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miércoles, 9 de junio de 2010

El mismo amor, los mismos derechos, los mismos nombres...



Así se titula la campaña que algunas organizaciones y movimientos sociales están llevando a cabo a nivel nacional en pos de promover leyes de igualdad para todos y todas, en vísperas del tan ansiado reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo.


Más allá de todo credo, el matrimonio es una cuestión legal o, como nos enseñaron en la escuela, es un contrato entre dos personas independientemente del culto que éstas profesen.
El hecho de que a esos conceptos legales de matrimonio se les haya anexado que las personas deban ser de diferente sexo ha sido por motivos sociales, porque de hecho, el matrimonio, como constructo cultural, no es natural, como algunos creen o intentan hacernos creer.
Esto no quita que se le niegue a alguien el derecho de creer en leyes naturales, de hecho la mayoría de las religiones así lo profesan y nadie se opone a ellas. Uno es libre de creer o no y gracias a esa diversidad de creencias es posible que hoy, por ejemplo, se fomente el debate, que, es sano en la medida que posibilite la escucha y la integración entre las partes, pero se vuelve tóxico y nocivo cuando se fundamenta en la intolerancia y en el prejuicio, sea de la creencia o del bando que sea.
De todos modos, se esté del lado que se quiera estar, no todo es cuestión de creencias. Existen aspectos que tienen que ver con lo legal, relacionados a los derechos humanos, que no debieran contaminarse con las creencias particulares visto que los mismos deben abarcar a toda la población; una creencia nunca resulta representativa ni fundamental a tal efecto.

por Liniers

No se puede negar que el matrimonio, como la familia, como la adopción también, por ejemplo, es una construcción cultural que a lo largo de la historia de la humanidad ha sufrido modificaciones. De hecho, el matrimonio ya existía antes de la influencia de Constantino, en donde era habitual que se celebre entre personas del mismo sexo. Con el nacimiento del catolicismo algunas de estas cuestiones se fueron cambiando, pues se buscaba hacer coincidir las leyes humanas con las llamadas leyes naturales como si se tratase de un juego de encastre o de test de memoria.


Lo que no se tiene en cuenta, creo, es que el ser humano es mucho más complejo que otros organismos vivos del ecosistema y debido a ello, su sexualidad por ejemplo, no se acaba en la genitalidad. Si fuera así, todos los que nacen hombres, instintivamente sucumbirían ante los encantos de una mujer y viceversa. Sin embargo, y esto es evidente, no siempre ocurre así (incluso en el seno mismo de la propia naturaleza).
Si bien aún se desconocen las causas que originan la homosexualidad, sí hay certezas y acuerdos en cuánto a que el deseo sexual no se elige, es decir, no se comanda al cerebro para que opte por el interruptor que accione su ronroneo, éste lo encuentra solo, lo acciona y goza con lo que eligió sin siquiera pedirnos permiso para ello. Entonces ¿Quién tiene la autoridad para dictaminar que eso es o no natural?, ¿Por qué hay que reafirmar constantemente que un homosexual también es un ser humano? Y adelantándome un poco más, ¿por qué insistir en denominar de otra forma al matrimonio entre personas del mismo sexo?

La lengua también es una construcción cultural y como tal es dinámica, se acomoda y cambia, muta, fluye al compás de los cambios sociales y culturales. Si hoy por hoy tenemos en la ley definiciones de matrimonio que hacen hincapié en el vínculo entre personas de diferente sexo y si el DRAE acompaña ese concepto, quiere decir que así se construyó en algún momento de la historia. En tanto y en cuanto no se implemente una ley que extienda los horizontes del mismo, el significado seguirá siendo ese. Pero, si se abriera esta nueva brecha en la legislación vigente, si se diera lugar a la aprobación para que dos personas del mismo sexo se casen ¿cuál sería el problema de ampliar o modificar el significado de un concepto que encierra una construcción cultural? ¿Por qué para unos sería llamado matrimonio y para otros unión civil? ¿No es esta, acaso, otra forma de poner en evidencia aquella frase de Georges Orwell en la que el afirmaba que todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros?



Esto me recuerda al movimiento ocurrido en Sudáfrica conocido como apartheid mediante el cual las colonias inglesas “separaban” derechos en dos colores: blanco y negro. La población negra podía tomar los mismos micros que los blancos para recorrer los mismos lugares utilizando las mismas comodidades, pero mientras la población blanca se ubicaba en la primer mitad, la población negra ocupaba el fondo ¿No es esta una forma más cruel de discriminación? ¿No es la palabra y el lenguaje un lugar propicio para seguir legitimándola?

