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lunes, 13 de diciembre de 2010

Los caminos de la vida

Los caminos de la vida (desconozco el autor)


“Los caminos de la vida

no son como yo pensaba
no son como imaginaba
no son como yo creía
Los caminos de la vida
son muy difícil de andarlos
difícil de caminarlos
y no encuentro la salida”


Así comienza una de las tantas letras de las canciones de Vicentico, el ex vocalista de Los Cadillacs y también así comienza la versión doblada al castellano de la película que me dejó el corazón en la mano y la mente dislocada ayer por la noche.
El film se titula 3 needles, que si no me equivoco, literalmente sería “3 agujas”. Bien, por esas cosas de los derechos de autor y quién sabe qué otras monedas, la película para los que vivimos de este lado de acá es conocida como “Los caminos de la vida”, dirigida por Thom Fitzgerald y protagonizada entre otros por Shawn Ashmore, Stockard Channing, Olympia Dukakis, Lucy Liu, Sandra Oh y Chloë Sevigny. Narra tres historias en serie que ocurren en lugares muy distantes geográficamente y que poseen costumbres y culturas muy diferentes, estando unidas por un mismo hilo conductor: la enfermedad y el vínculo entre padres e hijos.
La enfermedad aparece siempre como un sujeto tácito dentro de la historia. Se percibe su presencia en forma permanente, está inmersa en los diálogos de forma implícita, conecta los fotogramas entre una historia y otra, asusta, ahuyenta, mata, pero jamás se la nombra.
No es casual que esto sea así, ya que, como todo aquello que genera desasosiego y está íntimamente ligado a lo carnal y a lo pecaminoso –herencia de una tradición juedo-cristiana-, permanece en el imaginario de la gente como un fantasma imposible de ser nombrado, generando dudas, temores y confusión, culminando por cobrar, una cruenta cuota de resignación y soledad.
Es curioso como, sin embargo, la enfermedad se lee, es leída por cada uno de los protagonistas en cada uno de los relatos, resignificando y estrechando los lazos parentales de una forma íntima, poniendo en juego todo lo que cada uno, dentro de sus esquemas de comportamiento, es capaz de hacer por el otro, aún si esto, supone ir en contra de las propias creencias.
En la primera historia, situada en una aldea china, una mujer embarazada compra sangre a los granjeros que necesitan el dinero para poder hacer frente a su vida y paliar la miseria en la que se ven inmersos, sin darse cuenta de que está, poco a poco, sembrando parca en lugar de arroz y abundancia.
En la segunda historia, situada en los Estados Unidos, un actor de cine porno decide mantener en secreto su enfermedad para no perder el trabajo, mientras que su madre, al descubrirlo y temiendo lo peor, por no hablar, por no informarse, por hacer el bendito silencio que, al buen entender de Benedetti, casi siempre resulta más ensordecedor que mudo, decide hacer su propio trato con la muerte para poder cuidar de él y brindarle lo mejor en los pocos años que ella cree que vivirá.
Y en la tercera historia, anclada en el corazón de Sudáfrica, una monja intercambia favores para salvar la vida de niños enfermos de innombrable, convencida de que es la vía directa y más rápida para brindar su ayuda humanitaria ante la mirada de un Dios distraído que colecciona milenarias oraciones sin efectos visibles.

Existe una creencia popular en Sudáfrica que se ha extendido de boca en boca, como todas las historias, los mitos y las leyendas. La historia cuenta que, un brujo le contó a un portador de HIV que para eliminar el virus debía tener relaciones sexuales con una virgen. Esta historia creció y se propagó por todo el terruño y así comenzaron a aparecer cada vez más casos de niñas violadas y portadoras de HIV, aumentando notablemente el número de enfermos.
Pero las violaciones no tienen como única presa a las niñas pequeñas. Los poblanos, a sabiendas de que bajo el velo y el hábito de una monja se oculta, en ocasiones, virginidad santa, no dudan en probar suerte con alguna de ellas si tienen la ocasión.
Una de ellas, luego de ser brutalmente violada y asesinada, afirma desde lo alto

“No puedo culparlos, me pasé una vida creyendo en una Virgen”

Con esta certeza voy cerrando este post, convencido además de que, los caminos de la vida nunca son lo que esperamos, son lo que merecemos mal que nos pese a veces, nos guste o no otras tantas.

Habrá que hacer migas con ella y vivirla así, sin más.


 
PD: No soy crítico de cine ni mucho menos, sólo dejo mi impresión del film, pero si gustan se las recomiendo, más allá de las historias fuertes y conmovedoras, tiene una fotografía bellísima.



3 comentarios:

  1. Querido Sebita,

    Dices que no eres crítico de cine, pero bien podrías serlo.
    Conmovedora la película que, por lo que cuentas, es un fiel reflejo de lo que sigue ocurriendo en este S.XXI.
    Y en cuanto a lo de "los caminos de la vida nunca son lo que esperamos, son lo que merecemos mal que nos pese a veces, nos guste o no otras tantas...", ahí no estoy de acuerdo contigo. Aunque yo también lo digo en muchas ocasiones "¿qué habré hecho yo para merecer esto?", sé que no tengo razón, como no la tienes tú. No podemos cargar con la idea de que hemos hecho algo atroz para "merecer"... ¡NO!... Sencillamente es la vida, cuyo camino suele estar plagado de obstéculos, pero, sin embargo, en un recodo y entre las hojas verdes de un árbol...podemos ver un amanecer o un atardecer y escuchamos el trino de un pájaro.
    Besitos.
    PD: Me gusta el color de la primavera de tu blog.

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  2. QUERIDA LILY!!! gracias por pasearte por este jardín! jaja. Yo no digo que merezcamos lo atroz, simplemente creo que se trata de evolución, para quienes creemos en la reencarnación, se trata de ir camino a la perfección vida tras vida... sólo lo creo, y quien cree, crea.... ABRAZOS MIL QUERIDA LILY!!!

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  3. En efecto son aprendizajes, uno tras otro, pero tan arduos...

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