Material exclusivo para utilizar en el baño

miércoles, 5 de mayo de 2010

Un mar de risas



Ingresar a trabajar a un lugar nuevo siempre genera tensión, emoción y sorpresa. Uno siente que es observado permanentemente, no encuentra los lugares ni los objetos necesarios para comenzar la tarea, intenta saludar a todas las personas que se cruzan con la mejor de las sonrisas y de paso va tanteando el terreno para encontrar con urgencia aquellos dos lugares que son un santuario laboral: el baño y la cocina.
En el caso de las escuelas, por ejemplo, sustituimos cocina por sala de profesores, que en ocasiones oficia también de cocina, como ocurre en uno de los colegios donde trabajo de forma absolutamente literal. Incluso, la sala tiene un espacio que hace algunas veces de living, en donde hay un juego de sillones de la época de la fundación a los que no les falta cuero pero si carecen de almohadón o estopa.
Esa sala me recibió por aquel 2005 con indiferencia. Me empeñaba en descubrir con la mirada alguna cara conocida, alguna mueca de integración o simplemente un saludo de bienvenida. Sin duda no era relevante, al menos para ellos, para todos lo que allí se reían, conversaban y tomaban su café de media mañana.
Cuando por fin desistí de forzar la situación apareció en escena Marta que muy amablemente me dio la bienvenida y me preguntó sobre mis nuevos quehaceres en la escuela. Inmediatamente me convidó un café y acto seguido me dio una lista clara, concreta y concisa como toda ella, en donde la certeza se materializaba en una sola frase: Los buenos modales, en esta escuela, escasean.
Desde ese día y sin más explicaciones entendí cómo era el modus operandis en dicha institución.
Si bien Marta siempre fue muy reservada, poco a poco me di cuenta de lo que sucedía. Ella aparecía y desaparecía sin dejar rastros ni evidencias. Entraba en la sala de profesores perfumando el entorno, preparaba su café en cada recreo y se sentaba entre los otros iluminando con sus ojos y sonriendo la vida que disfrutaba desde siempre, una vida que los otros, los que allí se congregaban, debían comprar para satisfacer sus frustraciones y sus miserias.
A medida que fueron pasando los días y los meses me fui dando cuenta que en aquel sitio no sólo escaseaba el buen modo, también escaseaba el buen humor, el respeto y la tolerancia por quién es capaz de sumergirse en la audacia de optar por un camino distinto de posicionarse ante la vida.
Un día me escribió en un mail unas palabras que aún hoy resuenan en mi corazón. Las palabras no las recuerdo en forma textual, pero era algo parecido a no dejes de sonreír, tu sonrisa es un bálsamo de realismo mágico dentro de lo sofocante que puede resultar a veces la realidad.
Ese día reparé por primera vez en mi sonrisa, una que de tan natural y marcada, me mostraba ante los otros como alguien que no ha sabido de problemas ni de penas, como alguien al que la vida lo tocaba haciéndole cosquillas. No voy a negar que sufra de cosquillas y que ante el más mínimo roce rompo en carcajadas, pero de ahí a suponer semejante insensatez hay un abismo tan profundo como el hueco que mis labios producen al sonreír.
Mi sonrisa es herencia, del lado materno, como casi todo lo que sostiene mi espíritu. Hay quién dice que me parezco tanto a mi madre, que hasta me ha bautizado Nenino. Lo cierto es que, esta sonrisa que es tan natural como mi prominente nariz se había transformado en la responsable de un carisma que no creía poseer pero muy lejos estaba de demostrar mi ausencia de penas y de tristezas que acuden indefectiblemente a mi, como lo hacen con todos los seres humanos.
Ese día la sentí más cercana que nunca. Ese día descubrí en sus ojos otras certezas, la calma y las pausas, sus decisiones de mujer que vive su vida sin prisas y derrochando placeres, algunos que convida y otros que prefiere disfrutar en solitario; Un sueño de viajar a Francia para hacer realidad el deseo de ser una parisina que tuvo la osadía de nacer y crecer en la Argentina; Un dejo de tristeza por el hombre que había decidio dejar partir, sumándolo a la lista de las elecciones por las cuales siempre había optado, elegiendo con libertad los caminos para vivir su felicidad sin permitir que otros lo hagan por ella. Esas renuncias coincidieron exactamente con las que oprimieron mis ansias hasta el punto de romper las puertas que las contenían, dejándome sentir por fin el baño tibio y placentero de una luz de sol que solo me animaba a ver tras bambalinas.
Sus palabras aquel día fueron rocío y calma, fueron luz, fueron ternura y sobre todo fueron sabias. Ella, rompiendo en lágrimas, sola en su casa decidió tenderme una mano, convidarme una palabra y entibiar el corazón. Claro que yo supe de su tristeza mucho tiempo después y me sentí frívolo y angustiado por no haber estado también allí para contar algún chiste y reírnos de tan sólo mirarnos.
Porque si hay algo de mágico en esta amistad, más allá de la realidad que nos visita y nos convoca, es esa complicidad que nos deja sonreír al entrecruzar miradas, tanto, que a veces es imposible no romper en carcajadas. Muy a menudo nos sucede en la escuela, ante una inmensa cantidad de público, que nuestros ojos se buscan, se detectan y luego se funden entre su cielo y mi tierra concatenando los ritmos de la música de nuestras risas, una que nos divierte y nos congrega y que a su vez, deja sin palabras a todos los demás integrantes de la sala que siempre y de un modo inexorable, dejan el autismo de lado y no quedan indiferentes.
Mientras sus miradas nos acusan de tantas cosas, nosotros disfrutamos el encuentro y celebramos la vida, haciendo de esta causalidad un lugar y una felicidad que nos llena de dicha.



Es posible que por esta noche al cielo le falte una presencia y justamente allí apunta mi deseo. Te invito, como regalo, a mirar la noche y descubrir la Luna, cubierta de sombras terrestres, siempre plena de mares y de valles, de rostros y de dicha...


4 comentarios:

  1. El día 5 la diosa Venus estaba en la constelación de Tauro, impregnándola de dulzura y amor, en el horizonte del oeste donde habitan los sueños imposibles. Ojalá las lágrimas hayan dejado paso franco a una nueva luz, y el temporal que acabó con mis poemas se haya alejado de sus ojos claros, límpidos, marineros. Si la ves, no dejes de sonreírle.

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  2. Estimado anónimo, en verdad me ha sorprendido este comentario, tanto que ahora no sé si sentirme en deuda con esa mujer rociada por el manto de Venus o si agradecer a este espacio por permitir el contacto y el ecnuentro entre diversos meridianos y soleados paralelos.
    Estimo saber a quién pertence su anónimo... sin duda, esos ojos claros, límpidos y marineros siguen iluminados por la misma luz, una luz que resplandece de cariño, belleza y sobre todo, libertad...
    Un abrazo silabario para usted!

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  3. Me gusta la manera como narras las cosas, aparentemente sencillas pero con la complejidad de lo natural y cotidiano.
    Que bella manera de describir a Marta
    un saludo cariñoso
    Sanry

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  4. Muchas Gracias por tus palabras Sanry!!!... conocés a Marta?... de que ventana del mundo asomás por acá?... te dejo cariños y seguimos en contacto!!!

    Sebastián.

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