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viernes, 17 de junio de 2011

CASA NOSTRA


“Una ramita, dos ramitas” (así actúan los verdaderos reyes africanos)

Un anciano se está muriendo y convoca en torno a si a los suyos. A cada uno de sus muchos hijos, esposas y parientes le entrega una corta y resistente ramita.
-Romped la ramita, les ordena.
Con cierto esfuerzo, todos rompen la ramita por la mitad.
-Eso es lo que ocurre cuando un alma está sola y no tiene a nadie. Se rompe fácilmente.
Después, el viejo les dio a cada uno de sus parientes otra ramita y les dijo
-Así me gustaría que vivierais cuando yo haya muerto. Reunid todas las ramitas en haces de dos y de tres. Y ahora, quebrad los haces por la mitad.
Nadie puede quebrar las ramitas cuando forman un haz de dos o tres. El viejo los miró sonriendo.
-Somos fuertes cuando estamos con otra alma. Cuando estamos unidos a los demás, no nos pueden romper”

Cuento popular afroamericano. Extraído de “mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola Estés.

Si tengo que elegir un divertimento o un hobby no precisamente elegiría una mudanza, pero cuando la misma arriba como un soplo y se cuela en el departamento, sin aviso e instalándose como una certeza, a uno, no le queda más remedio que elegirla como pasatiempo.

