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viernes, 25 de junio de 2010

El derecho a la herejía


“Uno, dos, tres probando, las cosas se pueden cambiar” resuena en mi mente la sentencia del Boxeador que Rodrigo Leiva interpreta en el ring del escenario, un escenario tan real como la vida misma. Distintas las razones, diferentes lo motivos, diferentes escenarios de vida que se plasman y se recrean siendo uno mismo el sentir, el de las palabras mutiladas, vivencias austeras de sentir y de expresar, vivencias de palabras que expresen el dolor y la angustia para que las ideas vuelvan a su ferviente estado de ebullición encontrando en la alegría el puente hacia la elección de una vida cada vez más plena y más enriquecida de experiencias colmadas de sentido.
Llevo días sin anclarme por aquí. Varios días sin escribir, sin poder hacerlo. A veces quisiera tener la lucidez de aquellos otros que pueden poner en palabra fluida y elocuente lo que mi angustia no me deja transmitir.
Llevo días perdido en mi mismo, apocado, aislado de mis palabras y sobresaturado de palabras ajenas, de información y de belleza. Varios días sin poder hacer de mi emoción y mi sentir un silabario de palabras. A veces quiero hacerlo y no puedo, las ideas se amontonan como queriendo evaporarse de la corteza cerebral en ebullición sin poder encontrar el cartelito de la puerta fosforescente. Al no poder huir hacia el exterior, fieles a la entropía que las enmadeja en un verdadero lío, se fugan por el interior de mi cuerpo y se condensan en mis poros, en mis venas, en mi corazón; se condensan y comienzan a fluir más lentamente hasta alcanzar el estado en el que la forma propia es producto del estado del tiempo. Así se quedan, estancadas por allí y me angustian. Mis ideas que ya no lo son, que dejaron de ser brillantes, que se apagaron y solidificaron, me angustian, y lo hacen hasta un punto en el que leer se me torna insoportable, me lloran los ojos, estudiar es una empresa imposible al punto que ni me atrevo a ingresar al SIU para anotarme en mis finales de Julio; en tanto, escribir se transforma en un arte y un oficio cuyo don le pertenece a otros.
Siento en mí todo el pesar de las cadenas de la opresión. Me anclan al suelo, a mi departamento, a mi cama; me dejan indefenso ante los embistes de la lumbalgía y la gripe que buscan llamar mi atención  para que me despabile, para que me despierte y ayude a la emoción a encauzar el mítico camino de retorno y así dar con la salida de emergencia.
Entonces recuerdo, recuerdo los momentos cercanos en tiempo y espacio y voy evocando algunos más lejanos, recuerdo y leo, me informo, escucho, vuelvo a escuchar… Veo, algo me impulsa a mirar viendo y entonces escucho y siento y vuelvo a leer ya sin lagrimeos y me despierto este viernes a las seis de la mañana con el deseo urgente de reencontrarme a mí mismo en este blog que se banca todas las palabras, todos los insultos y todos mis desvíos y desvaríos. Y quiero contar, quiero decir, quiero creer que las cosas se pueden cambiar…
 Maricón y puto fueron dos palabras que estigmatizaron mi adolescencia, cuando yo me daba cuenta que sentía diferente, cuando mis intereses y mis gustos no eran los mismos que los de mis compañeros de colegio, todos varones, todos salesianos, todos atravesados por el mismo dogma del pecado culpógeno con el que fuimos educados dentro de un sistema nublado eclesial y políticamente por la negación y consecuente desprecio hacia quién opta diversamente consciente o inconscientemente.
Yo era tímido de chico, bastante más de lo que soy ahora. Tímido e inseguro. Cuando en tercer año de la escuela secundaria un compañero se paró ante un pedido explícito del profesor de literatura y me señaló con el dedo gritando la palabra puto, el silencio me ensordeció, sentí que el pupitre me tragaba, que me hacía pequeño, tan pequeño como un átomo y desaparecí. Nadie dijo nada, todos quedaron sin palabras, incluso el profesor que luego de un breve lapso de tiempo continuó con la clase en forma habitual. No sé si fue el silencio o la sentencia que por ese entonces aún era moneda corriente, esa que no se decía pero estaba enraizada en toda la sociedad, esa que enuncia que “de eso no se habla”,  pero aquel día desaparecí y me torné invisible, tanto que ya no pude reconocerme hasta pasados unos cuantos años.