Algo similar ocurre hoy por hoy con el concepto de familia y el de adopción. El concepto de
familia, como construcción social también ha cambiado con el paso del tiempo, tanto es así que hoy por hoy estamos rodeados de familias tradicionales y también disfuncionales. La familia puede ser nuclear, extensa, monoparental, homoparental, etc. La familia nuclear es la familia tradicional, aquella que se considera natural –tener en cuenta que el término natural es ambiguo, pues, si nos remitimos a los hechos naturales, en el reino animal y vegetal, casi ninguna especie forma familias de este tipo- formada por padres de diferente sexo y sus hijos, pilar o ladrillo fundamental para forjar la sociedad. Hoy por hoy, esas familias han mutado, ya no son lo que eran y sin embargo, luego de debates y de riñas, se acepta que las familias pueden adoptar otros formatos u otras disposiciones, incluso hasta es aceptado que una persona, heterosexual u homosexual adopte o tenga un hijo en forma autónoma, conformando en este caso, una familia monoparental. Ahora, si un padre o una madre heterosexual, con uno o más hijos, se enamora y desea casarse con la persona que ama, automáticamente el o los hijos adquieren los derechos a tener una mamá y un papá, a ser tutelados por ambos en todo lo que respecta a su estudio, formación, salud, deportes y todas aquellas actividades que hacen a la vida social. Sin embargo, hoy por hoy, una persona homosexual que puede adoptar o tener un hijo en otras formas (inseminación artificial, alquiler de vientres, etc.) o que quizá tenga hijos naturales de relaciones heterosexuales anteriores, elegidas adrede para dar pie a la fecundación o no, si desea hacer lo mismo, no puede. En este caso se conforma una familia homoparental en dónde sólo uno de los cónyuges es tutor legal del hijo o hija. Llegados a este punto, cabe la pregunta retórica ¿quiénes son los que quedan desprotegidos?, sin duda los niños, que tienen derecho a tener de ambos padres la custodia legal para que los dos puedan velar por el, incluso, si algún día uno de ellos fallece. No perdamos de vista que a los chicos sólo les hace falta contención, afecto y un vínculo estable que los ayude a crecer, independientemente de la sexualidad de sus padres.



Si somos todos iguales ante la ley, lo somos en sentido amplio, incluso en las denominaciones. Todos y todas sentimos amor, nos enamoramos, tenemos deseos de entablar relaciones duraderas con ese ser que elegimos para transitar el camino terrenal, acompañados, todos sin distinción de colores, credos, ideologías y elecciones sexuales. Si todos somos atravesados por esos deseos, ¿por qué entonces los derechos no se aplican a todos por igual?.
Y no hablo sólo de matrimonio, hablo del derecho a la igualdad en sentido amplio. Si un hombre y una mujer van abrazados por la calle y se besan, lo más lógico es que, o pasen desapercibidos o que quién ve exclame un suspiro y piense: ¡viva el amor!, O, en el último de los casos, pueda exclamar ¿por qué comen delante de los pobres? -esto, si quien mira no tiene ningún palenque cerca donde rascarse-. Ahora, si dos hombres se abrazan y se besan, o lo mismo dos mujeres, lo más probable es que sean señalados, acusados de degenerados y en muchos casos rotulados bajo el slogan de promover el exhibicionismo en la vía pública como si el beso desnudara públicamente la relación sexual que quiénes miran imaginan como perversa.

Porque me opongo tajantemente a que la ley ampare mayorías y desproteja minorías. Porque estoy a favor de la integración de esas mayorías y minorías en un todo heterogéneo y regido por leyes de igualdad. Por todo eso me sumo a ese Sí rotundo frente a esta demanda de un sector al que pertenezco y que ha sido relegado a la sombra durante mucho tiempo –y aún se lo sigue confinando-:

Yo estoy a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo.



Yo estoy a favor de la igualdad en sentido amplio

El mismo amor, por ende, ¡los mismos derechos y los mismos nombres!
a lo que le agrego la palabra con la que Julia Zenko coronó los actos del bicentenario en la ciudad:  ¡carajo!

La culutra se ha pronunciado a favor también y para muestra basta este botón


Pedro Aznar


http://www.youtube.com/watch?v=-4sssZYD3v0 (para ver la serie completa de videos)




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La ciencia argentina también se pronunció a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. Al margen, en la columna de textos, dejé el link para quien quiera informarse, aprender y profundizar un poco más el fundamento de este post.
 
