Material exclusivo para utilizar en el baño

jueves, 23 de diciembre de 2010

Más cumpleaños, menos nochebuenas



Es la víspera de una festividad religiosa con la cual hace tiempo ya no comulgo ni me representa, un festejo que ha ido perdiendo brillo y sentido a lo largo de los años y que hoy por hoy, sólo es un motivo para juntarse en familia a comer y a brindar sin saber muy bien por qué.
Recuerdo que cuando era chico, la magia de la Navidad era especial y única. Llegaba diciembre y eso anunciaba la llegada del verano, las puertas abiertas a las vacaciones, el emotivo encuentro con los adornos, las luces, las guirnaldas y todo el arsenal que envestía el folklore de armar el arbolito y colocar a sus pies el pesebre y las cartas a Papá Noel.
Me encantaba armar el arbolito de navidad, era mi parte favorita. Luego, me dedicaba con esmero a preparar tarjetas y salutaciones navideñas, cada año un motivo diferente, pero siempre artesanales. Ya en noviembre comenzaba a diseñarlas, a juntar la plata para comprar los materiales y amontonaba ilusión acopiando ganas. En diciembre comenzaba a armarlas porque algunas viajarían por correo y es sabido que en esas fechas el tráfico postal es intenso y todo se demora más tiempo del común. Por lo que, me apresuraba a preparar aquellas que debían ser depositadas en el buzón y disfrutaba cada detalle, cada momento de encuentro entre mis manos, mi mente, mi emoción y esas tarjetas. Del mismo modo disfrutaba mi viaje al correo, hacer la fila, esperar mi turno, despachar mis cartas con la ilusión de que lleguen a destino a tiempo e imaginando el rostro de mis seres queridos al abrirlas y llenarse las manos de color y los ojos de brillos.
De hecho, era tanta la adrenalina propia y de todos, que en general hasta yo mismo olvidaba mi cumpleaños. Nacer un 24 de diciembre no es sencillo, ni para la madre ni para quien cargará toda su vida con ese ritual festivo. No recuerdo casi ningún festejo de cumpleaños, no recuerdo siquiera salutaciones, momentos especiales vividos ese día. Todos siempre giraba en torno a la cena familiar de Navidad en la que sí, se acercaban a saludarme, pero no con la intención de mi cumpleaños como meta. Creo que eso ha marcado una tendencia en mi vida, la de rehuirle a las fiestas y a la masividad, la de ni siquiera festejar mi propio cumpleaños aún ahora que ya estoy grande y podría hacer lo que me diera la gana.
Si bien no tengo registro concreto de mis cumpleaños, cada tanto, para estas fechas, me envuelven otros recuerdos y no puedo evitar abandonarme a ellos, riendo en ocasiones, llorando cuando en algún rincón de la casa me tropiezo con alguno, una nota, una canción, un dibujo o alguna de esas hermosas cartas que yo también recibía y que me hacían cosquillas en la panza cuando el cartero las dejaba en la puerta.
Me doy cuenta que hace mucho tiempo dejé de abrir los cajones que atesoran esa parte de mi vida y que aún descansan en la casa de mis viejos. Nunca quise llevármelas, nunca más volví a encontrarme con ellas pero paradójicamente las dejé allí, quietas, dormidas, aguardando latentes un tiempo en el que sean nuevamente develadas y se transformen en aquellas pequeñas cosas que , al buen decir del Nano, nos hacen llorar cuando nadie nos ve.
Pasó el tiempo, mucho tiempo y los hábitos cambiaron como la vida misma. Ya no llega el cartero a tocar el timbre de la puerta, ya no me emociona la llegada de la navidad, ni siquiera pierdo tiempo en armar un árbol que no tengo y que no añoro poseer. Ya no se ensucian mis manos de brillantinas y fibrones ni se pegan mis dedos con plasticola ni se enrieda entre mis manos una lapicera para garabatear mi letra y mi emoción dibujando una carta con círculos y espirales.
A cambio, ahora me siento aquí, frente a este monitor y voy plasmando mi sentir con grafías que la computadora me presta y que, gracias a las virtudes de la tecnología, hace que mi letra se dignifique. Y me dedico a saludar a mi gente con un saludo que es más un compromiso que un augurio.
Si bien no soy festivo ni amante de las fiestas, quiénes me conocen lo saben bien, adoro celebrar la vida y el encuentro con la gente querida, si es posible en forma íntima, de vez en vez, de a poco, degustarla y saborearla hasta la última miga de tiempo. Es por eso que, a partir de mañana, mi celebrar tendrá el color de los globos y las guirnaldas de cumpleaños, tendrá la emoción de la visita recibida y del abrazo cálido de quién se acerque, las vivencias de lo cotidiano y el sentir urgente de la vida que nos late
El 24 de Diciembre ya no será nochebuena para mi, simplemente será mi cumpleaños y me dedicaré a celebrarlo de la mejor forma que un ser humano puede hacerlo, agradeciendo y viviendo.


