Material exclusivo para utilizar en el baño

jueves, 30 de mayo de 2013

"Solo il vento lo sá..."



Emociona tanto, que no sé por dónde empezar.
Cuando el miércoles de la semana pasada, arrojé las monedas al aire, lo hice con la esperanza de enfrentarme al milagro. Fue tanta la adrenalina, que esa noche, no pude pegar un ojo. El jueves por la mañana lo encontré frente a mí y no tuve más remedio que dejarlo acariciarme.
La preselección era un hecho. Me pedían una obra inédita para competir con cinco escritores más. Pero me la pedían para hoy, ni más ni menos que una semana después del anuncio. En ese momento la caricia se transformó en cachetazo y anduve desvelado y encerrado durante siete días para dar forma al borrador que, desde el año pasado y comienzos de éste, descansaba en varios archivos sueltos de mi PC.
Estaba claro que solo, no podría. En primer lugar, porque revisar una obra completa, por más simple que ésta sea, se asemeja a las mezclas con levadura; requiere reiterados amases y tiempos de reposo. Y como leerse a uno mismo en forma reiterada  resulta tóxico, debía pedir ayuda en forma urgente.
Fue así que, en mi desesperación, acudí al museo del ciberespacio y armé una cadena de mails solicitando ayuda, en la que pedía con súplicas, correctores literarios dispuestos a dar una mano. Hoy, ya más calmado, entiendo que en un ataque de Nora, uno echa mano a recursos que no  arrojaría estando en sus cabales. Pero de ningún modo me arrepiento, porque, gracias a ese ataque repentino, me animé por primera vez a tender redes.
Y pesqué, claro que pesqué.  
Las respuestas fueron llegando de inmediato. Amigos, compañeros, colegas y parientes que, desinteresadamente, ofrecían sus ojos, su buen criterio, su profesión y su tiempo, para ayudarme.
Nadie quiso saber motivos, ni preguntó para qué. Sólo me escribían un YO rotundo; Yo puedo, yo me dedico a eso, yo te ayudo, yo te recomiendo a…
Y en la humildad de mi yo, el impluvio dejó correr agua.
No sabía a quién elegir y me daba pena rechazar las ofertas que tan generosas acudían en mi rescate. Entonces los convoqué a todos. Me senté frente al borrador, lo dividí en unas cuantas partes y los dejé viajar por el mundo para depositarlos en buenas manos.
La ansiedad y los nervios se intensificaron de inmediato. Los relatos salían de mí para comenzar a buscar su identidad, cosa, que si bien es lógica, me daba miedo y no podía comprender por qué. Pensaba en que algo similar debe experimentar un padre o una madre cuando, soltando la mano de sus hijos, los deja en libertad. Cuesta tanto parirlos y luego, tener que dejarlos ir, así, desnudos para que otro los vista, los maquille y les dé un pedacito de la vida que salieron a buscar.
Y es que no dejaba de ser un simple borrador, mugriento y sucio, que necesitaba urgente un buen aseo. Me di cuenta de ello una vez que los había enviado. Por eso el terror. Reparar de sopetón en qué, toda esa gente culta, formada en letras o en comunicación social, profesionales de la palabra que seguramente esperaban leer algo coherente, se enfrentarían a tamaña irreverencia, no dejaba de ser un despropósito. Seguramente, se sentirían estafados por no haber sido advertidos, que más que ojos, deberían arremangarse los pantalones y ponerse a barrer, rastrillar, podar y por qué no, enjabonar las letras de alguien que tenía la osadía y el desparpajo de ponerse a escribir una serie magistral de incoherencias.
De todas formas, ese estado de oscuridad duró poco. Comenzaron a llegar las correcciones y con ellas, los elogios y las palabras de aliento. Sentía que la misión se cumplía, no sé si por la escritura en sí, más bien por el sentimiento generado. A todos los divertía, los hacía reír, y los animaba a seguir leyéndome.
Volver sobre los textos, luego de su primer desfile, fue una experiencia conmovedora. Me tocaba el reto de volver  a vestirlos, una, dos y muchas veces más. Les probaba otras comas y les calzaba sinónimos, para evitar la reiteración y la cacofonía. Y así, en una seguidilla de días intensos como el aroma del café, fue cobrando forma el libro que acabé de enviar, para su evaluación, a la editorial.
Ahora, más descansado y tranquilo, me detengo unos minutos acá para agradecer la emoción que siento por tanta maravilla expresada en gestos y palabras bonitas. Por la ayuda brindada en la limpieza del terreno. Por la generosidad encontrada, en la mayoría de los casos, de la mano de amigos que solo conozco a través del puente de la palabra.
Si bien no me detendré a nombrarlos uno por uno, quiero que sepan que todos forman parte de mi querencia, y si necesitan ayuda, no duden en pedirla, porque sabré darla, siempre en la medida de mis competencias.
No tengo certezas, pero no es mi preocupación. La alegría radica en la finalización del proyecto, y el libro, por más que hoy no se edite, ya es una misión cumplida y compartida; un logro de todos los que, de alguna u otra forma, dieron una mano.