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Al hablar de derechos humanos y de humanidad es necesario hablar de amor. El hombre es el único ser que atenta contra si mismo, contra su especie y en contra de todo lo que lo rodea sumido en un plan autodestrucitvo del cuál participa en forma automática sin siquiera, en muchos casos, darse cuenta.
Hasta que no hayamos evolucionado lo suficiente como para sentir el amor en nuestro interior, ese amor que nos tranforma en creadores y que nos permite actuar en resonancia armónica con los semejantes y el entorno, seguiremos asistiendo a esta fiesta, en la que las sociedades se aplastan, las mayorías se llevan por delante al resto y la Tierra rezonga dándole voz a las minorías ninguneadas.
 
Un documental al respecto, HOME
 
 
Una carta al respecto (Gracias Sandra!!!)
 
Carta de Margarita Pesoa (lunes 31 de mayo de 2010)

Hola, linda gente que más quiero!. Como muchos saben, estoy en Colombia viajando con un chamán y su grupo de colaboradores. Son gente absolutamente maravillosa que me está acompañando en un hermoso camino de crecimiento. Estoy, de a poquito, encontrándome a mi misma y encontrando la ansiada felicidad. Quiero compartir con ustedes este elaborado relato que hice de mi última experiencia. Les mando miles de besos y abrazos, y espero verlos pronto!