Cuando sobrevino, como una crónica de Márquez anunciada, la primera mudanza, aquella que era estimulada por los vientos de cambio, existía en el aire un cierto alivio y una alegría diferente a la que siento ahora.
Este departamento, que ahora se va poblando de huecos vacíos retornando a su virginal comienzo, fue el sitio que elegí para empezar una nueva vida. La elección fue ardua, recuerdo que me llevó semanas de visitas inapropiadas e improductivas a casas que intentaban serlo y a departamentos que oficiaban de perfectas conejeras.
Hasta que, ya medio desahuciado y desesperado, abrí las puertas de éste al cual hoy debo empezar a decir adiós. Recuerdo que ya, antes de entrar y sólo contemplando los inmensos ventanales junto a la luz que se filtraba a través de ellos, dije ¡ lo quiero!. No me interesaba ni siquiera recorrerlo, ni saber el precio, interiormente algo latiendo me susurraba que era mío, ambos nos habíamos elegido, el Universo había escuchado nuestros latidos y como detectores en busca de su fuente, logró saciar nuestra sed poniéndonos cara a cara, yo como habitante y él como habitable.
La mudanza fue lenta, a mi estilo, trasladando cajas con libros robados a todos los anaqueles de la biblioteca, algo de vajilla barata y todo el arsenal escolar en uso y por utilizar. Luego llegó el momento de mudar lo menos ligero para lo que contraté un taxiflet con ayudantes incluidos para no mover un dedo ni siquiera para correr la heladera, como también es mi estilo.
Poco a poco fui adueñándome del espacio, purificándolos y bautizándolo con las lágrimas de un duelo postergado, al principio sin mesa ni sillas, soportando todo tipo de ruidos a los que poco a poco me fui acostumbrando, escuchando los gritos ensordecedores de, la que luego supe, era mi vecina de abajo y con la que llegamos a entablar un lazo bastante estrecho y cordial.
Conquiste los rincones, los fui poblando de historias, de cuentos, de fotos, de migas de pan y restos de mani. Lo hice mío y me adueñe de él como si fuera su propietario. En el fui libre por primera vez, en el conocí a quien ahora es mi compañero de camino, en el fui feliz y lloré mucho, mucho más de lo que creía poder llorar.
En este departamento la soledad cantada por Drexler me acompañó y me alivió. Con ella comulgué muchos meses intentando reencontrarme, nos batimos a duelo, confrontamos de manera pacífica y mansa, como me gustan las confrontaciones; no sé de qué otro modo se puede confrontar sin resultarme violento, no lo supe hasta hace poco que según quién perciba el mundo, las confrontaciones pueden ser un aullido y un desgarro sin el menor interés de cargar de violencia el episodio.
Fiel a mi estilo pausado y tranquilo, elegí el silencio y la música de amantes, como compañeros los libros y sus sabios o aburridos silabarios, como cómplices los films de género independiente con quién la alianza la mantengo desde hace años aunque ahora esté un poco perdido en el mar de otros géneros y categorías.  Elegí vivir alejándome de la catastrófica muerte, esa que mata la vida dentro de la vida misma, esa que mutila y que promueve un cambio que de no llegar a transitar, se corre el riesgo de quedar tieso de muerte ante una vida que no nos permitimos asir y tomar fuertemente.
En este departamento la vida cobró alas, me apropié de los espacios a mi gusto, a mis ritmos, a mi modo planté la bandera de la conquista y lo hice tan mío como pude y como quise.
Por eso, cuando la dueña, hace apenas unas semanas, me dio la triste noticia de que debía dejarle el departamento para su uso particular, me entristecí, se me nubló la mirada y me habitaron días de mucha ansiedad e incerteza.
Nada permanece constante, a no ser que se trate de la constante universal de los gases ideales y alguna otra que anda dando vueltas. El cambio es permanente y necesario para crecer.  Quizá habrá llegado el momento del viraje al buen estilo papel de tornasol o su amiga fenolftaleína, aunque yo prefiera el indicador universal pues tiene una gama cromática mucho más amplia e interesante. Acomodarse a la vida requiere de tiempo, aunque a veces el tiempo personal no coincida con el tiempo cronológico ni cronométrico. La vida va marcando el compás y a veces, por estar embarcados en ese tren, no aminoramos ni siquiera la marcha para poner en claro la mente y bajarnos en alguna estación para serenar el motor y pensar con mayor claridad.
Habitar otro espacio, ahora en la compañía de otro que también lo habita implica duelar una conquista postergada por años, ansiada, anhelada y afianzada. Implica renunciar a un espacio personal para incorporar poco a poco, como los ingredientes de una masa, los condimentos que ese otro también tiene que agregar para que la mezcla heterogénea fermente y leude en contacto con la tibieza y la calidez de las fogatas.
Me habita el temor de lo nuevo, de lo distinto.  Comenzar a dejar el mío para incorporar el nuestro sin dejar lo mío pues la individualidad nunca se pierde aunque vayamos acompañados.
Se  van marcando nuevos destinos, otros rumbos se van develando como si se tratara de esos mapas secretos que van revelando sus misterios a medida que se superan los obstáculos que es necesario sortear para hallarlos o se adivinaran las secuencias de pistas solicitadas.
Hacer propio un espacio que es ajeno, cuesta trabajo y esfuerzo. Fue por eso que a Clau, esa noticia no le sentó tan mal. Empezar a construir un espacio conquistado de a dos era su anhelo y su deseo como así también suya era la necesidad de poseer algo propio, algo nominado como tal, algo también apropiado por él, virgen de ambos.
Me costó mucho hacerme a la idea, me daba mucha tristeza y temor abandonar lo mío para pasar a ese nosotros en dónde aún el singular prima frente al plural, al menos en mi cabeza que siempre va más lento que la de los demás.
Luego de una semana de intensa búsqueda, como si otra vez el Universo estuviera latiendo a nuestra par, dimos con un departamento vecino, a pocas cuadras, que me habitó en un parpadeo antes de ingresar en sus corredores. Yo me sentí deslumbrado por la aparición de dos habitaciones y Clau quedó embelesado con la cocina, el vientre de toda casa. Sin dudarlo, nos miramos y dijimos ¡lo queremos!.
El universo otra vez estuvo presente, ahora de nuestro lado, el departamento ya es nuestro, fuimos los primeros en verlo y los elegidos por sus propietarios para vivirlo, poblarlo de nuestras risas y enojos, habitarlo y transformarlo en ese sueño de hogar al que aspiramos.
Entre trabajo, días laborales y fin de semana nos trasladamos y en pocas horas lo dejamos habitable y a nuestro gusto. Descorchamos juntos un espumante, nos quejamos de todos los dolores cervicales y lumbares, quedamos rotos y eso denotó la falta de ejercicio. Luego retomamos la cotidianeidad y en ella, acostumbrarnos a lo nuevo, integrarlo a la masa, incorporarlo.
Igual, a pesar de las dos semanas que llevamos viviendo en esta hermosa  y luminosa casa que nos deslumbra de sol cada mañana, aún me pierdo entre sus habitaciones porque además de tener más ambientes, éstos son mucho más amplios. Cuando intento buscar algo en la cocina recorro todas las alacenas antes de encontrarlo. La habitación que oficia de estudio y que, bromeamos que me pertenece porque ya quedó impregnada de todos mis libros y mi música, aún no logro poseerla. Me resisto a sentarme frente al monitor de la computadora, me resisto a las dependencias tecnológicas aunque me apasione recorrerlas. Deseo volver a mi relación estrecha con el arte y la cultura, así más no sea para contemplar y disfrutar como lo hacía antes. Me cuesta retornar, algo en mi está fracturado y aún no logro dar con el eslabón perdido para reconstruir las piezas. Algo que sabe a duelo y que m entristece frente al huracán que Clau enciende a cada paso, firmezas que van dejando huella en los pisos de una casa, que aun siendo nuestra, ahora es más suya que mía pues en mi aún permanecen las reminiscencias de una conquista solitaria que se resiste a dejarme por temor a perder lo único que me pertenece, mis placeres y mi pensamiento.
Antes era fácil pausar un film porque la urgencia silabaria me poseía y no me quedaba otra que imprmir letras sobre un teclado. Luego, en otro momento sería el tiempo de retomar el film. Ahora, mientras los dos, tirados en la cama, observamos plácidamente la televisión, ¿cómo hacer para no sucumbir ante tan urgente ansiedad silabaría sin dejar derramar una lágrima?. ¿Cómo hago para sortear la inercia en la que quedo sumido cuando un grito de enojo que se cuela por mis orejas como un disparo ensordecedor y que proviene de su boca, la misma que me besa y me calma y me llena el alma de dulzura? ¿Cómo no llorar de impotencia ante esta imposibilidad de esgrimir un No por temor, otra vez al rechazo, a la no aprobación, cómo si se tratara de ello el poder decidir sobre la propia vida? ¿cómo no sentir a veces, haber retrocedido otra vez si la conquista del amor era la meta?. Al fin y al cabo, es todo un proceso de asimilación y acomodación, diría Piaget.
Construir el nosotros es, de todos los trabajos, uno de los más arduos, al menos eso voy comprobando. Quizá no tanto como el de descubrirse a uno mismo, pero si jugaran una cinchada creo que la resultante sería empate.
Construir el nosotros implica mirarse constantemente, mirar al otro, reinventarse, aceptar la debilidad y la derrota, dejar de lado las idealizaciones del enamoramiento y aprender a caminar sostenidos por el amor traducido en gestos cotidianos. A veces se puede caer en el error de renunciar a uno mismo, algo que se paga caro y que cuesta recuperar, algo que intento subsanar diariamente para que esta casa nostra, logre serlo sin dejar de habitar esos pequeños e inmensos espacios de individualidad.