De todas formas, volveré a tirar las monedas; en una de esas, chi lo sá… forse, solo il vento!!!.

sábado, 25 de mayo de 2013

Monedas en el aire...

Introvertido por naturaleza y silencioso por elección,  así transcurro mi cotidiano andar.
Sin detenerme a dar explicaciones ni mucho menos soltar la emoción pronunciando palabras con mi boca, me refugio en la palabra escrita para permitirme el privilegio de sentir.
Los motivos de mi desvelo son una mezcla rara de emociones contrapuestas. Tratar de explicarlo sería algo tan ilógico como buscarle explicación a mi rechazo temprano por los boliches bailables, sitios en los que jamás supe encontrar un sólo motivo de diversión, sin por eso dejar de considerarlo un lugar donde la diversión ocurre; de hecho hay gente muy querida y cercana que la encuentra, y a toneladas.
Intentar explicar mi deambular despierto y a oscuras por la casa cuando las personas normales duermen, sería como encontrar la respuesta a mi rechazo por los portaretratos. No se trata de que no me gusten las fotos, solo que no veo decorativo o placentero ver fotos colgadas por las paredes o encajadas entre cuatro maderitas; simplemente prefiero atesorar ese momento en sensaciones más que en tiempo agotado o desgastado por el transcurrir de la vida.
Sin embargo acontecen los motivos, se derrumban sobre mis ojos y se acumulan bajo la piel. Así y todo, me resguardo y repliego, aburriendome en reuniones sociales, negándome a consumir cualquier tipo de sustancia tóxica por el simple motivo de no quedar a la merced de gobernantes anárquicos que harían de mí lo que no soy ni seré.
Desvelarme me provoca angustia y más sabiendo que los días por venir necesito lucidez, una que se logra con descanso y calma.
Intentaré con tilo mientras arrojo las monedas al aire y esperaré a que tal vez el sueño se arrime y la ansiedad baje la temleratura hasta el cero absoluto.

lunes, 20 de mayo de 2013

Letras del face, un comienzo.

PRÓLOGO 

Resulta tentador buscar un término en nuestro vocabulario capaz de abarcar el entusiasmo que provoca  internarse en el cosmos cibernético para acercarse a un trabajo literario. Se me antoja rondar los sinónimos de aventura. Quizá, por la inquietud de percibir qué late  detrás de esa ola de letras que navega desde desconocidos universos.
En  épocas en que pareciera asistirse a la agonía, al último estertor del libro frente a diversos medios de comunicación masiva, la respuesta desde cientos de escenarios  a participar de una edición impresa, testifica la honda necesidad de permanecer, de testimoniar, de explorar y ser explorado.  De escribir y ser leído.
Desde el primer momento quedó claro que la original propuesta avalaba altura literaria, el significativo peso de la palabra y reafirmaba al libro como símbolo que  vive y sobrevive a todos los cambios, a todas las tendencias.
A partir del “canto a las pinturas” en boca de sacerdotisas, juglares, maestros; representado en manos de santos y seres angélicos, de pensadores, de filósofos,  el libro ha formado parte de la mística, en el verdadero sentido del término, y atesora en su misterio un perfume que se eleva más allá de nuestra finitud. 
Camine el lector pues, al encuentro de esa trascendencia, cruce silencios, aborde cuestionamientos, intérnese en las contiendas íntimas, amores y desamores que discurren a la par por la vida. Y disfrute la aventura de un viaje irrepetible junto a cientos de talentosos autores que, batidos por vientos de desafíos, desconocen la apatía, le escapan a la mediocridad, remontan la memoria y, enraizados, talan su madera más entrañable para dar frutos, flores y sombra.
                                                                                            