Tenía miedo, muchas dudas, deseos del afecto con el que todo ser humano debe nutrirse para poder crecer en armonía. Ante el desprecio y el uso peyorativo con el que se usaba –se usa- la palabra puto, una palabra expresada socialmente para denigrar y sentenciar, una palabra de un poder sectario increíble, una palabra que demuestra aquella otra sentencia que afirma que quién puede nominar tiene el poder, elegí tornarme invisible, elegí dejar de ser yo para cubrirme de un alter ego que sin saberlo, iba conformando un espejo con los reflejos de mi verdadera naturaleza.
Yo era callado y reservado en la escuela –ahora quién lo creería- y era el típico alumno que no generaba nunca un problema. Jamás un llamado de atención, una nota roja en el cuaderno de comunicado, una sanción, salvo aquellas que por macanas de algún “valiente” nos extendían como plural solidario. En ese tiempo yo no prestaba atención a mis compañeros, quería saber, conocer e increpaba constantemente a los profesores, a mis vecinos mayores y muy poco a mis pares. Tenía amigos, pocos y en general eran amigas, con ellas, quién sabe por qué, encontraba más fácilmente temas de conversación –risas-. Incluso dentro de mi familia, mi trato era mayor con algunas tías o con mis primas, más que con los varones. Atravesaba mis días con un temor profundo y vívido de que me descubran, de que el manto de invisibilidad se corra y otra vez ese dedo acusador fuera a recaer sobre mí, dejándome indefenso. Buscaba datos, pero los buscaba en sitios equivocados, los buscaba en el aire, en los relatos que no se contaban porque nadie hablaba de eso en la década del 80 o si así era, era poco o no llegaba a mis oídos que quizá también se negaban a escuchar, se negaban a entender, me negaban, me negaba como aún hoy nos niega gran parte de una población que nos mira sin ver.
Yo no entendía el contenido exacto de la palabra puto aún sabiendo su significado y no lo entendía porque mi despertar sexual fue bastante tardío. La educación católica había hecho de mi súper yo su mejor discípulo y éste anestesió mi pulisón de vida y mi energía libidinal. Del resto, lo poco que quedaba, lo sublimé. Y me di cuenta del contenido de esa palabra cuando me enamoré dolorosamente de alguien y resultó que ese alguien era de mi mismo sexo. Y sí, me enamoré porque uno debía enamorarse para poder luego concretar otras cosas, porque si bien Bahía Blanca es una ciudad grande aún no dejaba –no deja- de ser esa “chacra asfaltada” como la llamamos cariñosamente. Me enamoré y me dolió el amor, tanto que también lo sublimé. El no era como yo, a él le gustaban las mujeres y mucho y a mí me gustaba él, y mucho también. Lloré, mucho lloré, solo, sin poder hablar, sintiendo el ahogo de los sentires germinados como esas semillas de porotos que en clase de biología poníamos bajo un algodón húmedo para estudiar su comportamiento, semillas que morían al poco tiempo a causa de mucha agua o poco riego y también por falta de sustrato fértil para que su vida avance y se despliegue.
Pero no, no podía pasarme eso a mí, yo había sido educado con recta moral, sabiendo que era lo que estaba bien y que era lo que estaba mal y no estaba bien tener relaciones sexuales con alguien del mismo sexo, ni siquiera estaba bien pensarlo, ni siquiera estaba bien masturbarse, aunque debo confesar que el onanismo fue lo único que mi súper yo no pudo negarle a mi eros –risas-
Y volví a taparme aún más con el manto de invisibilidad y así transité la universidad viendo como la vida se escurría como un tren sin poder aferrarme a ningún vagón, parado siempre en la misma estación. Escuchaba atento todas las historias de amor, de todos, de cada uno de mis amigos y amigas, de las personas de mi familia. Todos tenían historias de amor y yo ni siquiera sabía lo que eso significaba más allá del dolor que implicaba no poder hablar y el imaginario de lo que podría o quisera que fuera.
Entonces, fiel a mi educación, recé, noches enteras recé y le pedí a Dios enamorarme, enamorarme de una mujer para sentirme “normal”, para no sentirme enfermo, ni pecador, ni una escoria social.

