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domingo, 4 de abril de 2010

Imagen y semejanza


Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: -Por voluntad de Jehová he adquirido varón.
Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.
Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.
Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo mas gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;
pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

Génesis 4:1 a 4:5


Caín, además de ser el hermano de Abel y el hijo primogénito de Adán y Eva, es el título de la nueva novela de José Saramago.

Cuando el señor, también conocido como dios, se dio cuenta de que a adán y eva, perfectos en todo lo que se mostraba a la vista, no les salía ni una palabra de la boca ni emitían un simple sonido, por primario que fuera, no tuvo otro remedio que irritarse consigo mismo, ya que no había nadie más en el jardín del edén a quien responsabilizar de la gravísima falta…“.

Con estas palabras se inicia este nuevo relato en dónde, José Saramago, vuelve a demostrar su destreza en la peculiar y personal forma de interpretación de lo simbólico, poniendo el acento otra vez en una historia bíblica. Si en El Evangelio Según Jesucristo nos invitó a recorrer a través de su irónica mirada las venturas y desventuras de algunos de los personajes más emblemáticos del nuevo testamento, en este otro, se anima a un viaje aún más provocativo sumiéndonos en un viaje a través del tiempo hacia el corazón mismo del antiguo testamento.
Con su estilo irónico y ese humor que lo caracteriza, este libro es otra vez una invitación a pensar, en este caso, en un Dios que ha sido creado a imagen y semejanza del hombre y que en palabras del propio Saramago, no es una persona de fiar.
El autor de Ensayo sobre la ceguera, quien se ha declarado públicamente ateo y que no es bien visto por el sector más conservador de la iglesia católica y de la comunidad católica y judía, nos convida en este nuevo libro una historia de la cual todos, o casi todos, sabemos los compases y los ritmos pero a la que nadie se atreve a tocarle el clavijero por miedo a que todo el pensamiento occidental se desafine. En Caín no sólo se desafinan las cuerdas, también se intercambian y se vuelven a afinar provocando un nuevo sonido y promoviendo en el lector un nuevo y más humano acercamiento hacia su creador.


Con esta lectura haciendo crujir mi pensamiento, hoy, domingo de pascua me senté a mirar una película que se titula Backyard Traspatio, escrita por Sabina Berman y dirigida por Carlos Carrera y que hace un tiempo había recomendado Ángeles Mastretta en su maravilloso blog llamado Puerto Libre, en donde la escritora, se suelta al placer de hilar la trama de la vida con hilos pigmentados de todo su sentir cotidiano.
La historia versa sobre las mujeres violadas y sin vida que se encuentran sin pausa desde hace más de una década en forma casi cotidiana en el desierto de Ciudad Juárez, una ciudad mexicana que pertenece al sector fronterizo y que está, básicamente, apadrinada por Estados Unidos, dando cuenta de ello, las maquiladoras y los centenares de mujeres jóvenes que llegan allí para emplearse, como mano de obra barata, en dichas fábricas.
Mujeres abandonadas en fosas comunes que son acompañada a diario por la erosión del viento, las arenas y el picor del sol, otorgando un manjar para los gusanos, las moscas y los carroñeros. Mujeres jóvenes a quiénes nadie observa pero que son vistas por el ojo hambriento y perverso del grupo de hombres que las secuestra con total impunidad en las noches de luna llena dentro de los sectores más humildes del poblado. Mujeres que han cometido el pecado de nacer mujeres en un mundo falocrático que aún las desprecia, las humilla y las mata al amparo del gobierno y de la policía, quiénes a cambio de la vida ajena, obtienen el beneficio de la coima.
Al sucederse las imágenes con las cuáles se iba pintando la trama de la historia no pude más que pensar en Caín y en la secular road movie que fue rodando por las rutas del pensamiento Saramago, pensamiento que se puede condensar parafraseando la oración que corona la contratapa del libro de una forma más general y cotidiana en la que no puede comprenderse la existencia de un Dios que permita, en el interior de su creación, ocurra y sea posible una crueldad tan desgarradora como es la discriminación de género, discriminación que lleva a la muerte, mutilación y desaparición de mujeres, siempre mujeres, en el desierto de ciudad Juárez, posibilitando acuñar la palabra femicidio, un nombre tan atroz como atroces son las muertes.
El film es sin duda un sacudón muy fuerte, una muestra cruda y mordaz de una realidad que no es ajena a ninguna nación. Al observar como una mujer es brutalmente violada por un grupo de bestias, maltratada, apaleada hasta desangrar y asfixiada. Al observar como es arrojada al desierto cuál bolsa de papa, no puedo impedir que broten algunas lágrimas y la sensación aún más certera de que sin duda, esta raza humana a la cuál pertenezco, ha creado un Dios que no conoce de justicia ni de equidad, que inclina permanentemente su balanza y que desprotege a un sector en beneficio de otro.
Al finalizar solo evoco e imagino un desierto rosa, uno que recibe a todas esas mujeres con su arena ávida de huesos para que la abonen y lo vuelvan a nutrir. Un desierto que sin duda, en un futuro cercano florecerá y hará posible un jardín mullido de colores, posibilitando que la vida surja y de sus frutos a una generación censurada por la muerte.


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