Nuestros problemas, dolencias y enfermedades son nuestros conflictos de amor. Ellos son hijos de la malnutrición, de la falta de cuidados y de amor hacia el propio cuerpo. Si. La enfermedad es falta de amor. Esos vacíos están enterrados en el cuerpo. Algunos muy profundamente. Tienen intrincadas raíces y se alojan en lugares específicos. Pueden estar en la sangre, en los pulmones, en el hígado, en el cerebro, en los riñones, en el estómago. Pueden atacar la vista, la piel, los músculos, los huesos. Y allí permanecen, congestionando y enfermándonos. Podemos tratar el cuerpo llenándolo de fármacos o probar mil dietas. Podemos, paralelamente, hacer años de terapia con o sin resultados. Yo los invito a todos a tomar yagé, una sopa de autoconocimiento muy poderosa que vive en el Amazonas.
El yagé o ayahuasca es una poción de dos plantas combinadas, potenciada por la energía de quien la prepara. Su acción, que también está determinada por la persona que la toma, es profundamente purgativa, potenciadora de la conciencia y aceleradora del conocimiento. El yagé es un buscador. Eso es lo que es. Limpiando el cuerpo, se abre camino para encontrar el origen de nuestros conflictos y brindarnos las soluciones que viven en nosotros mismos y que necesitamos para curarnos de verdad. Al buscar, el yagé establece una conexión profunda con nuestro interior, expande nuestra conciencia y nos lleva a la fuente, a la información que está contenida en nuestras células. No hay que ser un científico para saberlo, solo hay que sentirlo. El verdadero conocimiento no se piensa, se siente. El yagé es capaz de acelerar el proceso de aprendizaje y generar algo llamado “salto cuántico”. Los saltos cuánticos son el pasaje a un estado de vibración más elevada producto de una ampliación de la comprensión que se da a través de un paquete de información que llega a la conciencia desde las mismas células.
Quiero compartir ahora con todos ustedes, las personas que quiero, la experiencia más maravillosa y extraordinaria que tuve en mi vida. Necesito que la reciban con amor, porque con amor se las entrego. Pueden publicarla, recrearla, deformarla, gastarla y hacer lo que deseen con ella.
Necesitamos profundamente reconectar el cuerpo y la mente que, a lo largo de nuestra historia humana, nos encargamos de separar. Ellos son uno. Somos uno. Pero no solo somos uno en cuerpo y mente, sino que somos uno con el universo.
El universo, que es todo lo existente, es un cuerpo. Es el ser viviente más grande que puede
existir, y toda su información está contenida en cada una de sus partículas. Se trata de un mundo que contiene infinitos mundos. Nuestro planeta también es un cuerpo, un ser viviente. La tierra respira, se mueve, se alimenta, se renueva; está, al igual que nuestro cuerpo, en constante cambio y transformación, en constante expansión. Nuestro cuerpo también es un mundo que contiene infinitos mundos, y cada pequeño mundo a su vez contiene infinitos otros. Nuestro sistema solar es una pequeña célula de otro ser.
El universo es el ser vivo total, absoluto y completo. Tiene un funcionamiento determinado, un equilibrio, y está en constante expansión. Su alimento, su nutriente esencial, es el amor. Si, esa palabra tan antigua, tan mentada, que vive siempre en las canciones y poemas. El amor es el nutriente básico de una sencillez absoluta. Es una sustancia que vibra, que vive en cada átomo. Es la esencia universal y está en el plasma celular. Esa sustancia, el amor, se contiene a sí misma y es en sí misma comprensión, entendimiento, aceptación y paz. El amor es el equilibrio. Muchos lo llaman Dios, señor, padre, Jehová, alá e infinidad de términos devaluados, derrochados y malentendidos por las religiones. Es solo amor en estado puro. Imaginen una caricia, un beso, un abrazo, una risa compartida, una mano amiga, una ayuda. Es así, simple y puro.
El universo es autosuficiente. El no necesita nada más de lo que ya contiene porque él contiene todo. Todas las formas y posibilidades. El respira, se mueve, se quema, se nutre a través de todos sus seres, de sus mundos conectados. Vive restableciendo su equilibrio permanentemente. Se reproduce, se transforma, cambia para vivir. Esa es su forma. Su funcionamiento es claro, brillante, bello. Y no es un secreto. Podemos comprenderlo porque formamos parte de él y él está en nosotros. Pensamos la naturaleza como algo escindido de nosotros. La hemos partido y alejado, como hicimos con nuestro cuerpo y mente. Nos separamos del Universo, de la totalidad o de Dios. Convertimos a Dios en un gran déspota que nos castiga o nos premia, y al cual debemos temer y obedecer, o en todo caso ignorar.
Los seres humanos recibimos un don muy preciado, un regalo enorme. Somos creadores. Nosotros somos el universo. Somos parte de lo infinito. La muerte no existe. El concepto “muerte” solo refleja nuestros miedos, nuestra soberbia y soledad. Nada muere. Nosotros no morimos, simplemente nos transformamos para seguir colaborando en la expansión universal. Nuestro amor sigue viviendo y creciendo en otros seres. Recibimos un mundo al nacer, que es nuestro cuerpo, que funciona con el mismo equilibrio del planeta. Y ambos son lo mismo. Podemos ver cómo en nuestra piel se configuran sus paisajes, sus ríos, bosques, valles, desiertos y montañas. Los árboles conducen el agua y los nutrientes, y mantienen la humedad y la elasticidad de la piel. No debemos talar los árboles. Ellos son seres muy sofisticados, sabios y fundamentales para la salud de la tierra. Son los capilares de nuestro mundo. También reservamos y guardamos energía en nuestro cuerpo. Agua, fuego, sales y petróleo para nutrirnos desde las profundidades. El petróleo es energía concentrada; es un fuego viejo que fue cocinado lentamente durante millones de años, es el aceite que nutre la tierra. Al planeta le costó mucho producirlo. No debemos extraerlo. No es nuestro. Es de la vida. Nuestro cuerpo también reserva aceites y nutrientes vitales para rejuvenecer la piel y la carne.
Así como la mente no está separada del cuerpo, el cielo no está separado de la tierra. Es todo parte de lo mismo. Nuestro cuerpo humano, los animales, las plantas, la tierra y las nubes, están hechas de la misma sustancia. Creo que las nubes son bostezos del planeta y que los pájaros son vitales para abrir canales que oxigenan esa delicada piel que es el cielo. El sol es nuestro centro y principal fuente de energía. Todos los seres somos células fotosensibles que captamos el sol para nutrir al planeta. Cada pequeña partícula importa y es vital. Todo aporta, todo ayuda a la multiplicación de la vida. La tierra es una célula que a su vez nutre el universo, todos los mundos lo son. Al igual que los humanos, los animales y las plantas son células que generan energía para el sistema universal. Una mariposa, una hojita, un perro, los peces y el agua de los océanos son mundos que contienen la misma información universal. El gran secreto del universo está escrito en todas partes. Pero nosotros todavía no aprendimos a leer. Estamos aquí para crecer y aprender. Utilizamos actualmente una pequeña porción de esa nave comandante creadora que es la mente. Allí hay miles de operarios nuevos, listos para empezar a trabajar.