Entonces llegó el turno de mi despertar sexual, confuso, pero despertar al fin, con una mujer, una con la que pasé algunos años de mi vida, con quién también me casé e intenté formar una familia “normal”, esa que toda la sociedad, la familia y la iglesia quiere y pregona y de la cuál hoy por hoy se habla mucho en los medios de comunicación.
Funcionó, un par de años funcionó hasta que dejó de hacerlo, hasta que el manto de invisibilidad un día se corrió y me dejó desnudo y a la intemperie sintiendo frío, sintiendo ganas de llorar todo el tiempo, sintiendo soledad y vacío, sintiendo bronca y miedo, sintiendo angustia…
Uno, dos, tres probando, las cosas pueden cambiar… Y sí, las cosas pueden cambiar, claro que pueden cambiar y uno debe comprometerse con la lucha, con la pelea, pelearle a la vida como quién dice, pelear para crecer, pelear para hacer de esta sociedad cada día un lugar mas justo y mas igualitario. 

Y me torné visible, destrabé las ataduras del tiempo, adormecí el miedo y erradiqué la culpa.
Acepté que sólo no podría hacerlo y busqué ayuda profesional, Alba, un ser encantador  profundamente humano que se transformó en mi terapeuta y en la persona depositaria de mis dudas y mis miedos. Ella fue abriendo puertas y también ventanas y volví a disfrutar del amanecer y las ganas de arremeter para enfrentar el día. Luego llegó un ángel tan humano y tan celestial que ilumina de sólo mirarlo, mi querido amigo Edus, mi amigote al que quiero con un amor sincrónico y cuántico. El, con su renguera a cuestas, puso su mano en mi hombro y así lo ayudé a cruzar la calle mientras me desvelaba con su corazón, ahuyentando los fantasmas. Me convidó una historia, me abrió las puertas de su edén y me integró a su mundo plagado de magia, de duendes, de Gaby y de Marce a quiénes también quiero con el alma.
De a poco fui amaneciendo, desperezándome del letargo y comencé a desaprender lo aprehendido para aprender de nuevo en un intento por hacerlo bien. Y así, la vida hoy me deslumbra con la sonrisa del amor a cada paso y en cada despertar, un amor tan hombre como yo, con el mismo sexo, con el mismo deseo y un placer inmenso experimentado al disfrutarnos sin culpas, ni temores, ni angustias.
Hoy me doy cuenta que la herejía, como bien la ha definido el lúcido escritor portugués recientemente fallecido José Saramago, es un derecho. Es el derecho a elegir otra cosa, una opción diversa a la que mueve a la mayoría o que impulsa las masas. Si de eso se trata, desde hoy en adelante intentaré ser más hereje, en todos los sentidos, porque jamás me ha movilizado lo masivo, quizá por mi naturaleza, quizá por pertenecer a una minoría o porque así lo siento desde siempre.
Elijo ser hereje al acostarme con otro hombre y tener sexo con él y soy hereje al disfrutarlo plenamente y al sentir el placer al roce de la piel. Elijo ser hereje al abrazarlo y al besarlo descaradamente y elijo ser hereje al querer una vida compartida con él aunque hoy por hoy ni vivamos juntos ni esté en nuestros planes casarnos –mucho menos adoptar un hijo-. Pero, ¿y si mañana se despierta el deseo?, ¿si mañana así lo queremos?. Lamentablemente, como tantos que hoy por hoy ya lo sueñan, nos daríamos cuenta de que aún, en esta tierra sureña, la herejía sigue siendo un derecho utópico, un pecado y un mal castigado por el Dios de la iglesia católica y evangélica que no hace más que argumentar con la intolerancia y la manipulación de las instituciones su empresa en defensa de la familia. ¿Familia?. Yo intenté formar esa familia y no pude, entonces, ¿de qué familia hablan? ¿Sí no es de esa forma debo quedarme con las ganas de formar una familia? ¿Así funciona una democracia?
Y así, el derecho a la herejía se termina pronto, se desvanece también al cruzar la puerta de calle, barrera que separa lo permitido de lo no permitido. Entonces los abrazos se desabrazan y los besos dejan tranquilos a los labios.
¬Shhh, no digas nada, hagamos como que somos amigos, aunque ya todos sepan que somos más que eso, pero mientras no nos manifestemos en público está todo bien.
Y así perdemos constantemente el derecho a la herejía por intermedio del poder que la palabra lleva implícito.  Y perdemos el derecho a hacer público el amor que nos nace y perdemos el derecho a festejar en forma conjunta nuestros cumpleaños y a celebrar con la familia y los amigos la riqueza de un amor que es tan puro como todos y que no debería tener que esconderse. Y perdemos así todo derecho a la herejía, un derecho que sólo disfrutamos en la intimidad de una casa y que muere tras sus paredes.
Somos beneficiarios de las mismas obligaciones y atravesamos las mismas necesidades que todos. Entonces, si somos tan iguales como dicen que somos, ¿por qué no lo somos para los derechos?
No era mi intención contar esta historia. No me gusta hacer leña del árbol caído ni levantar la bandera de mis displaceres para dar golpes bajos. Pero estos días, en que no he parado de escuchar y de leer acerca del matrimonio homosexual, me fue naciendo el deseo de contarlo, aunque sea para que los pocos que puedan pasar por acá comprendan de una vez que la homosexualidad no es ni una enfermedad, ni es un pecado ni tampoco es una cuestión de estado.
Ser homosexual es un pecado y una enfermedad porque hay una sociedad segada por el velo del tiempo, una sociedad que no quiere ver porque la negación es muy profunda, la misma con la que aún me niegan mis padres y que me negó muchos años  a mí mismo. Una negación inconsciente que asusta y atemoriza al mismo tiempo que duele.
Los homosexuales existimos, estamos, somos reales y somos visibles aunque muchos no quieran vernos. Y somos personas y somos seres humanos, aunque algunos aún duden de ello.
¿Cómo será la historia de tantos pibes si esto cambia, si esta ley se aprueba? ¿Cómo hubiera sido la mía? ¿Cómo sería de ahora en más?...

