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domingo, 3 de julio de 2011

Sueños circulares...


"Hay días de luz afuera y adentro, días que parecen iguales, en los que no sucede casi nada más que el suave cruzar de lo cotidiano. Días que parecen sin huella, pero que marcan, al sumarse, lo que podríamos llamar alegría, esto que no es la escandalosa felicidad, sino la sencilla emoción de andar el mundo, como las plantas y los elefantes, porque así nos tocó. En este siglo, bajo estas estrellas, no siendo más que otros. Ni menos. No mandar, ni prevalecer, ni afligirse porque hay historias que no se sabe si tendremos el tiempo de contar y contarnos. Hoy ha sido un día de estos." Ángeles Mastretta

Uno de esos días en los que uno decide reconciliarse con viejos amores aún sin haberse peleado nunca, reconciliar como un intento de volver a unir el entramado de lo destejido, de lo desmadejado, de lo abandonado sólo por haber enfilado el alma en otros placeres y haberse dejado llevar por otros encantos.
Pero como todo tiende a un equilibrio, al menos nuestra psique funciona de ese modo, todo aquello que deslumbra, pasado el tiempo sólo alumbra o se transforma en un foco oscuro y quemado que no hace otra cosa que poblar de sombra lo que alguna vez llenó de luz; sombra que sin lugar a dudas es indispensable para poder ver la luminaria que aún queda por transitar y aquella que nos aguarda como si fuese un padre esperando la venida de su hijo pródigo.
Así, en un intento de huir de las sombras de mi mente, en un manotazo sórdido y estrépito volví a cachetear al miedo que zumbaba como abeja en mis oídos y que opacaba mis pensamientos y me puse en campaña para encontrar esa paz que nunca llega sin batallar antes.
A la paz, o a unas migajas de ella, la encontré rápidamente entre mis libros, acompasando las notas de la música que se descuelgan desde todos los estantes de CD que me rodean, retornando viejos paseos blogueros por la red, como este encantador naufragio en el tan querido Puerto Libre , capitaneado por la bellísima persona de Ángeles Mastretta que nos relata sus días de una manera tan cálida y deslumbrante que da gusto y hermosura leerla.
Reencontrarme con los libros y las ganas de contar sobre ellos, algo que me genera placer y alivio. El placer de poder compartir la querencia y el alivio de no sentirme tan solo en el disfrute de mis pequeños placeres.
Acabo de dar vuelta la última página de un libro que me cautivó desde que mis ojos se encontraron frente a su tapa, su título y su autora, de la cual, desconocía paraderos y reseñas silabarias hasta la fecha.
Quizá muchos la conozcan e incluso hayan leído el libro, pero para mí fue una de esas sorpresas, o golpes causales del destino, como diría mi amiga Dali, en el que, una fuerza interior milenaria corriendo por nuestras venas nos moviliza hasta los estantes del librero a sabiendas de que allí estará esperándonos el depositario de nuestras tardes de sol y de nuestros desvelos.
Gioconda Belli es una escritora nicaragüense, reconocida internacionalmente principalmente por su obra poética por la qué ha recibido una tríada de premios, al menos esos cuenta la solapa del libro (admito que sólo he leído uno de sus poemas y me ha enamorado "yo, la que te quiere"). La mujer habitada, su primera creación novelística y mis primeros andares a través de sus palabras, cuenta la historia de Lavinia, una mujer para quién la vida no está signada por el ideal del deber ser, sino más bien por una búsqueda profunda y milenaria de reencontrarse con ese estado primigenio y salvaje que le permita dar a luz a la verdadera mujer que se esconde tras el titulo de arquitecta. Una mujer que no decide abandonarse a la tradición familiar y a su estirpe de niña rica eligiendo el matrimonio y la familia acomodada para poder vivir una vida sin sobresaltos y plagada de lujos. Una mujer que toma las riendas de su independencia, enfrentando las miradas lapidarias de sus pares a cada paso y en cada elección.
En un excelente paralelismo entre historia, cultura y guerrilla, Gioconda nos introduce en un mundo de guerras, armas, búsqueda de la paz en un doloroso y liberador viaje hacia las profundidades del alma, del propio ser y su esencia, hilvanando la historia con ese componente esencial sin el cual la vida no sería vida: el amor.
Una historia que nos muestra capítulo tras capítulo como la arqueología humana va penetrando en la sangre de la protagonista llevándola constantemente a reencontrarse con su verdadera identidad, con su destino que a modo de círculos, nunca empieza ni termina, simplemente gira y vuelve a dar la vuelta para someter al personaje y a lector en ese crudo pero vital mensaje de que las elecciones son siempre propias y que durante la vida daremos tantas vueltas como sean necesarias para aprender aquello que aún nos falta. Y si una vida no alcanza, como es de esperar, vendrán otras tantas, las que sean necesarias para que al fin el alma logre su máxima evolución, el amor en estado puro.
Mientras tanto, mientras culmino esa bellísima historia, viene a mi mente el recuerdo de una, más hilarante y trágica, una que leí en el verano, al pie de las sierras cordobesas. La novela se titula Soy Paciente y como en el caso anterior, fue la primer novela que leí de Ana María Shua, escritora Argentina que comenzó su carrera también escribiendo poesía para luego desembocar en la trama narrativa, incursionando también en un género que me fascina, la micro ficción, un género que comienza a pisar fuerte dentro del género literario y del qué “La Sueñera” es un libro también altamente recomendable y encantador.
En Soy Paciente me enfrenté al estilo satírico y cómico mediante el que la escritora nos invita a transitar sus historias. Luego, en La Sueñera, pude volver a encontrar los ribetes de una escritura original y auténtica, una forma de narrar los sueños única y desopilante.
Soy Paciente refleja el estado calamitoso en el cual se encuentra nuestro sistema de salud, en donde todo es atravesado por la burocracia, conformando una institución en la que importa poco y nada el enfermo y sus aflicciones. Un paseo que resulta una sátira y a su vez, una alegoría de lo que se vive a diario en los hospitales Argentinos y en donde el título juega y se burla con las acepciones dando cuenta de lo paciente que deben ser los pacientes cuando sin más, quedan postrados en una cama de hospital.
Y mientras Ana María Shua me invita a participar de sus viajes oníricos desopilantes, surrealistas y divertidos, yo tejo mi propio sueño de escribir mi libro, sin haberme iniciado ni siquiera en la poesía, sin haber estudiado letras, siendo malísimo para hablar y escribir otros idiomas e incluso el propio, llevando sobre mis recuerdos todos los años que me llevé lengua y literatura a examen por mi pésima ortografía de la que, algunos de los transeúntes de este blog pueden dar fe.
Estoy sobrevolando la idea, estoy con muchas ganas de hacerlo. Sé que muchos confían en mí a pesar de que yo no confíe tanto en mi sueño. No tengo idea si será una buena idea escribirlo como darle vida a su contenido, tampoco entiendo de ediciones y mucho menos de comercio, pero en el mientras tanto me entusiasma la idea de hacerlo, como un desafío personal y un juego que a modo de calesita vuelve a sonreírme desde la mano del maquinista y su burlona sortija que jamás pude atrapar.


2 comentarios:

  1. http://lacomunidad.elpais.com/iguiniz

    ¡Qué mejor manera de terminar el circulo de nuestros sueños que en un libro esperando entre los rincones de nuestra existencia!

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  2. HOLA MANUEL!!! qué sorpresa encontrarte por acá!!! bienvenido y gracias por tu aliento!!! qué alegría!!!! SALUDOS che!
    :)

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