Material exclusivo para utilizar en el baño

martes, 3 de diciembre de 2013

Parte de lo imprescindible

Ingiero dosis cotidianas de lo imprescindible en proporciones equivalentes a tu sonrisa, tu piel por las mañanas, y tus ojos que transmutan el dolor en un suave aroma de almendras.  
Cuando la semana amanece y tus dedos se despiden de las sábanas rozando mi cuerpo, el lunes deja de ser el escabio de la semana.  Se extiende al martes, en el momento exacto que tu boca encuentra ese hueco, ahora engrosado de la ingle, para hincar un mordisco que me despierta a cosquillas de saltamonte. Continúa el miércoles, al conquistar juntos el placer de la siesta y su fértil simiente. Como nuevos brotes, rompe la rutina del jueves,  con el sabor de la cena, que realza la mesa y la calidez del brillo en tus ojos, ese que desnuda la esencialidad alejada de las piedras preciosas. El viernes, amanece como anuncio de verano, cuando al abrir la puerta, el perfume me cuenta que anduviste sacudiendo mugre, y el orden te deschava en los rezongos y puteadas por todo el Kosovo de papeles y de migas que fui acumulando en la semana. Madura con el sábado, al planificar su noche, con mi cansancio acumulado que convierte mi ánimo en intermitentes luces navideñas, con ese binarismo de respuestas que logran ponerte de mal humor sin siquiera proponérmelo, leudando tu impaciencia y descontento. Y alcanza hasta el domingo, cuando al despertar con los pies sembrando tus surcos, mis besos acarician tu piel, mis dedos se entretienen en tus protuberancias y cavidades, erizando la sensibilidad de tus tetillas, hasta escuchar un ‘se armó la gorda’ que tu boca exclama y tu lengua devora con el último mordisco de tostada que da la bienvenida al desayuno.

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