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Nota: Hay enlaces que llevan directo a facebook y que quizá si no estás registardo en ese sitio no puedas leer. No es mi intención ser sectario con la información pero es que hay textos que están allí. Hasta hace un mes no me hubiera imaginado nunca tener mi facebook, porque dudaba de él. Hoy por hoy es una herramienta muy útil de información y de contacto y usado moderadamente no provoca males mayores...
No es mi intención convencerte de que te registres en facebook, no es campaña pro ni mucho menos, pero si querés podés registrarte sin foto y con nombre de fantasía, para al  menos acceder al contenido de los textos. Es una idea, nada más.
No quise pegarlos acá porque uno de ellos es muy largo... pero si quieren y lo solicitan, se los pego en otra entrada... ¿me avisan?  GRACIAS y buen FIN DE SEMANA!

11 comentarios:

  1. Hola, amigo, como estás? Espero que todo bien! Anduve desaparecido por cuestiones de exámenes pero ya volví. Soy el primero en firmarrrr jijijiji!!! Un placer como siempre, tus posts tienen un nivel extraordinario, te confieso que no siempre me resultan fáciles jaja!!

    Un beso enorme y te espeor por el mio!!!!

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  2. Uy ! menudo tema...deliciosamente escrito debo decir. Como tu amigo lo dice, no resulta fácil comentarlo porque creo que lo voy a entorpecer pero alli te va: creo que lastimosamente muchos en determinado momento de la vida y por diversas circunstancias, debemos convertirnos en herejes y atrevernos a ser quienes somos, y me refiero al paquete completo...con todo lo que eso implique. Nunca he entendido cuál es el lío con los homosexuales...es decir...¿ qué tiene que a alguien le guste alguien de su mismo sexo? creo que mi inteligencia no llega al punto de entender cuál es el problema. Lo digo desde mi perspectiva de mujer heterosexual...no entiendo por qué hay tanto lío y tanto odio a algo que yo veo que es tan natural...no entiendo...


    Eres un gran guerrero, eso es obvio, has tenido la valentía de ser quien eres y eso es de valientes, creeme.

    ¡ larga vida a los herejes ! Un besote para tí y para ese afortunado hombre que te ama y que amas.

