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lunes, 19 de agosto de 2013

Lectura silenciosa

Micah Albert

La semana amanece, y con ella, el rezongo típico del lunes, el deseo inmenso de abrazar la almohada un rato más, los primeros estruendos callejeros, las bocinas, los chicos que entran al colegio, los laburantes que cruzan la plaza esquivando a los muchachos ebrios de noche y sedientos de amor, los escaparates que poco a poco se van armando y en los que, algunos vendedores exponen su mercadería, lustrosa, brillante, traslúcida de lata y cartón.
Una mujer de apenas 38 años, que ha debitado otros tantos en simultáneo, arma su puestito de venta a unos metros del edificio en el que vivo. Es lo poco que le quedó en herencia de un matrimonio factual recientemente terminado; eso, sus dos hijos y algunos cuantos libros que atesora en una caja de cartón, escondida y al reparo bajo la mesa de sus cacharros.
Tras su mostrador, diariamente ofrece todo tipo de objetos, desde pelotas de goma con lucecitas multicolor, dignas de cualquier árbol navideño,  hasta medias rayadas que llevan el logo de Caro Cuore  estampado en un costado, simulando a las verdaderas.
Como todos los vendedores que habitan la cuadra, revela su oferta temprano en la mañana, y no se va hasta que el último negocio apaga las luces de sus marquesinas.
Germán, su hijo mayor, le da una mano, sobre todo por la tarde, cuando ella asiste a la escuela de adultos en la que se anotó el año pasado con la férrea convicción de terminar el secundario. Pequeños deseos adolescentes que fueron robados por un padre alcohólico y autoritario, reiteradas violaciones, y un escape matrimonial que solo firmó con moretones y golpes de todo tipo.
A ella también la insultan, como a los demás, pero ella baja la mirada y observa a su hija de dos años que descansa en el chango, arrullada con la canción de cuna del gentío, los pasos y el rugir de los motores de los autos. Viéndola allí, indefensa y serena, desgrana la fuerza de los días por venir, y recarga las pilas del presente para estamparse la mejor sonrisa y vender lo más posible.
Los precios suben día a día y a ella cada vez le cuesta más comprar la leche y el pan.
Menos mal que Germán la ayuda, eso sí, cuando sale del colegio, porque si hay algo en lo que su madre siempre insiste es en el estudio, que para ser alguien en la vida hay que estar preparado, y que la calle enseña a vivir pero no educa.
Mientras hace lo imposible por vender un burbujero,  dejando flotar en el aire pequeñas pompas que brillan como un vaso recién lavado, y que se estrellan derramando su esencia sobre los trajes y los sacos de la gente que camina por allí, la insultan y se la llevan por delante, sobre todo hoy, que llueve a cántaros y que tuvo que apurarse a juntar todo, tapándolo bajo una lona plástica mientras corría su banqueta y la colocaba bajo un toldo cercano.
Cualquiera le grita obscenidades y se la lleva por delante, sin distinción de género, edad o posición social.
Todos, al ver su paso entorpecido por el reducido grosor de la arteria peatonal, queriendo emular a los fluidos en esa vorágine que parece llevarlos a tiempo a todos lados, la pisan, la chocan y hasta a veces, le tiran “sin querer” su tablón de venta.
Ella, con resignación, vuelve a poner todo en su lugar, y aprovechando que la nena duerme, que German está en la escuela y que con la lluvia la gente no se detiene a comprar, deja de jugar para vender, abre la caja que está bajo la mesa y saca uno de los libros. Se acomoda al reparo, sobre un costado del tablón, desde donde prosigue la lectura que la viene entusiasmando desde hace un par de días.
Mientras los demás vendedores conversan, escuchan cumbia o comen choripán, ella lee.
Lee las novelas que le recomendó la profesora de literatura, con las que seguramente deberá hacer alguna monografía.
Lee y recuerda con una sonrisa cuando confundió al Barroco con un señor que calzaba botas de taco, sombrero castor de ala ancha, calzas y  que cubría su espalda con una capa redonda.
Lee y suspira.
Lee y sus pupilas se dilatan.
Lee y seguramente sueña.
Lee, y su vida trasciende el paisaje cotidiano para vivir en los lugares que quizá nunca conozca, acompañada de personajes que hacen de su novela diaria una fiesta y un brindis.
La veo sumergida en esas páginas y no dejo de asombrarme.
Así haga frío o el sol le derrita la cabeza; con un viento huracanado como los que suelen poblar la ciudad o con la lluvia que se acaba de largar, ella, entre venta y venta, mientras tiene algunos minutos libres, se reclina en su banqueta y lee, sin perder el hilo de la historia, sin alejarse por un momento de esos personajes que seguramente habita y encarna, sumida a pleno sobre mundos paralelos en los que, siendo dueña de sí misma y con una determinación locuaz, se pone de pié, levanta su rostro desvanecido por las inclemencias de la vida y mirando a los ojos a cada uno de sus potenciales clientes, los insulta, los choca, los escupe y  los va poniendo poco a poco en el lugar que corresponde, mientras que con su  mejor sonrisa les vende una pelotita que rebota destellando luces, o un par de medias truchas que simulan ser las verdaderas; todo para pagar un sueño, para que  sus hijos se alejen de esa rutina, de esas veredas, de aquellas calles.  