Elegimos como humanidad un camino de largo aprendizaje. El universo nos dio a luz, nos creó con un potencial maravilloso. Somos dioses inmaduros, por eso guerreamos, somos crueles con los demás seres, le quitamos el alimento al planeta, arrasamos con los suelos y los nutrientes. Despreciamos la vida y con ello, nuestra propia vida. Utilizamos nuestra creatividad divina para construir objetos innecesarios que la tierra no se puede tragar, y alimentos aberrantes que nuestro cuerpo no puede digerir. La tierra nos proporciona alimentos abundantes. Hay de sobra para todos. Hay mucho más de lo que podemos consumir. No debemos matar a los animales. Ellos son muy importantes para la tierra. Nuestro planeta cuerpo solo puede nutrirse con aquello que nos da la tierra, no de otra forma. Necesitamos comer alimentos vivos, no descompuestos. Los animales necesitan de nuestro cuidado. Nosotros somos los encargados de darles amor y protección, porque a nosotros se nos dio la conciencia y el don creador.
La comida es amor. Porque el amor es el alimento. Tenemos que reflexionar mucho sobre nuestra forma de alimentarnos, como personas y como humanidad. En vez de compartir los alimentos, los desviamos, los guardamos, los vedamos a otros seres, los destinamos a engordar animales para luego matarlos y devorarlos; y así nos desnutrimos y enfermamos. Porque no compartimos. Los alimentos que nos da la tierra son para todos y alcanzan para todos. Estamos sobrealimentados y por eso, subalimentados y mal amados. No necesitamos sobrecargarnos de comida y objetos para vivir y ser felices. Solo amar, respirar y nutrirnos con el agua y los frutos que nos da la tierra, que es muy generosa.
En los pueblos originales de América Latina está la reserva cultural de la humanidad. Ellos son los encargados de preservar la información que nos va a permitir en el futuro, cuando logremos aprender todos juntos, reconectarnos con la tierra y volver al universo. Tenemos que cuidar esa reserva. No contaminarla ni destruirla. Yo pude ver las figuras de Nazca. Los habitantes de esa cultura conocían el secreto del universo y amaban profundamente la tierra; por eso la acariciaban dibujándola.
Todos los seres que habitamos y conformamos el planeta tenemos una función, un propósito. Nuestra misión es generar energía para aportar a la expansión del universo. Nuestra mayor capacidad es la generación de amor. Amando, generamos combustible para el universo.
El amor es la sustancia más veloz; es el lenguaje universal. Todo se conecta a través de él, es la chispa divina. Por amor se comunican las células, los sistemas, los átomos, los mundos. Por amor se vibra, se respira, se sana; el amor es la primera y la última de las causas. Donde no hay amor, hay desamor. En el vacio de amor vive la violencia, la enfermedad, la incomprensión, el dolor.
El amor es caricia, pero también es palabra, pensamiento, acción, intención. El amor puede viajar sin límites y comunicarse de manera infinita. La palabra es especialmente importante, ignoramos su verdadera fuerza. El universo escucha. Cada célula escucha y reacciona a la intención. Una palabra bella y amable lo es todo. Las palabras están cargadas de energía. De ahí la fuerza de la oración y de los rezos.
El sexo es el lenguaje específico, único, que se establece entre los mundos. Es una comunicación sanadora que restablece las funciones vitales, rejuvenece y llena de felicidad. A través de la música, la danza y toda forma de expresión liberamos energía de amor que nutre el universo. Esa es nuestra función. Cuando amamos, nos expresamos, liberamos el amor. Entonces solo cuando somos felices producimos energía para el planeta. Ese es nuestro gran servicio.
La humanidad no encontró aun su objetivo, su lugar, su función en el universo. Estamos acá para aprender que debemos servir al conjunto. Pero no servir como esclavitud, como obligación, sino servir amando. Porque siendo felices, servimos. Esa es la forma simple y bella del universo. Ahí está nuestra felicidad, en la unidad con el universo. Volver a Dios, dicen muchos, volver al creador, que somos nosotros, que somos todos en uno.
Así lo vi. Así me fue brindada esta información en la cuarta toma de yagé. Esta verdad absolutamente liberadora me llenó de felicidad y de profunda comprensión. Me hizo llorar de emoción. Piensen que la vida no puede ser solo un período más o menos corto de tiempo en el cual uno trabaja para ganar dinero y acumular bienes. Qué vacío absoluto, qué falta de amor. No es posible que el propósito de la vida sea acumular poder y soberbia a través del dinero y del conocimiento intelectual. Si la vida era solo eso, a mi no me interesaba ya vivir. Siempre envidié secretamente a la gente que tiene fe, que siente profundamente y cree en una religión, en un partido político, en un conjunto de ideas. Pero no encontraba algo que tuviera sentido para mí. Ahora se cuales son mis grandes interrogantes, cual es mi camino, mi aprendizaje.
Y tengo la convicción de que toda esta información está contenida en nuestro cuerpo. Tenemos todos juntos que tratar de llegar a ella. Porque somos responsables de nuestro destino humano. Podemos crear y recrear la tierra, por eso la podemos sanar. De nosotros depende. El planeta enfermará gravemente por nuestro accionar destructivo o se purgará sabiamente de nosotros. Yo vi que las montañas pueden convertirse en agua e invadirlo todo. La parte sobreviviente de la humanidad deberá crecer y aprender a vivir de otra manera.
Pensamos que somos lo más importante en este planeta, pero solo somos importantes en la medida que nos integramos al conjunto, porque lo importante es el universo entero, y sus partes no pueden vivir aisladas. Cada pieza importa, porque importa el uno. Nuestra soberbia nos hace sentir profundamente solos, y eso nos da miedo. El que se cree superior, se queda solo. Pero todo enseña, de todas las cosas se aprende. Todo sirve para la reproducción infinita de la vida. Nuestra conducta violenta, destructiva, nos hace crecer, aprender, vibrar cada vez más rápido, ser cada día más luminosos porque la luz es energía que vibra más alto. Nuestra misión es vibrar con el planeta, expandir nuestro amor para reproducir su energía. Algún día vamos a recuperemos el poder, pero no el poder sobre otros, el dominio violento, sino nuestro poder original y verdadero. Volvamos a nosotros. Volvamos todos juntos a la tierra.

