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lunes, 16 de septiembre de 2013

Oxímoron

Habiendo adquirido prontamente el arte de la declamación, y utilizando a su favor las virtudes de la oratoria, la directora del establecimiento escolar no perdía oportunidad para inocular en la comunidad educativa el virus del buen ciudadano. Por tal motivo, a nadie sorprendió cuando durante el acto por los festejos del día del profesor, su discurso intentara contagiar entusiasmo en el respeto por las pautas de convivencia, en pos de la importancia que cada ser humano tiene en el ámbito de la participación política de un país.
Enseñantes y aprendientes estaban atónitos e hipnotizados, no tanto por las palabras que atravesaban su boca, que siempre eran demasiadas y terminaban dando vueltas sobre un mismo tópico, como si se tratase del sueño de Kekulé; más bien les llamaba la atención el equipaje.
Es que aquella tarde, además de su retórica explícita y su discurso monologado, traía consigo dos valijas.
Los pensamientos de todos los presentes temían lo peor: fotocopias con textos para leer y preguntas para responder. Encuestas anónimas en la que de todas formas había que poner nombre, apellido, documento, curso, huella dactilar, color preferido de bombacha y calzoncillo según la preferencia de la dama o el caballero. O tal vez traía los códigos de la ley en los que se hacía referencia explícita a que los teléfonos celulares no necesitaban aprender, y por ende, no era necesaria su permanencia en la escuela.  
Convidaba al auditorio un montón de palabras bonitas, hablando de responsabilidades compartidas, e insistía puntualmente en el hecho de que la mejor lucha contra una institución tan perversa como la educativa, era la de no abandonar el aula bajo ninguna circunstancia, porque el fin último de todo docente radica en la realización de sus alumnos como hombres de bien, para que su vida sea más digna.
Al finalizar su intervención, y mientras comenzaba la estudiantina organizada por los propios alumnos, ella volvió a sujetar sus valijas, hizo un llamado con el celular, y se retiró.
El suspiro de alivio retumbó en aquel salón como si se tratase del grito de gol en un partido de River-Boca.  El festejo comenzó de inmediato y todos se dispusieron a bailar, conversar, y sacar fotos, que algunos, movidos por la euforia de la fiesta, automáticamente posteaban en sus muros de Facebook.
Cuando apareció el comentario de la directora bajo una de las imágenes, a varios se les desdibujó la sonrisa. Entre aquel mensaje y el 1984 de George Orwell no había ninguna diferencia.
‘En lugar de festejar tanto, respondan las 150 preguntas que posteé en el grupo de Face, ¡o estuve hablando dos horas para nada yo!’ – Enviado desde el móvil, zona Aeropuerto Comandante Espora, Bahía Blanca.
Al volver, un mes más tarde, la directora mostraba con alegría las fotos de París a todos los integrantes de la comunidad educativa, quienes movidos por el sentir democrático que reinaba en el discurso de aquella gestión, comenzaron a pedir permisos especiales para visitar un pariente lejano, asistir a los actos escolares de hijos pequeños, participar en congresos educativos, o simplemente acompañar la lucha de los maestros por las calles de la ciudad.
Claro, que todo tenía un protocolo. La vía legal era la diplomacia, dejando por escrito vida y obra del solicitante.
Luego, sin soltar las valijas, ni el celular, ni la tablet, ni la correa con la que paseaba al cachorro pekinés que tenía de mascota, ella pronunciaba un no rotundo, y se tomaba más tarde otro vuelo a Italia, al Caribe o a Cuba, siguiendo los vértices de la tríada didáctica: spa, millas acumuladas y promociones vigentes en la tarjeta de crédito.

12 comentarios:

  1. Si todos somos el grano en el culo de alguien alguna vez... y sabes que, mas alla de esta historia, y de esta directora del orto, yo siento que alguna vez necesite decir: aca estoy che, y toma para que tengas!.. y chau!!...
    Porque alguna vez, se necesita hacer algo diferente... y tomar la decisión de ser el grano o el dedo.... no es nada fácil, pero que bien se siente de mandar bien a la mierda a aquel que se lo re merece, y que por miedo, por convicción o inacción, nunca nadie lo hizo..
    :)

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