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domingo, 12 de diciembre de 2010

Contar con un segundo plan


Amadeo Modigliani


A veces, nuestro psiquismo necesita las formas del arte para canalizar emociones encriptadas en lo más profundo del inconsciente. La energía psíquica debe liberarse, debe retroalimentarse haciendo que todo el mecanismo mental funcione de manera más o menos óptima. Cuando no logra su cometido de forma directa, es decir, un grito, un golpe contra la pared, un insulto en el momento oportuno o dar rienda suelta al llanto cuando éste así lo requiere, nuestro cerebro recurre a formas indirectas de hacerlo y allí el arte, en toda su expresión, cobra el mayor de los  protagonismos.
Para lograr canalizar emoción, el arte no necesita ser bueno ni excelente, basta con que toque las fibras de nuestra emoción en el momento indicado.
En ocasiones suelo hacer catarsis aún sin proponérmelo previamente. A veces me sorprende de tal forma que me encuentro de repente tiritando de emoción ante el fotograma congelado de un film, soñando con el paisaje de una vida en otros escenarios o simplemente llorando ante el recuerdo de una vivencia o sentir inconcluso de una herida que se niega en cicatrizar.
Me pasé una semana de catarsis, todas vehiculizadas a través de la pantalla, tanto a través de películas como de series televisivas.
La primera fue “Bajo el sol de Toscana”, y no pude más que recordar otra vez mis paseos per la città del Dante y sus colinas amarillas de mirasoles y coloridas de tulipanes. Otra vez recorrí con vértigo y adrenalina las sinuosas calles de Positano y de la costa amalfitana y nuevamente volví a soñar con una casa bañada de ese Febo que rocía los campos de un ocre pastel; una verdadera casa en el corazón de la campiña italiana.
Luego, me tope en youtube con “sutiles diferencias”, una serie de la fundación huésped que no se caracterizó por las buenas actuaciones pero que si contó una historia que era una deuda dentro de la televisión pública argentina, una historia que había que contar, como sea, como se pudiera pero contarla al fin, como lo hizo la gente de la fundación.
Contar la situación de personas que viven con HIV no es fácil. Contar la historia de una familia que se entera que un integrante de la misma es gay no es tampoco, una historia sencilla de contar. Pero ellos se animaron a contarla, y lo hicieron en poco tiempo, y si bien una hora no alcanza para transmitir la sensación de lo que una vida siente al cabo de muchos años, la contaron, y entre todo lo que se animaron a contar, contaron como una madre, al enterarse que su hijo era homosexual, se cuestionaba el no haber sabido verlo, se vuelve a cuestionar el prejuicio de haber querido encasillarlo en un modelo único de vida familiar para el que su hijo no estaba ni estaría preparado nunca.
El mensaje llega, al menos a quiénes vivimos situaciones similares, llega y moviliza, desarma, quiebra y hace romper en llanto en ciertos momentos.
Ayer por la noche, luego de cancelar todos los programas que tenía previstos con el deseo de poner pausa a mi cotidianidad, me dediqué a ver una película que hacía tiempo quería ver, se titula "Plan B" y es la ópera prima de un director argentino, Marco Berger. No de más está decir que ganó muchos premios con dicho film, el cual no cuenta con actores de renombre y que en sí, paradójicamente, encierra una historia en la que nada pasa y en la que sucede todo.
Básicamente, la sinopsis se las podría resumir así: Bruno decide recuperar a su ex-novia luego de un ataque de celos que le provoca verla con otro hombre. Como no funciona la forma convencional de volver a estar con ella, pone en marcha su plan b que consistirá en seducir a su nuevo novio, Pablo.
Me desarmé de ternura al ver a dos hombres descubriendo su verdadera identidad sexual. Lloré con Pablo, me enredé en sus camas, entre sus pensamientos, volví también el tiempo atrás y tuve doce años, catorce, dieciséis y estuve toda la noche con la luz apagada charlando con un amigo cuando se quedaba a dormir en casa. Volví a jugar con un balde y una palita, me tiré a mirar el techo y me puse a divagar explicando el mundo con los ojos de un niño. Y de pronto, siendo hombre, otra vez me dejé llevar por esa torpeza que nos caracteriza a la hora de manifestar el cariño, esa tosquedad, esa practicidad con la que a veces resolvemos el conflicto.
Nunca había visto hasta hoy, un film que capturara con tanta precisión, el momento en que dos hombres se dan cuenta que se gustan, que se quieren, que se quieren para ellos mismos, que se celan, que se miran en secreto y cuando duermen, semidesnudos, añoran explorar esa otra piel, acariciarla y tocarla hasta fundirse en ella.
Pero Marco se animó a contar esa historia, quizá no de la mejor forma para una crítica exigente, pero la contó, y la contó bien y me llegó al corazón y al alma y no pude evitar colarme en la habitación de Bruno y de Pablo, cuando, llegando el final del film, dejan a un lado sus propios prejuicios y vencen el miedo convencidos de que, todo lo que causa el peor de los miedos es lo que más vale la pena hacer. 

 
 
Si quieren escuchar una crítica a lo Felisa sobre PLAN B, no dejen de pasar por acá,
 
 
Las críticas que para mi, valen la pena...


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