                                                                             Marita Rodríguez-Cazaux

ATENCIÓN: si desean conseguir un ejemplar, sigan las instrucciones:

Desde el lunes 20 de Mayo, de 9 a 18 hs contactarse telefónicamente con la Editorial Dunken al (11)4954-7700 para consultar por stock, y en caso afirmativo arreglar si es posible un envío por ese mismo medio. También pueden comunicarse por mail a ventas@dunken.com.ar. Horario de atención de lunes a viernes de 9 a 18 hs.

Ya saben, no hay excusa para no tener tu ejemplar de "letras del face"

jueves, 16 de mayo de 2013

En retrospectiva, Vol. 2 "Letras del Face"

Este año, como en algunos anteriores, me tocó ser parte de una de las 1.120.000 personasque visitaron la Feria Internacional del Libro en la ciudad de Buenos Aires.
Dicen por ahí, que es la feria de habla hispana que más visitantes recibe en el transcurso de sus tres semanas de permanencia. No puedo asegurarlo porque jamás he visitado otra, al menos no en otros países, pero por la fama internacional que ha adquirido en estos últimos años, algo debe haber de cierto.
Maravilla su despliegue y el arte con el que, año tras año, editoriales y libreros, se esmeran para el armado de los stands y puestos de venta. 45.000 metros cuadrados repletos de estantes con libros, cada quien con su cada cual, habitando su casa y entreabriendo sus puertas y ventanas para que los visitantes se sumerjan en ellos y atesoren desde magia hasta cruentas realidades.
Literalmente una ciudad de libros, hermosa, radiante, luminosa y ostentosa. Sólo hace falta conocer el nombre del libro y su editorial, buscar el número de puesto en el mapa y dirigirse allí sin más. Entrar, observar, tomar los libros, ojearlos, leerlos, buscar el de interés y algún otro que nos guiñó el grafema al pasar y dirigirnos a la caja en donde, en general, uno obtiene abundantes descuentos.
Si los libros son puentes, como rezaba el lema de este año, los feriantes y visitantes nos convertimos en peregrinos de la palabra. Es llamativo que dentro de un mundo cada vez más globalizado, en donde la virtualidad invade todos los rincones de la intimidad, aún siga siendo la palabra escrita sobre papel un universo vasto que permite el encuentro entre un lector y el escriba. En cada encuentro se teje un puente y es caminando a través suyo que facilitamos el encuentro. Un encuentro con nosotros mismos, con lo imaginado, con lo soñado, con esa totalidad de mundos a la que ingresamos para completar el microcosmos en el que vivimos. Al leer, fracturamos la monotonía de la cotidianeidad y tenemos la posibilidad de engendrar nuevas maneras de afrontar la vida y emprender caminos que quizá jamás hubiéramos imaginado. En un libro, el escritor nos propone un puente para que lo dejemos ingresar a nuestra realidad y le demos la posibilidad de que encienda una luz, o varias, como lo hace Cortázar cada vez que nos invita a tirar la piedra para llegar al cielo.
Este año, como bien comencé escribiendo, me tocó ser parte de todo ese mundo de gente que convoca la feria del libro, pero ya no sólo como lector, sino como autor. Si bien soy bastante reacio a la exposición pública y a la veta comercial que imprime el alma de estos eventos, me entusiasmó la idea de vivenciar la feria desde el otro lado, uno que ni siquiera supe imaginar cuando la caminé por primera vez. Debo reconocer que me sentí muy a gusto y que me agradó formar parte del evento, como así también de la selección por parte de la editorial Dunken, a cuyo personal, sobre todo a Marita, les estoy profundamente agradecido.
