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sábado, 27 de marzo de 2010

Encendamos el planeta...



Hace unas semanas me embarqué en el vapor del cambio climático junto a mis alumnos del bachillerato de adultos con quiénes vi por primera vez y en reiteradas repeticiones, “Una verdad incómoda”, un documental de Al Gore, ex candidato presidencial de Estados Unidos que compitió junto al entonces electo y controversial presidente George Bush.


El sacudón fue muy fuerte, incluso para mí. Por momentos me sentí esa rana que, sumergida en el agua, va sintiendo elevarse la temperatura sin modificar para nada su postura, acostumbrándose al cambio sin advertir lo peligroso de la quemadura.
En reiteradas oportunidades me habían recomendado verlo y en las mismas oportunidades me limité a dejar en el cajón de las películas un dvd con el contenido del documental sin animarme a enfrentarlo por temor a verme cara a cara con una verdad que a sabiendas, a veces como ser humano uno niega o simplemente, esquiva por comodidad mirando para un costado.
Al buen decir de Al Gore, esta verdad es inconveniente para cualquier gobierno, sobre todo, para el de Norteamérica, primero porque son los que más colaboran con el cambio climático y segundo porque de centrar la mirada en lo real del problema, los enfrentaría a un problema moral y ético que nadie, en términos económicos y cómodos quiere asumir.
Dejando de lado el trasfondo político, en cierto modo rencoroso, que acompasa implícitamente todo el film, no deja de ser una muestra contundente y abrumadora de lo que está sucediendo en el plantea a partir del uso de las nuevas tecnologías que siguen, en mayor o menor grado asociadas a estrategias y modos de obrar antiguos, como es el caso de las guerras y los nuevos elementos que se asocian a ella.
Básicamente el cambio climático tiene que ver con la acumulación de gases de invernadero en la atmósfera terrestre. El más común es el dióxido de carbono cuya fuente de emisión principal es la que proviene de la combustión de combustibles fósiles, pasando por la de los autos hasta la producida en la generación de corriente eléctrica. Si a eso le asociamos una población mundial en crecimiento exponencial y la tala desmedida de árboles –porque se necesitan más recursos para sostener dicha población- el resultado es lo que ya tenemos al alcance de nuestra vista y de nuestros termostatos. Los gases de invernadero, acumulados en forma excesiva, funcionan como un escudo o espejo impidiendo que la energía absorbida por la Tierra durante el día pueda ser emitida al espacio durante la noche. Esa energía se concentra en la atmósfera y genera aumentos de temperatura que no ascienden en forma gradual, más bien lo hacen en forma abrupta provocando, entre otras cosas el aumento en la temperatura del agua, altos porcentajes de humedad, masas más elevadas de viento, evaporación de la humedad en los suelos y espejos de agua con la consecuente producción de sequías y desiertos, derretimiento y desprendimiento de masas abultadas de hielo glaciar y polar y el sucesivo aumento en el nivel de los océanos, corrimiento de las estaciones y la desaparición gradual de nichos ecológicos que en su ausencia dejan el terreno libre para que otros nichos, que ya creíamos exterminados, vuelvan a ocupar su lugar.
Si miramos bien, la evidencia ya está ante nosotros. Miremos nuestros glaciares (Paco Nadal hace referencia a eso en una de sus crónicas patagónicas), miremos el dique Paso de las Piedras y el Desierto de Patagones, miremos la población zumbante del mosquito portador del dengue que ya revolotea por nuestro territorio. Si bien esto habla de la dinámica interna de la Tierra, no podemos ser tan ingenuos en nuestro pensamiento y creer que todo depende de ello. Algo está pasando y nosotros no podemos seguir con la venda en los ojos, más que nada, porque consciente o inconscientemente, más directa o indirectamente, también somos parte de la generación de todas estas consecuencias.
Estamos frente a una cortina de humo que nos vela el pensamiento y la mirada y si bien todo tiene que ver con aspectos políticos, cada uno de nosotros tiene la obligación moral de correr el velo y sumar su granito de arena, modificando rutinas como la de dejar computadoras encendidas aún cuando no estamos frente a ellas, utilizar menos bolsas de plástico, utilizar lámparas de bajo consumo, reciclar, bajar algunos grados el termostato del termo tanque, etc., y sumándose a estrategias mundiales de cambio conductual como la que sucederá hoy a las 20:30 en la que se promueve un apagón de energía eléctrica en la llamada hora del planeta.