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  3. GRACIAS NAHUEL!!!... no me creo merecedor de semejante elogio, pero se agradece! (en breve me daré una vuelta por tu terreno en la red)

    Hola Dali!!! (otra vez jaja, en el día de hoy te he saludado ya varias veces! jaja). Qué decirte?... primero gracias por todas tus palabras de acompañamiento, de aliento y de felicitaciones!!!
    No creo que sea odio hacia los homosexuales, más bien una cadena de prejuicios instalados históricamente a nivel religioso, político y científico... En la historia de la humanidad fuimos pecadores, luego delincuentes y más tarde enfermos, esa carga se acumula en los genes y viaja en el tiempo!!!... Hay miedo, hay conceptos erróneos preestablecidos. Algunos rompen las cadenas a los pocos pasos, otros demoramos algo más y, lo más triste, es que hay quiénes no lo hacen nunca!!!. Es lamentable que haya que salir a la calle para que se nos reconozca como seres humanos que jamás dejamos de ser y aun más lamentable escuchar que nos autodicriminamos; nos sentimos discriminados que es diferente. Algunos dicen que no es así, que hagamos como nos guste e inmediatamente se interpone el PERO... esto, PERO... lo de más allá. Entonces, si está todo tan claro y tan bien, ¿por qué los PEROS pregunto? y allí aparece la discriminación!... Creo y estoy convencido, que la aprobación de esta ley tendrá alcnaces mucho más amplios que una libreta, generará que los prejuicios se diluyan y que esta sociedad sea un poco menos hipócrita... muchos adolescentes y niños podrán transitar su elección sexual sin tanto temor y seremos un poco más libres... Hoy por hoy, aún estamos limitados en nuestras libertades, ya sea laborales, sociales o culturales... Igual, los armarios ya están abiertos!.

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  4. Cómo no quererte tanto!!! Si sos así, como sos, sin más... o con más, que es muuuucho mejor!!! Ahora, hay algo que no me cierra o que no tengo muy claro en el baúl de mis recuerdos... CUÁNDO FUISTE TÍMIDO???? Yo no me acuerrrrrdo, jejejeje!!! Te adoro muchísimo por ser mi compadrito!!!

    Verito

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  5. Si primo, soy yo. Loco no? Ya olvidé cómo es que terminé leyendo tu Blog en la noche de hoy, pero nunca me voy a olvidar de lo contento que me puso el leer de principio a fin un magnífico texto llamado "El derecho a la herejía"...
    Deja mucho que decir tu "entrada", pero infinitas cosas deja para reflexionar. Me pone muy triste saber que pasaste por todo eso, pero me llena de orgullo el saber que no te dejaste abatir por la corriente de la sociedad, que iba y todavía en el sentido opuesto al de muchos como vos. Me llena de orgullo el saber que mi primo optó por quitarse ese manto que lo cubría y lo oprimía, y decidió salir a la luz, como flor que nace y crece entre la cruda nieve de inverno, pero no frena hasta poder brillar junto al sol de primavera que lo espera del otro lado.
    Elevá el estandarte que te representa, sé la persona que siempre fuiste dentro de tu coraza divina. Hay muchos como yo que siempre vamos a estar ahí, para apollarte y nunca abandonarte, porque vos, sos vos. Sos familia, sos sangre, sos todo lo que nosotros también somos, no hay diferencias, y lo dice tu ADN, así como lo dice el mio.

    Tu talento es impresionante, tu conocimiento es envidiable, ojalá hubieran tantos como vos Sebita.

    Te quiero mucho, tu primito Leo :)

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  6. LA verdad verdadera es que estos últimos dos comentarios me han emocionado mucho!... ¿Cómo no quererlos tanto a los dos? :).
    La opresión más fuerte que he sentido ha sido la personal que una vez diluída, no tiene ni punto de comparación con la opresión de un determinado sector social.
    Estoy escuchando en forma salteada el debate en el senado y aún está enquistado el prejuicio abonado desde una moral y una concepción semiótica mal interpretada que lleva años de permanencia y que no será fácil doblegar.

    Gracias Leo por tus sentidas palabras, gracias Vero por esa querencia compartida (y sí, jeje, aunque no lo creas, soy tímido jajaja :)... Verdaderamente me han sorprendido. Leo, tu metáfora poética de la flor helada que resite hasta la llegada de la primavera me ha conmovido, estás hecho todo un perceptivo, un artista!...