Resulta paradójico que, siendo yo uno de los tantos lectores que habitan el mundo; que ama profundamente los libros a tal punto, como bien cuenta un amigo, de considerarlos mis amigos, me resulte un trauma kafkiano visitar la feria. Y es que recorrer y leer se torna un tanto claustrofóbico cuando miles de personas se atoran en los pasillos y se chocan sin parar unas con otras. Es una experiencia asfixiante que genera en mí, un raudo alejamiento. Y así fue, porque ni bien culminó el acto de presentación del libro, y aún estando en conocimiento de que Luis Pescetti, Mario Pergolini y la negra Vernaci eran puntos de encuentro significativos dentro del programa de la feria, preferí alejarme a un bar en compañía de quien fuera alumna y hoy una querida amiga; una pequeña y talentosa estudiante de diseño de indumentaria que insistió en acompañarme por entender el profundo amor que en mí, despierta el mundo literario. Con Iciar, a quien agradezco enormemente el regalo de su compañía, nos escabullimos para merendar con limonada y contarnos anécdotas por demás auspiciosas.
Por ese rechazo a las multitudes, procuré entonces llegar temprano. Así y todo, ya había cinco cuadras de cola con gente que esperaba ansiosa la apertura. Recorrí los pabellones uno a uno, ingresé en cuanta editorial se me antojó y compré los libros que deseaba y sobre los cuales existía precio promocional. Cuando el delirio de la gente se tornó imposible, me encaminé hacia la sala Victoria Ocampo, en la que, junto a otros autores, seríamos por primera vez homenajeados en forma pública.
La conferencia fue simple, sincera y muy emotiva. Estuvo a cargo de Ricardo Tejerina y de la compiladora de los relatos, la escritora Marita Rodriguez Cazaux. Ambos muy bien acompañados por la joven coordinadora del proyecto, Sabrina Vega.
Hablaron puntualmente de los motivos por los cuales lanzaron a una de las más grandes redes sociales del mundo, el experimento Dunken. Ellos buscaban constatar que, a pesar de la virtualidad, dejar una impronta sobre papel seguía siendo una necesidad ancestral y humana. Lo consiguieron, más de 600 participantes de diversos países del mundo formaron parte de la experiencia que se lanzó en forma pública en el muro de la página de Facebook de la propia editorial. De allí, sólo 150 escritos formaron parte de la evidencia de que la hipótesis central del experimento quedaba completamente validada, dando origen a un libro, que no solo es el resultado material de la convocatoria, sino que también se convirtió en un punto de reunión de escritores inéditos y nos abrió las puertas para que también nosotros, tendamos un puente a la imaginación.
En todo momento nos trataron como autores, remarcando nuestra evidente cualidad lectora, de la cual, varios dudamos. Nunca se es del todo el lector que uno quisiera y nunca alcanza la lectura en la vorágine que lo escrito imprime a diario. Sin embargo, lo aceptamos y creo que no por vanidad, tal vez por el placer que genera el reconocimiento que siempre, aunque parezca que no, es necesario.
Cuando iba promediando la conferencia, algunos escritores fueron invitados a leer parte de sus escritos y contaron brevemente los motivos que los impulsan a escribir. Así, entre entusiasmo y acercamiento, asistimos a un convite de palabras que de alguna manera acompañaban a las de cada uno de los integrantes de ese primer volumen de la colección.
Cada uno recibió su merecido saludo y un ejemplar de “letras del Face” al terminar la ceremonia. Algunos agradecieron en forma oral y espontánea, otros, preferimos el silencio y la posterior descarga verborragia en escritura, como yo, que hoy, a varios días del evento, me siento a teclear en mi pequeña netbook la emoción de otro sueño cumplido.
Los libros siempre serán esas múltiples vidas que no viviremos, pero que sin duda, sentiremos como vividas y quedaran atesoradas en nuestros recuerdos, ensanchando la imaginación, permitiéndonos atravesar las fronteras de los lugares que quizá jamás conozcamos y que tal vez sea mucho más pleno imaginar.
Ojalá este pequeño puente que entretejen las palabras de estos relatos y poemas, lleguen a tu encuentro y te entusiasmen para que juntos, hagamos posible lo imposible.