4 comentarios:

  1. Como siempre, mi querido Sebita,...me llegó profundo.

    ¡No renuncies nunca a tus espacios ni a tus momentos! La vida a dos necesita de esos instantes de abstracción individual como "agua de mayo". No se puede dejar de ser y el otro, si también es, lo tiene que comprender y respetar.

    Si no hubiese sido así, ninguno de los dos hubiésemos podido resistir tanto. Sin ese oasis personal para la regeneración, pienso que la relación se tornaría claustrofóbica.

    ...sotes y ...zotes.

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  2. Sebas... qué placer extraordinario es leerte!!!
    Me voy a dormir, tarde una vez más, pero con el alma acariciada por tantos sentimientos compartidos!
    Te quiero muchísimo y te robo un parrafito para regalarle a César!
    Besotessssss
    :)

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  3. Caro Sebita, ¡que bien escribes che pibe!
    Coincido con Lily en que necesitamos nuestros espacios individuales, esos que enriquecen la relación!
    A mi, en general me cuesta mucho adaptarme los cambios pero cuando lo logro ya no miro para atrás. Eso si, mientras lo hago me ayuda mucho pensar que los cambios nunca son fortuitos y siempre devienen en algo positivo. Disfruta ir llenando esos nuevos espacios. Te quiero amigo. Nos vemos en septiembre!!

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  4. Gracias a todos por la querencia y los consejos!!! es que los cambios son muy intensos y yo estoy viviendo en poco tiempo, un combo de todos ellos!!! y eso, mis queridos todos, a veces se me torna un tanto difícil... pero no imposible! jeje LOS QUIERO, gracias por darse una vuelta, como la del círculo de Kevin! BESOTES

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