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viernes, 24 de octubre de 2014

ACV (por Eduardo Luis Serralunga)

Arquímedes dijo: denme una palanca y moveré el mundo. Amor es la palanca que por los siglos de los siglos mueve las almas. Amor hay que tener entre otros sentimientos- para recorrer 14.000 km hacia lo desconocido, con esposa e hijas. Coraje fue imprescindible para tamaña travesía, oceánica, heróica. Y no es héroe quien no teme. Vencer el miedo y acometer la epopeya; esa es la clave. Actúo, ergo existo y por mi causa y bajo mi efecto existen los que de mi dependen. Creo en mis fuerzas, creo en los que me rodean, creo en los que me precedieron. Si existe Dios, creo en su asistencia. Voluntad es lo que jamás me ha de faltar, por insalvables que parezcan los obstáculos. Antes viví situaciones similares. Y de todas ellas salí, no sin mella, pero con la dignidad intacta. Cuántas pruebas me faltan aún sobrellevar como ésta. Chi lo sa? Varias veces me mataron, varias veces me morí; sin embargo estoy aquí, resucitando. Apilar ladrillos, ¡más ladrillos! ya no puedo. Calcular columnas para la escuela del cura Stábile, ya lo hice. Vaciar los tanques, trepado a la escalera y limpiar sus fondos, ¿qué importancia tiene? Lo giorno dopo la festa, male le gamme, pegghio la testa [detto marchigiano]. Alguien escribirá, algún día, un libro de las vidas que no figuran en los libros. Célebres serán sus protagonistas. Por orden alfabético, casi al final, se inscribirá un apellido y será el de Ítalo. ¡¡¡Aguante, Virgili!!!

(Mi tío abuelo sufrió en esta semana otro ACV. El tío Eduardo, que bien lo quiere y que hace magia con las palabras, escribió este hermoso texto en donde la maldición se torna virtud, y el arte de la escritura, la mejor arma para cobijarnos del aguacero)

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