Material exclusivo para utilizar en el baño

sábado, 3 de abril de 2010

Ecuación mortal


No es novedoso. Se sabe que combinar tecnología moderna con viejas costumbres produce un resultado calamitoso y mortal. Esto no es nuevo, ni siquiera lo fue en aquel 2 de abril de 1982, más allá de que ya hayan pasado 28 años.
Llego un día tarde al recordatorio pues, como producto de la misma ecuación mortal, un temporal nos visitó el miércoles por la noche causando muchas roturas y caídas de postes en toda la ciudad, afectando el alumbrado, la electricidad y también las señales de cable, teléfono e internet. Recién hoy estoy recuperando la señal de módem y es por eso que, sin querer perder un poco más de tiempo, convido algo de material que me ha llegado en estos días de desconexión.

Este texto pertenece a Alejandro Dinamarca, quién además de escribir, posee el don de retratar el arte de la realidad con sólo abir y cerrar el obturador de su cámara fotográfica. En cada una de las fotografías está plasmada su mirada y el brillo subjetivo de su obervación, provocando cosquillas y temblores desde todos los flancos con vértices de luz.
En realidad, Alejandro es músico, pero de más está decir que es el arte en si mismo quién le permite su comunicación con el mundo, lo reflejan sus fotos, sus cuentos y su música.
Aquí el texto que me mandó por correo en el día de ayer. Si buscan por el blog encontrarán alguna forma de llegar a su blog y si llegan, no duden en sumergirse en la espesa niebla que rocía la ciudad de La Plata en algunas épocas del año.
Es sin duda, un espectáculo maravilloso y sumamanete hermoso.

(Click sobre la ímagen para agrandar y poder leer)

Por otro lado, una carta de Gervasio Sánchez, ganador del premio Ortega y Gasset del año 2008, un premio periódistico otrogado por el diario El País, España.
Gervasio Sánchez ganó el premio gracias a su muestra fotográfica titulada Vidas Minadas. Si bien el título ya nos sitúa en contexto, es necesario ver las imágenes para que nos cuenten sobre el dolor y el desgarro, sobre el espanto y la crueldad con la que algunos que se llenan la boca hablando de derechos humanos, en realidad, los ahogan y los acallan con un poco de técnica y un poco de pólvora.

Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo. ….
Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.
No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.
Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.
Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.
Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.
Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.
Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.
Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.
Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.
Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.
Muchas gracias.

Foto con la que Gervasio Sánchez, ganó el premio.

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