice:

-Viejo! Te acompaño en sentimiento!!! - Y me ofrece un mate a modo de consuelo.

Ni modo, todo decía quedate en casa y no hice mucha fuerza para torcer el destino matinal.
Por la tarde todo mejora, no sólo sale el sol, también baja la humedad y un calor sofocante me provoca una transpiración tipo sauna en mis esforzados movimientos durante la clase de yoga. En esas contorciones de posturas invertidas estaba cuando montado sobre una silla con las piernas elevadas y pantorrillas apoyadas sobre el respaldo, los pies con los dedos tocando el cielo y la cabeza flexionada sobre un almohadón en el piso con la coronilla apuntando a la pared del fondo (brazos paralelos al suelo con manos sosteniendo el sistema cuerpo-silla aferrados a los caños traseros del asiento) en un intento por desarmar la postura, la silla se asustó al ser observada por el rostro de mi compañera de adelante y al intentar salir corriendo me dejó desparramado en el suelo ante una carcajada rotunda, una preocupación docente y un codo magullado que aún hoy me duele.


(Serie de posturas invertidas para activar el sistema inmune, Adho mukha vrksasana, Pinca mayurasana, Sirsasana y Sarvangasana trabajan directamente el sistema inmunológico, particularmente las glándulas y los conductos endocrinos. La segunda postura de la fila uno es la que desarmé comprando el piso jajaja)




Jueves: alrededor de las dos de la tarde me preparo el almuerzo frugal al llegar de la escuela. Al untar con berenjena la rebanada de pan integral observo detenidamente que no haya trozos de ajos presentes, de esos que la semana anterior aromatizaron mi cavidad bucal obligándome a desistir de mi visita al dentista. Sabiendo que dicho día debía volver para concretar la cita entre el odontólogo y mis muelas, tuve la respectiva precaución sin reparar en mirar el calendario ni la agenda que suelo no usar. Al llegar al consultorio en forma puntual, algo no habitual en mí, la secretaria me mira y sonriendo me dice:

-Tu turno es el día jueves, pero de la semana próxima.

Intercambiamos algunas sonrisas y bromas y aprovechando el sol de la tardecita me fui para casa con un sonar molar alegre y algún doliente mordisco, de esos que aún me acompañan.

Viernes: jornada maratónica, kilométrica y full a nivel escolar. Jornada completa, extendida y estirada. Jornada de 7:30 a 20:30 en forma continuada y con carrera de postas. Ni tiempo para colaciones.

Sábado: (hoy) Me levanto a las nueve y media luego de haber dormido mucho. El cansancio acumulado fue agotador. Relajado me dirijo hacia las ventanas para sembrar de luz los espaciosos habitáculos de mi departamento en penumbras. Al abrir las persianas observo una mancha verde sobre el asfalto. Me refriego los ojos y observo con atención. ¿Quién sacó mi auto de la cochera?... Creo que nadie, creo que anoche lo olvidé afuera cuando cansado entré a casa y me desvestí para meterme en la cama y dormir el agotador sueño acumulado en la semana.
Mientras me despabilo sonrío, tomo el teléfono celular, recuerdo a la hermana de Marta y mientras mando CHOTA al 2020, enciendo la radio y escucho:


jajaja y en su versión original!


Nada mejor para empezar el finde, abrir una bolsa, meter toda la semana adentro, cerrarla y dejarla a un costado para abrirla el día lunes nuevamente!... Siendo las cuatro de la tarde ya se habrán dado cuenta que ni siquiera bajé a ver o entrar el auto... para qué si de acá arriba se ve perfecto!!! Jajajaja
QUE TENGEN EXCELENTE FIN DE SEMANA!!! ABRAZOS!!!.



No hay comentarios:

Publicar un comentario