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sábado, 25 de mayo de 2013

Monedas en el aire...

Introvertido por naturaleza y silencioso por elección,  así transcurro mi cotidiano andar.
Sin detenerme a dar explicaciones ni mucho menos soltar la emoción pronunciando palabras con mi boca, me refugio en la palabra escrita para permitirme el privilegio de sentir.
Los motivos de mi desvelo son una mezcla rara de emociones contrapuestas. Tratar de explicarlo sería algo tan ilógico como buscarle explicación a mi rechazo temprano por los boliches bailables, sitios en los que jamás supe encontrar un sólo motivo de diversión, sin por eso dejar de considerarlo un lugar donde la diversión ocurre; de hecho hay gente muy querida y cercana que la encuentra, y a toneladas.
Intentar explicar mi deambular despierto y a oscuras por la casa cuando las personas normales duermen, sería como encontrar la respuesta a mi rechazo por los portaretratos. No se trata de que no me gusten las fotos, solo que no veo decorativo o placentero ver fotos colgadas por las paredes o encajadas entre cuatro maderitas; simplemente prefiero atesorar ese momento en sensaciones más que en tiempo agotado o desgastado por el transcurrir de la vida.
Sin embargo acontecen los motivos, se derrumban sobre mis ojos y se acumulan bajo la piel. Así y todo, me resguardo y repliego, aburriendome en reuniones sociales, negándome a consumir cualquier tipo de sustancia tóxica por el simple motivo de no quedar a la merced de gobernantes anárquicos que harían de mí lo que no soy ni seré.
Desvelarme me provoca angustia y más sabiendo que los días por venir necesito lucidez, una que se logra con descanso y calma.
Intentaré con tilo mientras arrojo las monedas al aire y esperaré a que tal vez el sueño se arrime y la ansiedad baje la temleratura hasta el cero absoluto.

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