lunes, 13 de mayo de 2013

En retrospectiva Vol. 1

La escuché por primera vez en Bahía Blanca y quedé enamorado de su voz.  Estaba recién llegada de su Lima natal y andaba recorriendo América Latina derribando trincheras con su guitarra y su canto. La Tana Galassi le hizo un lugarcito -que poco tiempo después se repitió- en El Peladero; centro cultural que creó y dirige desde hace varios años, un sitio que hace del arte, un instrumento de resistencia social y cultural.
Recuerdo que era invierno y no había escuchado jamás a Miryam Quiñones. De amor y de Trova, llevaba por título su concierto. Eso despertó mi curiosidad y no dudé en asistir. Nunca me arrepentí de haberlo hecho.
Cuando Miryam canta, destila dulzura, compromiso y sobre todo, una férrea declaración de principios, lo que volvió a demostrar con creces en la presentación de su último CD en el Teatro del Viejo Mercado, un espacio artístico y cultural situado en pleno corazón del barrio porteño del Abasto.
Su nuevo trabajo cuenta con la presencia de grandes y admirados artistas del canto nuevo. Tuvo la dicha de grabar "El Necio" con el propio Silvio Rodríguez y "Con el alma en vilo" acompañada de su autora, la gran Teresa Parodi. Este último tema es el que resume la esencia del disco y el que le da su nombre. Y es que no sólo sintetiza una idea, también la concreta y la materializa en quien se acerca a escucharla, porque al hacerlo, se producen ciertas y refinadas conexiones que provocan un desborde contagioso de emoción y pasión.
Compañeros sabios de esas férreas y determinadas canciones son, "Parao" de Rubén Blades, "Barro tal vez" del flaco Spinetta, "Al otro lado del río" de Jorge Drexler y "Créeme" de Vicente Feliú, entre otras.
Miryam llegó al escenario sola, como siempre, pero esta vez el aire circundante estaba interrumpido por una batería de instrumentos que fueron poco a poco emparejándose con músicos brillantes que hoy por hoy la acompañan, no sólo en los conciertos, sino también en su disco.
"Canta" de Marta Gómez le dio luz al concierto. Apertura del disco, poesía que canta sobre la canción misma y su sentir, sobre sus raíces profundas vinculadas estrechamente con lo mamilar y las emociones.
Y por esas perlitas que tiene la noche porteña, cuando llegó el momento de cantar "Qué bonito", un tema precioso de Alberto Rojo, fuimos sorprendidos por la presencia del propio Alberto que, habiendo concluido un concierto de guitarra y canto en otro centro cultural, se había llegado hasta el viejo mercado para acompañar a Miryam en su debut. Entre todos los escuchas, hicimos coro y no dejamos de aplaudir para que Alberto la acompañe con la guitarra. No se resistió demasiado, luego de vacilar medio segundo, se había subido al escenario y, guitarra en mano, sin ensayo previo, tocó su propia canción para que Miryam nos deleitara con la poesía hecha voz.
Una batalla cantada, una guerra sonante, una luz y una esperanza. 

TAREA (para quien guste): googlear todas las canciones, autores, y personas nombradas en esta nota, incluso a la propia Miryam. No se olviden de Alberto Rojo (para que los condene la curiosidad les comento que acaba de publicar un libro que lleva un título de por más sugerente: "Borges y la física cuántica" que obviamente ya reposa en mi escritorio para ser leído en breve)



Sebastián   

  
"Tú eres yo y yo soy tú...

Tú cultivas la flor que hay en ti para que yo sea hermoso.

Yo transformo la basura que hay en mí para que no tengas que sufrir.

Yo te apoyo y tú me apoyas.

Estoy en este mundo para darte paz; 

tú estás en este mundo para darme alegría."

Tic Nhat Hahn.