30 comentarios:

  1. Precioso y triste, muy triste. Dan tantas ganas de correr hacia esa mujer y darle cobijo. Una barita mágica que ponga la realidad donde nunca debió de dejar de estar porque, lo otro, no es realidad, por muy verdad que sea, es solo una pesadilla cruel.

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    1. Es muy triste, es cierto, pero verla leyendo sus libros, es además de una alegría, una esperanza... Una forma de resistir.

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  2. Barita, no, varita, maldito corrector

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  3. Me parece verla al pasar, con el banquito y su bebe a su lado, las piernas cruzadas, en una mano su libro amarillento y en la otro una manzana a medio comer...

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    1. Es cierto, me recordaste el detalle de la manzana. Otra hija de Eva, sin lugar a dudas.

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  4. Que lindo seba, es triste pero hermoso.. soy nerii ya te aviso q entraste en mi rutina de lunes ;)

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  5. la descripcion es tan minuciosa, que la figura protagónica queda fija, indeleble, en la memoria del lector.
    Historia reconocible. Tantas mujeres diariamente batallan por la ssupervivencia a toda costa. Tantas tratando de salvar sus críos.
    A ésta la distingue ese destello de luz que le permite elevarse sobre la miseria y saltear hastío y desesperación: un libro.
    Hay esperanza para ella y para nosotros, los que queremos seguir recordándola pero con una sonrisa de ilusión.

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    1. Así es Marion, por más que la sociedad avance, los derechos humanos se siguen violando, a veces de forma más sutil, y por ello, más violento. Gracias por tus palabras y por tu visita.

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  6. ¡Ay Sebas! no sé si es el día que me tocó, la música que tengo de fondo y que me eriza la piel, los vacíos, las ganas de abrazar a esta mujer, la precisión con que colocas cada letra o la maldita realidad (como dice Ratoncito) que se fue a la mierda y nos está dejando precisamente allí: en la mierda o todo eso junto...pero has tocado fibras que me hacen pensar en las semejanzas que comparte esta mujer con tantas que veo a diario. La lucha, la garra, el no conformarse . Eso es lo que más les admiro.
    Gracias por esa imagen tan preciosa que observé mientras te leía. Esas pompas de jabón que vuelan hacia direcciones opuestas pero que son guiadas por el mismo deseo.
    ¡Los libros! ¡como brisas! ¡ sacándonos de los infiernos!
    Gracias por tus letras.

    Pd. Lo único que me encantaría que me explicaras es por qué la insultan. Perdón, no me queda claro. Aquí en Guatemala, al menos, es muy común ver a vendedores ambulantes o vendedores en las aceras que si bien la pasan muchas veces mal, no son insultados por la labor que realizan. Bueno, cuando puedas me cuentas.

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    1. Ay Dali ¡qué decirte! gracias por tu lectura y tu emoción.
      Con respecto a tu pregunta, acertada por cierto, y mucho, puedo asegurarte que hay algún que otro insulto explícito, escuchado al pasar, pero sobre todo, me refiero a los implícitos, a lo que anida en la mente y que trasciende la mirada. Mi intención fue hacerlo evidente, darle vida, para realzar el dramatismo de la situación, para generar conciencia...

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  7. Muy buen retrato descriptivo, Sebita. Algo triste. Besos.

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    1. Gracias Normi. Sí, es triste, pero esperanzador. Al menos yo creo en la esperanza que otorga la resistencia cultural y educativa.

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  8. Derramé una lagrimita con este buenísimo relato

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    1. Parece que es más rebtable la lágrima... jajajaja (lo digo por la cantidad de comentatios que generó este post)

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    2. Rentable* (maldito teclado mierda android jajaja)

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  9. ¡Triste pero esperanzador!
    La descripción es tan vívida que se ve a esta mujer, se la siente. Me dan ganas de cruzar la calle y comprarle esas medias de imitación, simple excusa para acercarme a ella.

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  10. Como te había escrito en el mail:
    Ahhhhhh... qué lindo/dulce/triste/doloroso/emocionante/bello/triste/lindo...
    Sacude todas las fibras a la vez: tristeza, esperanza, compasión...
    Brillante!!!!
    Besote

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