 

Quique Pesoa leyó la carta de su hija al aire el domingo pasado (30 de mayo de 2010), en su programa El Desconcierto del domingo, que se puede escuchar sólo por internet, en esta dirección:


y va de 11:00 a 14:00

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Y ahora sí... un poco de alegría. ¿Sabían que James Taylor y Carole King grabaron hace poco un disco juntos?. En efecto ha sido así, lo han hecho y les cuento que es bellísimo escuchar la voz madura de James acompañada de la peculiar y ronca voz de Carole junto a sus manos acariciando el piano en esa versión que catapultó a la fama a un tema musical que adoro y que no me canso de escuchar, You've got a friend, autoría de Carole King.



LA ENCUESTA LIBRE: ¿Qué versión de  You've got a friend te gusta más?

Empiezo yo...
A mi me gusta mucho la versión de JAF (Juan Antonio Ferreyra)

Ahora si, saludos Silabarios para todos!!!

4 comentarios:

  1. EXCELENTE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Amigo, la verdad es un placer enorme leer tus publicaciones, son geniales y me encantaron! Te cuento que suelo ser un poco prejuicioso con el tema pero, al leerte, me di cuenta que sólo se trata de eso: de prejuicios! Vamos adelante y que viva la diversidad!
    Un abrazo enorme, te espero por mi blog, yo sigo el tuyo y espero te hagas seguidor del mio! Besosssss

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  2. Hola Nahuel!!! gracias por darte una vuelta... Y por lo de los prejuicios, creo que todos los tenemos en mayor o menor medida, lo importante es saber que están y a la luz de los hechos y de la razón-corazón, dejar que el amor haga su trabajo.
    abrazos

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  3. HOLA!!!!!!
    es una canción hermosa, la cante quien la cante, creo.
    Adoro la versión de JAF.
    Hace poco conocí la que hizo Marcela Morelo, muy linda también. Fijate si la podés colar en tu reproductor, así como los demás temas de su nuevo disco OTRO PLAN, donde hace covers de temazos de diferentes épocas...
    PRECIOSO TU BLOG, profundas y bellas tus palabras!!!! Te está haciendo efecto el taller de arte literario que estás cursando!!!
    Besotes, Sandra.

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  4. Gracias Sandra!!!... sí, los covers de Marcela Morelo los conozco, es más, estuvieron en el reproductor del blog alguna vez y además le regalé el CD a Claudio porque le gustaban las versiones de los temazos del disco!!!... y la verdad me encganché yo también!... Y sí, la versión de este tema es muy bonita y es así, cante quién la cante, absolutamente de acuerdo!!! jeje :) TE DEJO MUCHOS BESOS y seguimos en contacto, te quieroooo :)

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