 

APAGA LA LUZ, ENCIENDE EL PLANETA

La Hora del Planeta 2010 será la mayor llamada a la acción organizada jamás. Servirá para demostrar que, actuando juntos, todos somos parte de la solución al cambio climático, a pesar del insuficiente acuerdo de Copenhague.
La Hora del Planeta de WWF pretende implicar a más de mil millones de personas y movilizar a 6.000 ciudades del mundo para demostrar el apoyo global a la acción contra el cambio climático.
El día 27 de marzo de 2010, de 20:30 a 21:30, descubre lo que millones de personas pueden hacer juntas.
Un gesto, un símbolo; mil millones de gestos, una acción global por el clima.
(para más información, click sobre el título de éste post)

¿Te sumas conmigo? ¿no crees que vale la pena?
El cambio climático no es un mito, no es una teoría, es, mal que nos pese, un hecho!.
 
EDITORIAL DE HORIZONTE SUR A LA INTEMPERIE, CUARTA SEMANA DE MARZO DE 2010


Con extraordinario acierto, dijo Antonio Brailovsky días pasados que: “Vivimos en una sociedad que ha perdido su posibilidad de reconocer su entorno natural. Las últimas inundaciones en Buenos Aires mostraron el asombro de cientos de miles de personas que fueron engañadas por desarrolladores inmobiliarios y políticos corruptos, que los metieron a vivir en los valles de inundación de los arroyos. La operación consistió en tapar los cursos de agua y después convencer a los incautos de que habían dejado de existir. La cantidad de afectados por estas inundaciones muestra que la maniobra fue exitosa y que, realmente, mucha gente cree que la existencia de una gran ciudad hace desaparecer los mecanismos de funcionamiento de la naturaleza”.
Sí, comparto el que hemos perdido aparentemente la posibilidad de reconocer nuestros entornos. Tengo la esperanza sin embargo, que estemos principiando el esfuerzo gigantesco de salir de ese autismo ecológico en que estuvimos durante tanto tiempo. El cambio climático, los desordenes geológicos cada vez más intensos y repetidos, el paisaje devastado de una Argentina interior que cualquiera puede comprobar si sale de la gran ciudad, y por último, el propio paisaje devastado de la gran ciudad plagado de basura, ayudan a que la conciencia del común despierte, frente a los riesgos de un camino demencial y las amenazas de un futuro inapelable.
No son esos, sin embargo, los temas de la gran agenda política que, continúa debatiendo si la sonrisa de la Marcó del Pont es más o menos gardeliana. Hubo una época, allá en los inicios de la Democracia, en que los debates por la Deuda Externa movilizaban multitudes, esos debates nos apasionaban y tratábamos de comprender cuánto de nuestras vidas y de las de nuestros descendientes, estaba en juego en el modo en que se decidirían esos escenarios posibles, tanto de negarse a pagarla como los de aceptar discutirla en todos sus términos o en parte. Hoy pareciera que aquellos debates hubiesen ocurrido hace siglos, tanta agua corrió bajo los puentes. La política como negocio y su complemento imprescindible, el asistencialismo, ha hecho verdaderos estragos sobre la conciencia de los argentinos. Abundan sin embargo, los que siguen trabajando de motu propio en villas o en zonas carenciadas, aun al margen del asistencialismo oficial de los municipios y del Ministerio correspondiente. Muchas veces lo hacen ganados por la buena fe y las mejores intenciones. Creen todavía con cierta ingenuidad, que pueden ayudar a otros en las terribles situaciones porque atraviesan. De hecho, toda la izquierda ha organizado desde el 2001 y aún desde antes, su actividad en esos bolsones de indigencia, pensando que de esa manera inspirarían a las masas para participar en los procesos de cambios que se proponían llevar a cabo. En realidad, lo único que ha hecho esa izquierda es descubrir como se pueden sustentar las nuevas formas de la marginalidad política, con un diezmo a la indigencia, cómo se pueden arrastrar legiones de pobres a las propias marchas y remedar de una manera patética, los éxitos del peronismo cuándo no se necesitaba como hoy del tetra y del choripan para convocar multitudes.
Mientras la política ha devenido hoy en interminable y cada día más sorprendente culebrón, el asistencialismo, los sueldos engordados con partidas reservadas, los negocios con las políticas de Estado y el tráfico de influencias, son su entrañable y necesaria encarnadura para una generación que alguna vez se propuso el socialismo. Todos aquellos que nos convocan a tomar partido en las actuales circunstancias por los bandos en pugna y que para ello apelan a la impostación y a la memoria de gestas pasadas con sobreactuado dramatismo, nos están mintiendo. Nos están mintiendo descaradamente, y llevan en definitiva, la intención de encubrir las relaciones coloniales que determina el modelo agrícola industrial de exportación de sojas transgénicas, los