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lunes, 5 de agosto de 2013

Gorrear

Aquel frío invierno del 2012, recorriendo la Patagonia argentina en una deteriorada Hunter gris, Scott convenció a sus amigos Wilson y Bowers de continuar viaje hasta el fin del mundo con la garantía de que al llegar, encontrarían una fuente de calor.
Le urgía conseguir una antiquísima bebida espirituosa, que a modo de cebo, utilizó para engañar a sus compañeros de travesía. 
En un pasado remoto, le había prometido a su mujer las nieves eternas para que realizara la escultura con la que inauguraría una nueva era de arte efímero. Él nunca pudo entregárselas porque quedo sepultado bajo el manto blanco de las mismas, y ella, quien nunca le perdonó la falta, ni  haberle robado el protagonismo, en un arrebato de ira, se suicidó.
Tras los influjos de una danza coreografiada por la incondicional Isadora Duncan, y bajo  la estricta supervisión de Aleister Crowley, ella, bebiendo a sorbos lentos un vino sagrado que condensaba en sus vapores algunos de los preceptos fundamentales de la doctrina filosófica del Thelema, salió de este mundo por la puerta trasera del Samsara, evitando así, posibles reencuentros con su marido.

—La única posibilidad de reencontrarla —dijo finalmente Isadora al capitán Scott, luego que éste la mantuviera atada al giroscopio un buen rato— está escondida en los elixires de un 'Cosecha de Mayo', dentro de una barrica de roble —y casi a punto de vomitar, exclamó en un hilo de voz— en el interior de una bodega Neuquina. 

Si años atrás habían sido capaces de soportar el aire gélido a los noventa grados de latitud sur durante aproximadamente un mes,  podían, con soltura, llevar adelante aquel desafío. 
Con los pies y el resto de los miembros entumecidos, tuvieron que hacer un alto porque el indicador de la temperatura del motor estaba llegando al máximo. Al darse cuenta que el radiador enviaba el agua con presión hacia los lugares de escape más rápidos, fue prudente armarse de paciencia y aceptar que se demorarían un par de días en llegar a destino.
Cuando arribaron a la bodega, mientras Wilson y Bowers realizaban la visita preguntando al guía por toda clase de detalles referidos a la fabricación del vino, como si se tratase de auténticos sommeliers, Scott se escabulló entre las barricas para revisarlas una por una. Exhausto y un tanto ebrio por haber inhalado gran cantidad de alcohol, notó que en el interior de uno de los últimos toneles había una bandera noruega.
Era evidente que en la carrera, su destino era siempre salir segundo.
Mientras ellos emprendían el regreso, fracasados y derrotados, un tal Amundsen, guiado por su amigo Crowley, descorchaba la única botella del 'Semillón Tardío' en los brazos de Kathleen Scott, a quien siempre había pretendido.    

7 comentarios:

  1. "salió de este mundo por la puerta trasera del Samsara, evitando así, posibles reencuentros con su marido".

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  2. Igual no es necesario esperar a la otra vida jajajaja besos

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  3. Yo sin pensarlo me iba con el Scott, el Wilson y el Bowers a la hermosa Patagonia. Si además están monos, pues eso ya es un plus+.

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