    LOS QUIERO MUCHO PRIMITOS!!! BESOTES y les agradezco la paciencia al leerme... :)

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  7. Ala....podría enamorarme de tu primo. Que palabras tan bellas. Esa metáfora de la flor...que lindo...
    Y estoy de acuerdo con él en que tienes "un talento impresionante y un conocimiento envidiable " así que más te vale ya estar trabajando en lo del concurso de verano...ehh...

    ¡ Que lindo tu primo ! ¿ no me querrá adoptar como prima? jajaja

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  8. Me emocionó tanto ver los primeros mensajes de la familia, especialmente el de Leandro... realmente tenía miedo a reacciones feas. Quizás habrá algunas pero éstas de Leo y de Verito valen oro!!!!! Me alivia mucho.
    Un abrazote, pibe!!!!!

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  9. Sebas, hoy estuve con Sandrulix, charlamos sobre tu blogs y lo mucho que vas dejando él de tu ser... Te conozco más de lo que imaginas por lo mucho que tu tía te quiere y respeta; sin dudas hay que ser muy valiente para atravesar las situaciones y los hechos que recordas y seguir vivo en el intento de vivir y disfrutar de la vida plenamente.
    Sos una bella persona que me emociona cada vez que te leo, espero que esta ley ayude a que nuestra sociedad discrimine menos ... y si digo menos, porque me cuesta creer que la sociedad Argentina esté preparada para entender y aceptar que el mundo cambió y que los derechos no deben ser sólo para algunos.
    Un abrazo
    Graciela

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  10. Yo soy grande, de las personas que les cuesta hablar de esto, pero creo que intuía en las primeras visitas familiares de otro tiempo, algo de lo que hoy contas con tanto dolor, y después de alguna lágrima que seco con emoción, me animo a decirte que el coraje que reflejan tus palabras y la apertura al mundo de tu corazón, te darán la paciencia necesaria para esperar el tiempo de maduración de "los viejos" ... a los jovatos nos cuesta un poco más asimiliar ciertos temas... sobre todos a los padres, creo...pero cuando hay amor, que lo hay, todo se puede. Te quiero mucho... AVANTI!!!
    Vicky de Oro

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  11. Cuántos comentarios!!! Cuánta gente querida ha pasado por aquí!!! qué emoción!... al secarme algunas lágrimas respondo:

    Dali: podés enamorarte todo lo que quieras, pero Leo prefiere los amores a corta distancia, a menos de algunos centímetros si es posible... jajaja yo lo intenté amiga!!! =)

    Sandra: Valen lo que el oro no puede comprar esos hermosos comentarios, incluso los tuyos y tus lecturas, incluso los de la gente que pasa sin dejar rastro peor que se lleva la emoción entre los ojos... valen el corazón entero!!! :)

    Graciela: Qué sorpresa!!! bienvenida al Silabario del bajo!!! Gracias por tus palabras y por ese hermoso mail que me compartiste.
    En efecto, aprobada la ley, acentuada la discriminación... lamentablemente es así!. Era sabido, una cosa no quita la otra, pero será todo cuestión de tiempo, aunque ya andna los naranjitos y algunos sectores de la iglesia católica viendo qué hacen para boicotear la ley y seguir hablando pestes de los hommosexuales... igual, cómo ya dije antes, los armarios están abiertos y en el caso de cerrarlos, no seremos nosotros quiénes quedemos adentro! jajaja :)

    Vicky!!! qué alegría tus palabras!!!... lo sé, hay amor y debido a eso, el dolor y la angustia. A veces me puede la ansiedad, pero sé que no funciona así, si me costó tiempo asumirlo, a ellos, a los más grandes, les costará su tiempo también... Mamá el otro día me sorprendió contándome sobre una película que vio en tele la noche que se quedó sola en casa, da la "mano de Dios" que justo esa peli es PLEGARIAS PARA BOBY... una película sobre homosexualidad e iglesia católica, muy emotiva y para reflexionar... si querés, podés mirarla!!! te invito!!! jaja... BESOTES y yo también te quiero!!! :)

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