7 comentarios:

  1. Mi querido Sebita,

    Cómo me alegra saber que ...

    " Es por eso que, a partir de mañana, mi celebrar tendrá el color de los globos y las guirnaldas de cumpleaños, tendrá la emoción de la visita recibida y del abrazo cálido de quién se acerque, las vivencias de lo cotidiano y el sentir urgente de la vida que nos late"...

    Y por eso he venido a verte, y te traigo globos de delfines, de estrellas, de nubes de colores, y dulces y besos y abrazos...¡Para celebrar tu cumpleaños !

    Porque hoy, Sebita, por encima de todo, por encima de esas tarjetas que nos gustaba crear y echar al correo, por encima de ese árbol que nos gustaba adornar, hoy, querido Sebita, por encima de cualquier imagen de nuestros recuerdos, hoy queridísimo amigo, ...

    ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡HOY ES TU CUMPLEAÑOS !!!!!!!!

    Y TE FELICITO MUCHÍSIMO Y POR ESO HE VENIDO A CELEBRARLO CONTIGO !!!!

    Un achuchón muy grande y prolongado.

    ResponderEliminar
  2. Lily!!! siempre tan cercana, tan cálida, tan tierna!!!... gracias por tu venida, tengo preparado el mate y unos dulces para convidarte.
    Los globos ya los distribuí por todo el departamento y llenan de color y vida este día!!!
    Celebremos, celebremos, que la vida es un festejo en sí mismo!!!
    GRACIAS LILY!!!!! Te quiero!

    ResponderEliminar
  3. ¿Has pensado alguna vez por qué, en todo el mundo, en cada cultura, en cada sociedad, hay unos días al año dedicados a la celebración? Esos días de celebración son sólo una compensación, porque esas sociedades te han desposeído de toda la celebración de tu vida, y si no te dan algo a cambio puedes llegar a convertirte en un peligro para la sociedad. Pero estas compensaciones son falsas. En tu mundo interior puede haber una continua sucesión de luminosidad, de canciones, de alegrías. Recuerda siempre que la sociedad te compensa cuando presiente que lo que reprime puede provocar una situación peligrosa. La sociedad siempre encuentra alguna manera de permitirte descargar lo reprimido. Pero eso no es una verdadera celebración, no es posible que sea auténtica. La verdadera celebración debe provenir de tu vida, ha de ser en tu vida.

    La verdadera celebración no puede tener lugar a partir de un calendario previo que te dice que el primero de noviembre será un día de celebración. Es extraño: eres infeliz durante todo el año y el primero de noviembre, de repente, te olvidas de tus amarguras y te pones a bailar. O bien la amargura era falsa o el primero de noviembre es falso; no es posible que ambas cosas sean auténticas. Y cuando ha pasado el primero de noviembre te encuentras otra vez en tu agujero negro, todo el mundo regresa a su amargura, a su ansiedad.

    La vida debería ser una celebración continua, un festival de luces todo el año. Sólo entonces puedes crecer, florecer. Transforma las pequeñas cosas en una celebración. Cada cosa que haces debería ser una expresión de ti, debería llevar tu firma. Entonces la vida se convierte en una celebración continua. Incluso si enfermas y has de permanecer en cama, sucederá que esos instantes serán de alegría, de relajación y descanso, de meditación; serán momentos para escuchar música o poesía. No hay necesidad de entristecerse. Deberías alegrarte de que mientras todo el mundo está en la oficina tú estás en tu cama, como un rey, relajándote; alguien te está preparando té, la tetera entona una melodía, un amigo ha venido a tocar la flauta para ti. Estas cosas son más importantes que cualquier medicina. Cuando enfermes, llama al médico. Pero todavía más importante: llama a todos aquellos que te aman, porque no hay ninguna medicina más poderosa que el amor. Llama a quienes pueden crear belleza, música, poesía a tu alrededor, porque nada sana tanto como una atmósfera de celebración.

    Osho

    ResponderEliminar
  4. http://amante.lovecards.com/images/cards/birthday/free/birthday_cake_002es.jpg

    ¡¡¡¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS SEBITA !!!!!!!

    ResponderEliminar
  5. ¡¡ comulgo con OSHO !! ¡¡ Y CONTIGO !!

    ResponderEliminar
  6. me encanta lo que has escrito.
    Felicidades Sebastián!

    ResponderEliminar
  7. Gracias Dali, Gracias Fabiola!!! sean siempre bienvenidas!!! BESOTES

    ResponderEliminar