Agronegocios y su correlato infinitamente infame de usar a la propia población para generalizados experimentos con biotecnologías transgénicas y con todo tipo de agrotóxicos. Durante años hemos denunciado muchos de esos hechos puntuales pensando que ignoraban la existencia de un modelo implantado por las Corporaciones. Hoy es evidente que, con honrosas excepciones, asumen con descaro ese modelo sojero biotecnológico y que las disputas son por ver quién administra la Argentina colonial, y por determinar quiénes pagan la Deuda contraída por la dictadura. Mientras tanto se hacen los distraídos respecto a la vinculación entre las petroleras inglesas que iniciaron la explotación en la cuenca de Malvinas y las empresas que actúan en nuestro país.
Y a propósito del petróleo, la disposición de cortar nuestras naftas con agro combustibles, cuando no tenemos políticas agrarias, cuando existe desnutrición en amplios sectores de la población y cuando el petróleo está en manos de Repsol, y de las empresas británicas y chinas, es una escandalosa maniobra a favor de las petroleras, que la izquierda subsidiada ha silenciado, tanto como silencia el accionar del Ministro Barañao que es quien determina el modelo de país que el resto del Gobierno asume como propio. Que lo anterior se pretenda hacer a nombre del Peronismo no hace más que poner en evidencia las falacias históricas en que se respalda la generación que nos gobierna, una generación que pareciera haber nacido y haberse criado en el engaño y muchos de los cuales alguna vez se sintieron parte de una vanguardia iluminada o acaso los intelectuales marxistas que portaban el pensamiento esclarecido... La política argentina ha devenido en penoso baile de máscaras en que el pueblo mira desde afuera cómo se divierten los nuevos ricos y como, impúdicamente hablan en el nombre de ellos. El modelo con el que enfrentan a la vieja oligarquía vacuna es en realidad el modelo de Elsztain y de Grobocopatel, quienes deben tener cientos de veces más tierras que el oligarca Biolcatti… y que además de ello y de ser desmontadores seriales de las últimas selvas que restan en el noroeste argentino, son una oligarquía prebendaria, apropiada de antiguos bienes del Estado como el Banco Hipotecario, dueños de shoppings y de Puerto Madero.
Hoy, en medio de una pesadilla, la Deuda Externa se honra gritando Patria sí Colonia no… y en nombre de los derechos humanos del pasado cercano se sacrifican despiadadamente a las generaciones venideras… Tal vez en medio del Cambalache discepoliano bastará tal como dice un amigo mío, que en algún momento un loquito emergente agarre un martillo y le empiece a dar a una columna de alumbrado, para que todo el país se convierta en un extendido Baradero… El problema es para qué y en especial, qué haremos después... Lamentablemente, la historia del estallido también, ya la vivimos, y en verdad, terminó mal. Todos los que debían irse y los que se ocultaron por un tiempo, no solamente volvieron, sino que volvieron peor, multiplicados y hambrientos de dineros públicos, como los gatos callejeros. Desde el 2003 para acá han sembrado y cultivado en el exterior sus inversiones en dólares, asegurándole una vida de bienestar a su descendencia por incontables generaciones... Pero además, disfrutan del poder y lo disputan entre ellos con ferocidad digna de mejor causa.
Necesitamos recuperar un movimiento nacional que, nuevamente le de forma a un sueño de Patria y a un Proyecto de País. Ese movimiento necesariamente debe inspirarse en las luchas pasadas y a la vez continuarlas. Ese movimiento deberá ser necesariamente ecologista y antisistémico, porque no existen urgencias mayores que las de interpretar el entorno y reaprender a sobrevivir en medio de las catástrofes en cadena producidas por el Capitalismo globalizado y las Corporaciones transnacionales. Porque los riesgos planetarios y los cambios climáticos lo exigen de modo imperioso. Porque darle la espalda a la comprensión de los ecosistemas que nos alimentan y hospedan, ha conducido en nuestro país, a una situación extrema, en que a poco andar entraremos en situaciones de colapso alimentario tanto como energético. Porque merecemos un país para todos, no una factoría productora de comodities transgénicas, agro combustibles y barros con metales raros, porque nos duele producir forrajes y biocombustibles mientras se alimenta a la propia población con comidas chatarras. Por todo ello es que no apagarán nuestros sueños, y si fuera necesario vestir alguna camiseta, tal como hoy nos proponen, no usaremos jamás las que ahora nos ofrecen, sino la camiseta por una Argentina mejor y emancipada.
(Publicado por la Proudcción y conducción de Horizonte Sur: Jorge Eduardo Rulli, Bernardo Elffman, Wanda Galeotti)

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